Juan Pedro López

Juan Pedro López

Poeta Uruguayo cuyo nombre completo es Juan Pedro López

15 de agosto de 1885, Etchevarría, Canelones - 25 de enero de 1945, Montevideo


7 Poesías de Juan Pedro López

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Payador

Payador no puede ser
cualquiera que se disponga
por más que en una milonga
pueda, el mozo, florecer.
Primero debe tener
conciencia de lo que toca
y si algún recuerdo evoca
debe hacerlo penetrante
para que sea el consonante
un pensamiento en su boca.

Porque arrojar consonantes
con facilidad pasmosa
eso... Resulta una cosa
de mediocres e ignorantes.
Los pensamientos brillantes
no se hallan a la carrera,
ni aquélla expresión sincera
que lo hace gaucho al cantor,
cuando canta con amor
derramando el alma entera.

Que para ser payador
no hay estudios, ni se aprende;
es el divino fulgor
de un rarísimo señor
que ni él mismo se comprende.



Quemá esas cartas

Quemá esas cartas donde yo he grabado
Sólo y enfermo, mi desgracia atroz
Que nadie sepa que te quise tanto,
Que nadie sepa solamente Dios.

Quémalas pronto y que el mundo ignore
la inmensa pena que sufriendo está
un hombre joven que mató el engaño
un hombre bueno que muriendo va.

Te amaba tanto, que a mi santa madre
casi la olvido por pensar en tí
y mira ingrata como terminaron
todos los sueños que vivían en mí.

Yo ya no espero que tu amor retorne
al dulce nido donde ayer nació;
yo ya no creo que tu blanca mano
cierre la llaga que en mi pecho abrió.

Y te perdono... Porque aquel que quiso
nunca maldice lo que ayer besó;
gime y se arrastra sin tomar venganza
muere... En silencio... Como muero yo.

Más cuando en brazos de otro ser dichoso
caigas rendida de placer y amor
recuerda al menos que has dejado trunca
una existencia que mató el dolor.



El rancho

Hay un pedazo en el mundo
de tierra que yo no olvido
es para mi tan querido
tan sagrado, tan profundo
Cuando en sus recuerdos hundo
mis nostalgias de cantor
hago versos del dolor
que mi corazón encierra
y se los canto a la tierra
que fuera un nido de amor.

Bajo el pasto que ha crecido
copioso y divinamente
se oculta para la gente
el hogar donde he nacido
¡cuántos recuerdos queridos!
duermen allí, yo diría
allí en esa tierra fría
tierra de mi corazón
oculta cada terrón
más de una lágrima mía.

Todos los hombres tenemos
del mundo en algún lugar
la tapera, el dulce hogar
el rancho donde nacemos
pero cuantos ni volvemos
a recordar tan siquiera
la humildísima tapera
donde una madre amorosa
besó la frente preciosa
del hijo por vez primera

Todo vive sepultado
del trébol bajo la alfombra
ni tan siquiera la sombra
sobre la tierra ha quedado;
el hombre con el arado
sus paredes hizo trizas
fuertes eran y macizas
pero al fin se doblegaron
y mis recuerdos quedaron
bajo un mundo de cenizas.

Cuantas veces he querido
dejar su memoria trunca
no recordarlo más nunca
echar todo en el olvido;
¡para que, si ya he perdido
lo mejor que allí tenía!
pero el alma, el alma mía
mira entre recuerdos muertos
como unos brazos abiertos
que me llaman todavía.