Eusebio Blasco

Eusebio Blasco

Poeta, Escritor, Periodista y Dramaturgo Español cuyo nombre completo es Eusebio Blasco Soler

Zaragoza, 28 de abril de 1844 - Madrid, 25 de febrero de 1903


14 Poesías de Eusebio Blasco

Poemas más populares de Eusebio Blasco


Amar y Querer (Dolora)

DOLORA

—¿Por qué lloras, bella Elisa?
¿Quién es causa de tu llanto?
—Mi amante.
—¡Jesús! ¡qué risa!
¿También tu amas?
—Es precisa
esa pasión.
—¡Bah! ¡no tanto!
Yo no he querido jamás
a nadie.
—¿Qué desgraciado!
Pues ¿cómo así?
—Ahí verás.
—¡Ah! ¡corazón no tendrás
si en tu vida no has amado!

—Alto: amar es otra cosa
que querer, Elisa mía.
—¡La salida está graciosa!
¿Que más dá?
—Tu eres dichosa...
Sino, te lo explicaría.

¡Dichosa, y estoy llorando!
Explícate
—Voy allá...
Pero, Elisa, en acabando
le definición, te mando
que no la recuerdes ya.
Querer, es loco deseo;
amar, es pasión profunda:
cualquier loco devaneo
—lo digo como lo creo —
tan sólo en querer se funda.

Amo, dice venturoso
el galán enamorado,
junto a su bella dichoso;
quiero, dice pesaroso
el que va a tomar estado.

Después del amo, la vida
es feliz, se pasa breve,
y todo a gozar convida.
El quiero, al hombre intimida
si a pronunciarlo se atreve.

El amante, por su bella
hace al día mil locuras
siempre guiado por ella.
El esposo arma querella
con sol, con luna y a oscuras.

¡Feliz quien ama y no quiere,
y por no querer se muere,
y por querer pierde vida!
¡Pobre del alma dormida
si por querer se durmiera!

Esta es, Elisa, mi fe,
amar es la verdadera,
querer, rara invención fué;
ninguna mujer hallé
que no quererme quisiera.

—¡Ay, Román!
—¿Qué te ha pasado?
—Con mi amor hoy he reñido
después que me hubo jurado
que ansiaba verse casado
conmigo
—Pues te ha querido.
—Y ¿no me amó?
—No por cierto;
te quiso tan solamente:
y el amor le verás muerto
si te casas.
—Te lo advierto,
¡no me amaba!
—Justamente.

—Pues cesar quiero en mi afán
de hoy más todos me verán,
solo amar.

—¡Jesús! ¡qué risa!
¿Te hizo efecto? ¡Adiós, Elisa!
—¡Ya te entiendo! ¡Adiós, Román!



A Pilar

Cuando la noche su velo
tiende por el horizonte,
y tras el más alto monte
el sol se oculta del cielo.

En un jardín, asaz bellas,
varias y vistosas flores
con sus fragantes olores
embalsaman las estrellas.

En el jardín, como ves,
todo el mundo tiene entrada,
pero no hay que tocar nada
porque gran delito es.

Y en las noches apacibles
ver las flores, no tocarlas,
que aun a veces de mirarlas
resultan cosas terribles.

¡Cuántas blancas azucenas,
tan inocentes y hermosas,
hoy recuerdan pesarosas
aquellas frescas verbenas!

Admirarlas es, acaso,
lo que tan sólo al que va
le permiten, y aun podrá
resultar algún fracaso.

Ahora bien: tú tendrás pena
por saber, Pilar, en donde
tan bello jardín se esconde
y de condición tan buena.

Pues si es que no lo adivinas
—al menos así lo creo —
el jardín es... El paseo
que al presentarte iluminas.

Y las flores delicadas
que embalsaman el ambiente,
las hermosas, que la gente
allí admira enamoradas.

Yo por el jardín pasé,
y la belleza y color
allí admiré de una flor
que en el jardín encontré.

Sin duda era la más bella
de aquel pensil tan hermoso,
y sobre el tallo gracioso
se miraba en una estrella.

La seguí, pero fué en vano;
quise mirarla, y cegóme;
y a no verla condenóme
un jardinero inhumano.

..................................

La flor eres tú, Pilar;
y en vano aspirarte quiero,
que el maldito jardinero
no quiere dejarme entrar.



A un amigo y a unos ojos

Díceme un mi camarada
que adora unos bellos ojos
y le mata su mirada:
soltemos la carcajada
ante tan necios antojos.
¡Que le matan! ¡Vaya un lance!
Entonces, ¿quién le ha mandado
que a la muerte se abalance?
Yo temería un percance
y me iría con cuidado.

¡Matar! Vamos, es cuestión
que debe tomarse a guasa;
yo me asomo a mi balcón
y recibo un alegrón
a cada muerte que pasa.

Estoy en el mismo caso
del compadre que eso dijo:
por unos ojos me abraso
y —dicho sea de paso —
no hay dos como ellos, de fijo.

Pero a mí no me asesinan
como al amigo en cuestión
al contrario, me fascinan,
porque en ellos se adivinan
la ternura y la pasión.

Cuando al cielo levantando
la mirada, con sencillo
candor, los veo, gozando
la Concepción de Murillo.

Si hacia el suelo pensativos
se dirigen algo inciertos
y se alzan después activos,
matan, es cierto, a los vivos
pero dan vida a los muertos.

Y cuando a mí se dirigen,
ya risueños ó enojados,
como mi destino rigen,
me dan placer ó me afligen
ó me causan mil cuidados.

Pero matarme, jamás;
me dan vida y alegría
acaeciendo además,
que siempre se vá detrás
de su mirada la mía.

Ven acá, pues, insensato,
que sin mirar lo que dices,
te acreditas de pazguato:
vente a observarlos un rato,
quiero que los analices.

Mas si después de mirarlos
no te retractas al punto
de tu opinión... ¡Por San Carlos!
de fijo he de retratarlos
con aquel rostro en conjunto.

Y llevados de nación
en nación y villa en villa,
confirmaré mi opinión
de que aquestos ojos son
la novena maravilla.



Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres

"Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias."

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Poeta del día

El verbo, clases de verbos

clases de verbos

¿Qué es el verbo?

El verbo es un tipo de palabra con la que se puede expresar acción, existencia, estado y consecución. Dentro de las oraciones, el verbo actúa como el núcleo del predicado, aunque el verbo, por sí mismo, puede formar una oración, por ejemplo: Llueve (oración impersonal). Los verbos, tomando sus diferentes formas, pueden manifestar distintos pormenores de la acción; así pues, con el verbo "jugar", por ejemplo, se puede decir: Yo juego, tú juegas, ellos jugarán, nosotros habíamos jugado, etc. Estas variaciones señaladas son los denominados accidentes gramaticales del verbo, los cuales son cinco: persona, número, voz, modo y tiempo.

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