Vital Aza

Vital Aza

Poeta, Escritor, Comediógrafo, Periodista y Humorista Español. cuyo nombre completo es Vital Aza Álvarez-Buylla

Pola de Lena, 28 de abril de 1851-Madrid, 13 de diciembre de 1912


39 Poesías de Vital Aza

Poemas más populares de Vital Aza


El médico cazador

EL MÉDICO CAZADOR

Un doctor muy afanado,
que jamás cazado había,
salió una vez, invitado,
a una alegre cacería.

Con cara muy lastimera,
confesó el hombre ser lego,
diciendo: –«Es la vez primera
que cojo un arma de fuego.

Como mi impericia noto,
me vais a tener en vilo.»
Y dijo el dueño del coto:
–«Doctor, esté usted tranquilo,

Guillermo, el guarda, estará
colocado junto a usted;
él es práctico y sabrá
indicarle...» –«Así lo haré,

–dijo el guarda–. Sí, señor,
no meterá usted la pata.
Verá usted, señor doctor,
los conejos que usted mata.

Siga en todo mi consejo.
¿Que un conejo se presenta?
Pues yo digo: ¡Ahí va el conejo!
¡Y usted tira y lo revienta!»

–«Bueno, bueno, siendo así!...»
–«Nada, que no tema usted.
Quietecito junto a mí;
chitón, y yo avisaré.»

Colocose tembloroso
el buen doctor a la espera,
cuando un conejo precioso
salió de su gazapera.

–«Ahí va un conejo– le grita
el guarda-; ¡no vacilar!»
Y el doctor se precipita,
y ¡pum! disparó al azar.

Y es claro, como falló
diez metros la puntería,
el conejo se escapó
con más vida que tenía.

El guarda puso mal gesto
y rascose la cabeza.
Hubo una pausa y en esto
saltó de pronto otra pieza.

–«¡Ahí va una liebre, doctor!
¡Tire usted pronto, o se esconde!»
y ¡pum! el pobre señor
disparó... ¡Dios sabe a dónde!

Gastó en salvas, sin piedad,
lo menos diez tiros, ¡diez!
sin que por casualidad
acertara ni una vez.

Guillermo, que no era un zote,
sino un guarda muy astuto,
dijo para su capote:
–«Este doctor es muy bruto.

¡No le pongo como un trapo,
mas ya sé lo que he de hacer!»
Y al ver pasar a un gazapo
corriendo a todo correr:

–«¡Doctor! –exclamó Guillermo
con rabia mal reprimida–,
¡Ahí va un enfermo! ¡Un enfermo!»
Y ¡pum! ¡Lo mató en seguida!



Iba la Belleza un día

IBA LA BELLEZA UN DÍA...

EN UN ÁLBUM

Iba la Belleza un día
con sonrisa placentera
corriendo por la pradera
que el verde césped cubría,

cuando a la sombra tendido
de un árbol muy corpulento,
se encontró con el Talento,
joven gallardo y fornido.

Sintiendo amante rubor,
un instante se miraron,
y en sus ojos expresaron
la intensidad de su amor.

Y cuando ya los sonrojos
del primer rubor cedieron,
con los labios se dijeron
mucho más que con los ojos.

Y cifrando su fortuna
en la pasión que sentían,
ambos al cielo pedían
fundir sus almas en una.

Dios compasivo que oyó
su amoroso pensamiento,
a sus ruegos accedió,
y en ti niña, Dios juntó
la Belleza y el Talento.



A la luna

Lamentación de un cesante

¡Oh, tú, luna encantadora,
que lumbre gratis nos das!
¡Oh, tú de Febo señora,
ilustre competidora
de las fábricas de gas!

¡Tú que nunca sientes penas
en el trono en que reposas!
¡Tú que en las noches serenas
habrás visto tantas cosas,
unas malas y otras buenas!

¡Tú que en más de una ocasión
sufres con resignación
que un mal poeta te cante,
oye la lamentación
de este mísero cesante!

¡Óyeme sólo un momento!
que en este mundo, ¡ay de mi!,
nadie escucha mi lamento.
Y si a ti no te lo cuento,
¿a quién se lo cuento, di?

Indícame, ¡oh, luna clara!,
de algún destino el camino,
que aquí son ya cosa rara,
y no se encuentra un destino
por un ojo de la cara.

Búscame una posición
en tu elevada región
y me lanzaré al suicidio.
¡Créeme, oh, luna! Te envidio
con todo mi corazón.

Tú, aunque siempre omnipotente,
creces y menguas constante;
pero aquí, con esta gente,
yo nunca llego a creciente...
¡Siempre estoy en el menguante!

Como un destino me des,
dejo a estos hombres ingartos
–(he puesto la erre después)–
que, ¡ay!, tú tienes cuatro cuartos,
y en España sólo hay tres.

¡Tres! Lo digo muy sincero,
aunque el pesar me taladre (1)
el cuarto... Para el cartero;
el cuarto... Que es del casero,
y el cuarto... Honrar padre y madre.

Te creo, ¡oh, luna!, mi amiga,
y hasta que mi bien consiga
cifraré en ti mi fortuna.
No me importa que se diga
que estoy ladrando a la luna.

¿A quién le puede chocar
que yo ladre sin cesar
siendo un mártir en la tierra?
Llevando vida tan perra,
¿qué he de hacer sino ladrar?

Dame sin tardanza alguna,
¡oh, luna!, con tu fortuna,
un consuelo en mi indigencia.
¡Y no me dejes, ¡oh, luna!,
a la luna de Valencia!

(1) Lo de taladre, lector, –es el ripio de rigor.



Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres

"Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias."

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El verbo, clases de verbos

clases de verbos

¿Qué es el verbo?

El verbo es un tipo de palabra con la que se puede expresar acción, existencia, estado y consecución. Dentro de las oraciones, el verbo actúa como el núcleo del predicado, aunque el verbo, por sí mismo, puede formar una oración, por ejemplo: Llueve (oración impersonal). Los verbos, tomando sus diferentes formas, pueden manifestar distintos pormenores de la acción; así pues, con el verbo "jugar", por ejemplo, se puede decir: Yo juego, tú juegas, ellos jugarán, nosotros habíamos jugado, etc. Estas variaciones señaladas son los denominados accidentes gramaticales del verbo, los cuales son cinco: persona, número, voz, modo y tiempo.

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