Rafael Carvajal

Rafael Carvajal

Poeta y Político Ecuatoriano cuyo nombre completo es Rafael Carvajal Guzmán

Ibarra, 1818 - Lima, 1881


8 Poesías de Rafael Carvajal

Poemas más populares de Rafael Carvajal


Una esperanza

¿Cómo queda, no ves, querida esposa,
la blanca helena que, a tu lado crece,
cuando el riego le falta que le ofrece
tu mano, cada vez más cariñosa?

Inclínase marchita y congojosa
al blando soplo que sus hojas mece,
sus pétalos desgreña, y desparece
del verde tallo que adornó graciosa.

De pena igual tu ausencia lastimera
me llena el corazón y triste, mustia,
mi faz se muestra de dolor transida,

¡Ay! morir cual la flor también debiera,
y si vivo, sólo es porque en mi angustia
la esperanza de verte me da vida.


Poema Una esperanza de Rafael Carvajal con fondo de libro

Gratitud

Oh amistad, santa, divina,
hija del cielo en la tierra,
todo bien en ti se encierra,
todo al bien por ti camina.

Eres tesoro inefable
del corazón y del alma;
por ti el hombre en dulce calma
goza un placer perdurable.

Eres imán de la vida
en este mundo enojoso
eres bálsamo copioso
para un alma dolorida.

Por ti en medio de su angustia
la desgracia enjuga el llanto,
tú mitigas un quebranto
cuando está afligida y mustia.

Por ti la orfandad llorosa
halla una mano propicia,
que dulcemente acaricia
su existencia lastimosa:

Por ti el infeliz cuitado,
en los días de amargura,
halla solaz y ventura
de sus penas olvidado.

Eres destello divino
que a la razón encamina,
y benéfico ilumina
la oscuridad del destino.

Eres fuente saludable
de ternísima fruición,
y contra la vil pasión
santo muro inexpugnable.

Amistad ¡oh don precioso!
de la vida hermoso faro,
por donde voy te reparo
y te acato silencioso.

Por ti mi respeto crece
en esta mansión propicia,
do bienhechora caricia
tu dulce sombra me ofrece.

Aquí libre de la injuria
de injustos perseguidores,
no pruebo los sinsabores
de su maldecida furia:

Tranquilamente respiro
sin que el alma desconfíe:
todo aquí en paz me sonríe,
y aquí por nada suspiro.

¡Silencio!... Mi patria gime
llena de oprobio y cautiva:
¡No habrá quietud mientras viva
el tirano que la oprime!



A Dios

(En el cumpleaños de mi padre)

Verba mea auribus percipe, Domine, intellige clamorem meum.

Salmo 5

Señor, por todas partes mi espíritu te encuentra,
armado de justicia, vestido de poder;
y cuando más se extiende mi vista, se concentra
en mi alma el sentimiento de tu indecible ser.

Te miro en el espacio azul del firmamento
midiendo con tu vista la inmensa eternidad,
de fúlgidas estrellas un trono por asiento
y el sol allá en tu diestra vertiendo claridad.

Te miro en esas nubes que llevan encrespadas
de manto ennegrecido cubierto de capuz,
cuando rugiendo cruzan el éter inflamadas
privándome que mire tu bienhechora luz.

El hórrido estampido que cruza el firmamento,
cuando iracunda viene la negra tempestad,
y el ronco rebramido con que se rasga el viento
me anuncian con su estruendo tu regia majestad.

Te miro en las nevadas pirámides que al cielo
su cúspide levantan con mágico esplendor,
magníficos santuarios que diste a mi suelo
para que rindan culto los Andes a su Autor.

Señor, por donde quiera se vienen a mi mente
también de tus bondades ideas en tropel,
y a cada instante mi alma conoce reverente
las glorias del imperio que codició Luzbel.

Empero más sublime te muestras y glorioso,
admiro enternecido tu santa majestad
cuando de alianza el arco te anuncia misterioso
cual ese Dios inmenso de paz y de bondad.

¡Señor, yo te contemplo! Mi voz agradecida
te eleva esta plegaria al son de mi laúd,
porque te ve guardando la religiosa vida
del hombre a quien inspira tu soplo de virtud.

Ya no del temor santo que inspiras en el mundo
despiertas en mi mente la grande admiración;
un sentimiento sólo de gratitud profundo,
de amor y de esperanza penetra el corazón.

Señor, agradecido mi espíritu te adora,
tu grande providencia conozco y tu bondad,
inmensos beneficios tu mano me atesora
guardando de mi Padre la vida tu piedad.

Si un día dar quisistes a mi alma el sentimiento
de este favor divino que llena el corazón,
justo es que agradecido te rinda el pensamiento
en homenaje humilde sincera adoración.

Concede, Dios, que el aura de tan preciosa vida,
cual suele aquí las flores tu céfiro mecer,
en calma, en dulce calma, del tiempo la corrida
modere, refrescando benéfica tu ser.

Protege ¡oh Dios! sus días, cual padre bondadoso
y un himno de alabanza mi voz entonará,
y el arpa del Profeta con eco misterioso
¡Hosanna! allá en los cielos también repetirá.