Agustina Andrade

Agustina Andrade

Poetisa cuyo nombre completo es Agustina Andrade

Argentina 9 de agosto de 1858 - 10 de febrero de 1891, Temperley, Argentina


4 Poesías de Agustina Andrade

Poemas más populares de Agustina Andrade


Nuestras almas

Dos suspiros que se juntan
en el camino del cielo,
porque brotan de dos pechos
que sienten el mismo anhelo;

Dos blancas perlas del alba
que en el cáliz de las flores
se buscan, para volverles
sus perfumes y colores;

Dos azules nubecillas
que se unen allá en los cielos
para contemplar la luna
y envolverla entre sus velos;

Dos arpas que alegres riman
de amor iguales poemas,
y tristes si una está triste,
buscan siempre iguales temas;

Dos aves que a un tiempo cantan,
dos arroyos que murmuran,
¡eso son nuestras dos almas,
que eterna dicha se auguran!


Poema Nuestras almas de Agustina Andrade con fondo de libro

Lágrima

Del Uruguay a la orilla
en una noche de estío,
una rosada azucena
vi bordada de rocío.

Que ruborosa inclinaba
su cáliz hacia otra flor,
para dejarle una gota
de rocío temblador.

Ya la flor que había quemado
con su ardiente rayo el sol,
la halló alegre y sonriente
el vespertino arrebol.

Así en las almas que lloran,
tan tristes como esa flor,
suele descender un día
una lágrima de amor.

Y como despierta el ave
cuando ruge el aquilón,
despierta el alma dormida
temblando de inspiración.


Poema Lágrima de Agustina Andrade con fondo de libro

A un boyero

¿Qué voz, qué armonía, qué ráfaga leve,
cantor de las islas, esperas oír,
que siempre pareces ansioso, anhelante,
temblando al murmullo del aura sutil?

¿Esperas? Sí, esperas, lo dice a mi alma
que sufre y espera, tu triste actitud;
esperas mensajes de seres ausentes,
¡te alfigen y enferman las nieblas del Sud!

¿Qué extrañas? El sauce de frondas sonoras,
el claro arroyuelo de limpio cristal,
la tosca canoa que ataba el isleño
con lazos de ibira, del verde juncal?

¿Extrañas el nido que el viente hamacaba,
que a veces las ondas con furia azotó,
colgado cual viejo jirón de bandera
del trémulo gajo del alto timbó?

¡Ah, lejos, muy lejos, quedó la espesura
que oyó tus primeros cantares de amor;
en vano te agitas, esperas en vano,
no oirás de las selvas el dulce rumor!

No es ruido de hojas, ni tumbos de olas,
lo que oyes, boyero, con triste ansiedad:
es del mar humano la ronca marea,
de torvas pasiones el rudo huracán.

¡También yo he dejado muy lejos el nido
a cuyo suave, gracioso vaivén,
canté a la esperanza con dulces acentos,
a Dios y a mis padres queridos canté!

¡Hermano! Suframos. ¡Hermano! Esperemos,
no hay noche sin alba, ni eclipse inmortal;
cantemos, que el alma se embriaga cantando
y los dos tenemos el don de cantar!