Manuel José Quintana

Manuel José Quintana

Poeta Español cuyo nombre completo es Manuel José Quintana y Lorenzo

Madrid, 11 de abril de 1772-Madrid, 11 de marzo de 1857


5 Poesías de Manuel José Quintana

Poemas más populares de Manuel José Quintana


A un amigo (Quintana)

No con vana lisonja y blando acento
Me quieras engañar, huésped del prado;
Yo no soy lo que fui: rigor del hado
Me condena por siempre al escarmiento.

Nunca lozana a su primer contento
La planta vuelve que truncó el arado,
Por más que al cielo le merezca agrado
Y que amoroso la acaricie el viento.

Anda, pasa adelante; en otras flores
Más ricas de fragancia y más felices
Pon tu dulce cuidado y tus amores:

Que es ya en mí por demás cuanto predices,
Pues el aire del sol con sus ardores
Quemó hasta la esperanza en mis raíces.


Poema A un amigo (Quintana) de Manuel José Quintana con fondo de libro

A Licoris

¿Por qué de tus penas
Ir siempre seguida?
El duelo importuno
¿Por qué no mitigas?

¿No ves que cebadas
Así las desdichas,
Estragan, Licoris,
La flor d e la vida?

Ya un año ha corrido,
Y el mal que te agita
Pintado con llanto
Se ve en tus mejillas.

Tus ojos hermoso,
Están todavía
Mirando el camino
Que lleva a Castilla;

Y al amado ausente,
Que cruel te olvida,
En alas del viento
Mil quejas envías.

Gustando memorias,
Soñando delicias,
Que luego despierta
Se tornan acíbar,

Engañas las noches,
Consumes los días,
Y el dardo en tu pecho
Más hondo se fija.

¡Ay que los ingratos
No valen, amiga,
Los crudos pesares
Que da su perfidia!

Ya del año ríe
La estación florida
Y vuelve a los campos
La antigua alegría.

Vuelve tú a la tuya,
Y las auras mismas
Que el lóbrego luto
De invierno disipan,

También desvanezcan
Con ala benigna
Tus negros cuidados,
Tus penas esquivas.

Torne a tu semblante
Tu apacible risa;
Las galas te adornen,
Los gustos te sigan.

Que en honda tristeza
No quiere que giman
La Diosa de Gnido,
Las Gracias festivas.

Tan amable aseo,
Discreción tan fina,
Y un pecho en que reinan
Verdad y justicia,

Son prendas, zagala,
Que siempre cautivan,
Y es bien ciego el hombre
Que infiel las olvida.

Tú de sus mudanzas
La venganza fía,
Que el cielo a los tales
Con ellas castiga.

Llegará, no dudes,
Tiempo en que se rinda
A quien su cariño
Le pague en delicias.

Y desesperado
Volverá la vista
Lanzando suspiros
A la Andalucía.

Así abandonada
Del mar en la orilla
La suerte lloraba
De Minos la hija.

¿Qué fue del ingrato
Que así la afligía
Y ejemplo dio al orbe
De tanta perfidia?

Abrazos helados
Y falsas caricias
Le daba tan sólo
Su cómplice indigna;

Que adúltera luego,
Furiosa, perdida,
Llenó sus penates
De eterna ignominia.

Ariadna entre tanto
Gozaba en su isla
Consuelos de Dioses
Regalos de Ninfas:

Y esposa de un Numen,
Al cielo subida,
En trono de estrellas
Espléndida brilla.

Marzo 18 de 1825.



Cristina

Nunca osara, Señor, la Musa mía
Al eco unir del general aplauso
Los ecos de un aliento que se apaga
Por la desgracia y por la edad cansado.

Ved cómo yace envuelta en largo olvido
Mi inútil lira: trémula la mano
Va sus cuerdas a herir, y a hallar no acierta
Su antigua resonancia y su entusiasmo.

Otra fuerza, otra voz, otra armonía
Pide al cantarse el venturoso lazo
En que Vos afirmáis vuestra ventura,
Y también su esperanza el orbe Hispano:

Y a ensalzar dignamente de Cristina
La florida hermosura, el dulce encanto
Y la índole celeste, aun no bastara
A Píndaro su voz, la suya a Horacio.

Mi timidez iguala a mi respeto:
Pero Vos lo queréis; y a quien los hados
Quisieron siempre defender propicios
Y en la alta cuna del poder sentaron,

¿Cómo un flaco mortal, que sin su escudo
Juguete fuera del rencor contrario
Este esfuerzo, aunque débil, negaría
Sin riesgo al fin de parecer ingrato?

¡Ah! no: suene mi voz, los aires rompa
Y aunque ronca y cansada, el holocausto
Haga de su temor ante las aras
Del refulgente Sol que ya adoramos.

Quizá aquel fuego que a mi Musa un día
Pudo animar en sus mejores años,
De sus yertas cenizas sacudido
Vuelva a encenderse a tan hermosos rayos.

Otros la cantarán con más fortuna,
Con talento mayor; y hasta los astros
Alzar conseguirán su ínclito nombre
En las alas del Genio arrebatados.

En mí supla al talento el buen deseo,
Y estos rudos acentos de mi labio
Que van de vuestra Esposa al regio oído,
Hallen, Señor, si no alabanza, agrado.



Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres

"Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias."

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Poeta del día

El verbo, clases de verbos

clases de verbos

¿Qué es el verbo?

El verbo es un tipo de palabra con la que se puede expresar acción, existencia, estado y consecución. Dentro de las oraciones, el verbo actúa como el núcleo del predicado, aunque el verbo, por sí mismo, puede formar una oración, por ejemplo: Llueve (oración impersonal). Los verbos, tomando sus diferentes formas, pueden manifestar distintos pormenores de la acción; así pues, con el verbo "jugar", por ejemplo, se puede decir: Yo juego, tú juegas, ellos jugarán, nosotros habíamos jugado, etc. Estas variaciones señaladas son los denominados accidentes gramaticales del verbo, los cuales son cinco: persona, número, voz, modo y tiempo.

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