Juan del Valle y Caviedes

Juan del Valle y Caviedes

Poeta y Dramaturgo Español cuyo nombre completo es Juan del Valle y Caviedes

Porcuna (Jaén), 11 de abril de 1652 - Lima, 1697


3 Poesías de Juan del Valle y Caviedes

Poemas más populares de Juan del Valle y Caviedes


A un médico tuerto

Tuerto dos veces, por vista
la una y la otra por ciencia,
pues en la endiablada tuya
nunca haces cosa a derechas.
No llames siempre ante-ojos
a los que traes, porque a medias
ante-tuerto has de llamarlos,
pues la mitad está a ciegas.
Si no tienes más que un ojo
ociosa está una vidriera;
parece remedio tuvo
por cosa que no aprovecha.
Sin embargo eres el rey
en la medical ceguera;
si todos a ciegas curan tú no,
que curas a tuertas.
Tu vista nadie la entiende,
pues ni se repara en ella
tú no miras sino apuntas,
tú no ves sino que asestas
¿Cómo si apuntando curas
no atinas con las recetas,
pues das tan lejos del mal
que todas las curas yerras?
A los enfermos les comes
las comidas y aun las cenas
para hacerles este mal
y que se mueran de dieta.
Aýudales a beber
tus malditas purgas puercas,
y les darás media vida
y tu tendrás otra media.
De las ayudas eleves
parte también, que les echas,
y ejercitarás dos ojos
que en un tuerto es cosa nueva.
Que el comerles las viandas
no es curarle las dolencias,
sino curarte del hambre
canina que te atormenta.
Si con los enfermos curas
tus hambres y tus pobrezas
ellos los médicos son
tú el enfermo que remedian.
Media visita debián pagarte,
en Dios y en conciencia,
que quieren medio ve al enfermo
no debe llevarla entera.
Del Callao te han echado
con descrédito de albéitar,
por enjalma de Galeno,
por limillo de Avicena.
Hínchate, doctor, de paja,
que las albardas rellenas
no matan tanto, y tendrás
hecho tu plato con ellas.
Que eres albarda no hay duda,
y me remito a la prueba,
pues la medicina tuya
por ser de albarda está en jerga.



Caballeros Chanflones

El que hacerse quisiera caballero,
póngaseme muy grave y muy severo
y aprenda muy despacio
lo que son etiquetas de palacio.

Si nombrare al virrey, diga, su esencia,
y no como la plebe, Su excelencia;
al título lo trate de Usiría,
y que le nombra así de cortesía
y a que no hablarle más ya se resuelve
porque no se la vuelve.

Entra aquí al elegar ejecutorias
el suponer hazañas y memorias
heroicas de ascendientes,
y el hacer a diez grandes sus parientes.

Si este tal caballero fuere pobre,
porque todo le sobre,
a una iglesia se vaya, y, por dos reales,
que a un cochero le dé para tamales,
por este corto logro que interesa,
le meterá en el coche o la calesa
donde abriendo del todo las cortinas,
por las calles remotas y vecinas,
cuantos fuere por ellas encontrando
los irá saludando
llamándole de vos al mal vestido
y al galán poderoso y engreído,
de tú, porque les oigan tutearse
y así piensan que llegan a igualarse.

Si el tal le preguntare dónde ha estado,
le dirá que ocupado:

Su esencia le ha tenido
en consulta, cansado y aburrido,
porque el gobierno todo lo ha fiado
de su corto discurso limitado,
y que nunca le deja, aunque
él se excusa
y murmure algo de él,
que así se usa.



A mi muerte próxima

Que no moriré de viejo,
que no llego a los cuarenta,
pronosticado me tiene
de físicos la caterva.
Que una entraña hecha gigote
al otro mundo me lleva,
y el día menos pensado
tronaré como arpa vieja.

Nada me dicen de nuevo;
sé que la muerte em espera,
y pronto; pero no piensen
que he de cambiar de bandera.
Odiando las melecinas
como viví, así perezca;
que siempre el buen artillero
al pie del cañón revienta.

Mátenme de sus palabras
pero no de sus recetas,
que así matarme es venganza
pero no muerte a derechas.
Para morirme a mi gusto
no recurriré a la ciencia
de matalotes idiotas
que por la ciudad pasean.

¿Yo a mi Diente del Parnaso
por miedo traición hiciera?
¡Cuál rieran del cronista
las edades venideras i
Jesucristo unió el ejemplo
a la doctrina, y quien piensa
predicando ser apóstol,
de sus obras no reniega.

¡Me moriré i buen provecho.
¡Me moriré i en hora buena;
pero sin médicos cuervos
juntos de mi cabecera.
Un amigo si está avis
rara mi fortuna encuentra y un franciscano que me hable
de las verdades eternas,
y venga lo que viniera,
que apercibido me encuentra
para reventar lo mismo
que cargada camareta.