Ventura de la Vega

Ventura de la Vega

Poeta, Escritor y Dramaturgo Argentino cuyo nombre completo es Buenaventura José María de la Vega y Cárdenas

Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 1807 - Madrid, 1865


22 Poesías de Ventura de la Vega

Poemas más populares de Ventura de la Vega


A Lope de Vega (Ventura de la Vega)

Tres siglos ha que este sol
que hoy luce en el firmamento
alumbraba el nacimiento
del gran poeta español.
Purificado al crisol
de una edad y de otra edad,
monstruo de fecundidad,
numen de la patria escena,
Lope con su nombre llena
del mundo la inmensidad.

En la modesta mansión
que oyó su postrer gemido
hoy a Lope se ha rendido
tributo de admiración.
Aquí con mayor razón,
aquí, templo de su gloria,
donde una y otra victoria
le ornaron de resplandores,
demos público y actores
un aplauso a su memoria.


Poema A Lope de Vega (Ventura de la Vega) de Ventura de la Vega con fondo de libro

La agitación

¡Imposible arrancar del alma mía
sino acentos de amor!... Caber no puede
donde impera tu imagen adorada,
sino amor, sólo amor... Cuanto solía
mi pecho conmover... Ya todo cede
a la ardiente mirada
de tus luceros bellos.
Mal mi grado a sus mágicos destellos
mi turbulenta vida está sujeta.
Como al influjo de fatal cometa
cede el bajel al ímpetu rugiente
del huracán sañudo,
y al puerto amigo arrebatarse siente,
o va a estrellarse en el peñasco rudo:
así en la fiebre do anhelando gira
esta alma delirante,
tus ojos son, Amira,
los que entre el puerto y el peñasco errante,
sin elección, perdido el albedrío,
la oscilación del huracán le imprimen,
y en ciego desvarío
lánzase a la virtud, lánzase al crimen.
Y este vaivén continuo, esta perpetua
conmoción es la vida. -¡Cuántas horas,
mudo, yerto, insensible
como la piedra en que sentado estaba,
en seguir las sonoras
ondas de la corriente que pasaba
inerte consumía!
¡Cuántas la vista atenta
iba siguiendo estúpida la lenta
sombra que en derredor del tronco huía!
Campo de soledad, yo te buscaba
porque el mundo decía
que la felicidad en ti habitaba,
y en aquel corazón que la invocaba
su misterioso bálsamo vertía.
Mi corazón de fuego
en ti no la encontró: floresta umbría,
silenciosa montaña, campo triste,
yo la paz de la vida te pedía,
tú la paz de la tumba me ofreciste.
Felicidad, ¿dó estás? -Este vacío
que al dilatarse el corazón no llena,
ven, ocúpalo tú. -Si ronco suena
el guerrero clarín, y a la matanza
el hombre vuela contra el hombre, dime:
¿bastarame empuñar la férrea lanza
y a la pugna volar? Cuando mi diestra,
al son triunfal de los preñados bronces,
en sangre bañe la mortal palestra,
misteriosa deidad, ¿te hallaré entonces?
En el tropel del mundo
yo también te busqué. Torvo guerrero,
sobre carro veloz, de lauro ornado,
agitando el acero,
en lágrimas y sangre salpicado,
raudo al cruzar la turba peregrina,
«¡Felicidad, felicidad!» clamaba;
y en tanto: «Aquí domina»,
otro desde la tumba me gritaba,
¿En la vida? ¿En la muerte?
¿Dónde estás para mí? -¡Silencio mudo!
¡Y las horas corrían!...
¡Y los años volaban!...
Las hojas de los árboles caían...
Las hojas de los árboles brotaban.
¡Una mujer! Con su flotante velo
tocó al pasar mi frente:
trocose en fuego de mi pecho el hielo,
mis entrañas temblaron de repente:
los brazos tiendo a la fantasma bella,
Mas al asirla, alzada
vi un ara ante mis pies, y detrás de ella
mi visión adorada;
y un misterioso acento que decía:
«¡Profanación..., Delito!»
Y en su abatida frente se leía
un juramento escrito.
Mi planta no, mas de mi pecho ciego
llegó un lamento a penetrar su oído,
y en sus trémulos labios tocó el fuego
de mi ardiente gemido.
Abrió sus ojos por la vez primera
dejándome con sola una mirada
en devorante hoguera
toda el alma abrasada.
¡Ah! ¿Qué me importa? Agitación sublime,
¡yo te adoro! ¡Tú eres
alma de mi existencia! -Oprime, oprime
un corazón a quien la calma espanta:
inunda, inunda mi mejilla en lloro:
clamar me oirás entre congoja tanta:
agitación sublime, ¡yo te adoro!



La cita (Ventura de la Vega)

Nunca más bello color
dio al horizonte tu llama,
astro de eterno fulgor,
al esconder tu esplendor
la cumbre de Guadarrama.

Nunca tu aroma sentí
más delicioso que ahora,
linda rosa carmesí;
nunca más bella te vi
con las perlas de la aurora.

Arroyo, que turbio y feo
ayer te vi deslizar,
¿cómo tan limpio te veo,
que ya de tu fondo creo
las arenillas contar?

Galanos campos que hacéis
de toda esta pompa alarde,
¿a quién celebrar queréis?
¿O es por dicha que sabéis
que viene Laura esta tarde?


Poema La cita (Ventura de la Vega) de Ventura de la Vega con fondo de libro