Salvador Novo

Salvador Novo

Poeta, Ensayista, Dramaturgo e Historiador Mexicano cuyo nombre completo es Salvador Novo López

Ciudad de México; 30 de julio de 1904 - Ciudad de México; 13 de enero de 1974


20 Poesías de Salvador Novo

Poemas más populares de Salvador Novo


amor

Amar es este tímido silencio
cerca de ti, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir el calor de tu saludo.

Amar es aguardarte
como si fueras parte del ocaso,
ni antes ni después, para que estemos solos
entre los juegos y los cuentos
sobre la tierra seca.

Amar es percibir, cuando te ausentas,
tu perfume en el aire que respiro,
y contemplar la estrella en que te alejas
cuando cierro la puerta de la noche.


Poema amor de Salvador Novo con fondo de libro

tema de amor

Dentro de estos cuatro muros
pretendí ocultar mi dicha:
pero el fruto, pero el aire
¿cómo me los guardaría?

hora mejor que pospuse,
voces que eran para mí,
camino que no elegí
destino que no dispuse;
¡cómo os volvisteis oscuros!
¡qué amargo vuestro sabor
cuando nos encerró mi amor
dentro de estos cuatro muros!

entre tu aurora y mi ocaso
el tiempo desaparecía
y era nuestra y era mía
sangre, labio, vino y vaso.

En perdurar se encapricha
mi sombra junto a tu luz
y bajo negro capuz
pretendí ocultar mi dicha.
Pero el fruto, pero el aire,
pero el tiempo que no fluya,
pero la presencia tuya
fuerte, joven, dulce, grande;
sangre tuya en vena mía,
lazos a instantes maduros,
dentro de estos cuatro muros
cómo me los guardaría?



florido laude

Lo menos que yo puedo
para darte las gracias porque existes
es conocer tu nombre y repetirlo.

Si brotas de la tierra,
hostil de espinas, ávida de cielo,
en vigoroso impulso
y ofreces un capullo a la caricia
leve del viento y cálida del día,
sé que abrirás a la mañana bruja
tu perfección efímera en la rosa.

Conozco tu perfume y tu destino,
piel de doncella, hostia múltiple;
tu breve día, tu don. Miro el momento
en que brindas tu lecho nupcial a las abejas;
o el colibrí se pinta en tus colores
y desmayas tus pétalos de seda,
conchas del mar del aire en que naufraga
tu vida breve y tu perfume rosa.

Yo repito tu nombre cuando veo,
ave suntuosa y vegetal, tu nido
anclado en aquel árbol que te nutre.
Las plumas de tus pétalos, orquídea;
el silencio en que cantan tus colores.

Y te busco en la sombra;
bajo el ala del árbol que te oculta,
en los ramos redondos
en que entonas a coro tus azules, hotensia.

Pero también te admiro y te saludo
y repito tu nombre proletario
cuando tiendes, mastuerzo,
tus frágiles somvrillas, tus trémulas sombrillas
disciplinadas y redondas,
en que tiembla el rocío,
y atreves la sencilla
ofrenda de tus conos amrillos
a la mano del niño que te inmola.

Y a ti, cortina humilde
que abres el sol y cierras a la noche
tus sueños de trocarte en bugambilia;
y a ti, que en el violento
grito de tu amarillo
ostentas en colores, mercadela,
el perfume negado a tu pobreza.

Y contemplo tu rostro, margarita,
tu cuello almidonado e impecable,
tu uniforme escolar para la fiesta,
tu faz redonda, ingenua.

Saludo a tus hermanas mayores en las cinnias
que aprendieron ya el arte de maquillarse;
que copiaron su labio pintado a la petunia
mientras tiende su beso
y asoma su coqueta esbeltez entre las turbas
del cielo raso que la rapta.

Miro cómo el acanto
lanza la espiga erecta de tus torres
y cómo los delfinios
yerguen, música azul, sus campanarios.
¿Qué licor impalpable
brindan, alto alcatraz, tus copas blancas?
¿qué cielo multiplicas, agapanto,
cuando rindes la nuez de tu universo
desde el brazo tendido de tu tallo?

te miro, platanillo,
cresta airosa de un gallo de alas verdes;
tan lleno de familia
que no has podido ser una gladiola,
y te resignas a tu sino
del pariente más pobre de esa rica
dueña de tiendas, celofán y rasos.

Cerca está la retama;
sus largos alfileres
capturan mariposas menudas y amarillas.
El polen de sus alas prisioneras
cuelfan en uvas minpusculas la mimosa vecina.

Lo menos que yo puedo
para darte las gracias porque existes
oh, flor, milagro múltiple
es conocer tu nombre y repetirlo.

Danza el geranio inmóvil sus enaguas gitanas
en tiesto humilde.
Cuando llegue el invierno;
cuando duerman las dalias su gestación de piedra;
cuando nieven los lirios su cándido capullo;
cuando la nochebuena despliegue sus estrellas,
vestirán las azaleas trajes de bailarina
faldas de leves tules y lánguidos pistilos.
Serán tu aristocracia, geranio, las azaleas.