Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

Poeta, Escritor y Cirujano Mexicano cuyo nombre completo es Manuel Gutiérrez Nájera

Ciudad de México, 22 de diciembre de 1859 - Ciudad de México, 3 de febrero de 1895


38 Poesías de Manuel Gutiérrez Nájera

Poemas más populares de Manuel Gutiérrez Nájera


la duquesa job (1884)

A manuel puga y acal
en dulce charla de sobremesa,
mientras devoro fresa tras fresa,
y abajo ronca tu perro bob,
te haré el retrato de la duquesa
que adora a veces el duque job.
No es la condesa de villasana
caricatura, ni la poblana
de enagua roja, que prieto amó;
no es la criadita de pies nudosos,
ni la que sueña con los gomosos
y con los gallos de micoló.
Mi duquesita, la que me adora,
no tiene humos de gran señora:
es la griseta de paul de kock.
No baila boston, y desconoce
de las carreras el alto goce
y los placeres del five o'clock.
Pero ni el sueño de algún poeta,
ni los querubes que vio jacob,
fueron tan bellos cual la coqueta
de ojitos verdes, rubia griseta,
que adora a veces el duque job.
Si pisa alfombras no es en su casa;
si por plateros alegre pasa
y la saluda madame marnat,
no es, sin disputa, porque la vista;
sí porque a casa de otra modista
desde temprano rápida va.
No tiene alhajas mi duquesita,
pero es tan guapa y es tan bonita,
y tiene un cuerpo tan v'lan, tan pschutt;
de tal manera trasciende a francia
que no la igualan en elegancia
ni las clientes de hélène kossut.
Desde las puertas de la sorpresa
hasta la esquina del jockey club,
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita, ni más traviesa
que la duquesa del duque job.
¡Cómo resuena su taconeo
en las baldosas! ¡con qué meneo
luce su talle de tentación!
¡con qué airecito de aristocracia
mira a los hombres, y con qué gracia
frunce los labios ¡mimí pinson!
si alguien la alcanza, si la requiebra,
ella, ligera como una cebra,
sigue camino del almacén;
pero, ¡ay del tuno si alarga el brazo!
¡nadie se salva del sombrillazo
que le descarga sobre la sien!
¡no hay en el mundo mujer más linda!
pie de andaluza, boca de guinda,
esprit rociado de veuve clicquot;
talle de avispa, cutis de ala,
ojos traviesos de colegiala
como los ojos de louise théo.
Ágil, nerviosa, blanca, delgada,
media de seda bien restirada,
gola de encaje, corsé de ¡crac!,
nariz pequeña, garbosa, cuca,
y palpitantes sobre la nuca
rizos tan rubios como el coñac.
Sus ojos verdes bailan el tango;
nada hay más bello que el arremango
provocativo de su nariz.
Por ser tan joven y tan bonita,
cual mi sedosa, blanca gatita,
diera sus pajes la emperatriz.
¡Ah tú no has visto cuando se peina,
sobre sus hombros de rosa reina
caer los rizos en profusión!
tú no has oído que alegre canta,
mientras sus brazos y su garganta
de fresca espuma cubre el jabón.
¡Y los domingos!... ¡Con qué alegría,
oye en su lecho bullir el día
y hasta las nueve quieta se está!
¡cuál se acurruca la perezosa,
bajo la colcha color de rosa,
mientras a misa la criada va!
la breve cofia de blanco encaje
cubre sus rizos, el limpio traje
aguarda encima del canapé;
altas, lustrosas y pequeñitas,
sus puntas muestran las dos botitas,
abandonadas del catre al pie.
Después, ligera, del lecho brinca.
¡Oh quién la viera cuando se hinca
blanca y esbelta sobre el colchón!
¿qué valen junto de tanta gracia
las niñas ricas, la aristocracia,
ni mis amigas del cotillón?
toco; se viste; me abre; almorzamos;
con apetito los dos tomamos
un par de huevos y un buen biftec,
media botella de rico vino,
y en coche juntos, vamos camino
del pintoresco chapultepec.
Desde las puertas de la sorpresa
hasta la esquina del jockey club,
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del duque job.
Manuel gutiérrez nájera, 1884



Para Entonces

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.


Poema Para Entonces de Manuel Gutiérrez Nájera con fondo de libro

A un Triste

¿Por qué de amor la barca voladora
con ágil mano detener no quieres
y esquivo menosprecias los placeres
de Venus, la impasible vencedora?

A no volver los años juveniles
huyen como saetas disparadas
por mano de invisible Sagitario;
triste vejez, como ladrón nocturno,
sorpréndenos sin guarda ni defensa,
y con la extremidad de su arma inmensa,
la copa del placer vuelca Saturno.

¡Aprovecha el minuto y el instante!
Hoy te ofrece rendida la hermosura
de sus hechizos el gentil tesoro,
y llamándote ufana en la espesura,
suelta Pomona sus cabellos de oro.

En la popa del barco empavesado
que navega veloz rumbo a Citeres,
de los amigos el clamor te nombra,
mientras, tendidas en la egipcia alfombra,
sus crótalos agitan las mujeres.

¡Deja, por fin, la solitaria playa,
y coronado de fragantes flores,
descansa en la barquilla de las diosas!
¿Qué importa lo fugaz de los amores?
¡También expiran jóvenes las rosas!