Juan León Mera

Juan León Mera

Poeta, Ensayista, Novelista, Político, y Pintor Ecuatoriano cuyo nombre completo es Juan León Mera Martínez

Ambato, 28 de junio de 1832 - Ambato, 13 de diciembre de 1894


4 Poesías de Juan León Mera

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Mi fortuna

Siempre avara conmigo la fortuna
de mi alcance sus dones ha alejado;
a perpetua pobreza condenado
por un capricho fui desde la cuna.

Mis locas esperanzas, una a una,
cual seductores sueños han pasado;
pero nunca en mis ansias he llevado
al pie de esa deidad queja importuna.

Con otro don divino estoy contento,
no comparable a material tesoro:
mi noble corazón y mi talento.

De mi Patria a la gloria éste dedico,
y a la tierna beldad a quien adoro
mi corazón entero sacrifico.


Poema Mi fortuna de Juan León Mera con fondo de libro

A Fernando Velarde

A su paso por Ambato.

I

¿Qué misteriosa magia, dulcísimo poeta,
se encierra en tu inflamado y hermoso corazón,
que el mío deleitando le atrae, le sujeta,
y al par le comunica su fuego abrasador?

¿Por qué del alma tuya la mía aficionada
quisiera a sus destinos los suyos aunar,
y en su delirio insano verse a la vez lanzada
en pos de los portentos del gran Pachacamac?

¿Será que ha dado a entrambos su sabia Providencia
idénticas las almas, el corazón igual?
¿Será que has recibido la vívida influencia
cual yo del inti sacro, cual yo de la deidad?

¿Será que ha dado a entrambos su sabia?
¿Será tal vez que gimes, cual he gemido yo?...
Tal vez en nuestras almas el cielo habrá infundido
iguales sentimientos, idéntico dolor?...

Por eso a ti me atrajo la tierna simpatía,
apenas en mi oído tu nombre resonó;
por eso de tus versos la célica armonía,
las fibras más sensibles me hirió del corazón.

¡Oh, cuánto diera, vate de tiernos sentimientos,
por escuchar tu canto sublime junto, a ti!
¡Por exhalar osado contigo mis acentos,
sintiendo en entusiasmo mi corazón hervir!

II

Mas de la patria de Hualpa,
ya, Fernando, te despides;
y a pasos rápidos mides
la tortuosa vía real.

Ya has dejado a tus espaldas
el Cotopaxi espantoso,
de los Andes el coloso,
el mustio y raso arenal.

Y bien pronto, hijo de Iberia,
henderás el turbio Guayas,
y de Olmedo allá en sus playas
la Patria saludarás.

¿Y después? ¡lanzado
en el piélago tremendo,
de tu destino siguiendo
ciego las huellas irás.

Y las hondas del océano
imagen de nuestra vida,
de hondura desconocida
trasunto del porvenir;

y ese azul inmensurable,
como del hombre el deseo,
que audaz en su devaneo
quisiera el vate medir;

esas trémulas estrellas
vírgenes del cielo hermosas,
esas nubes vagarosas
que en lontananza se ven...

Todo, todo a tu alma ardiente
dará mil inspiraciones,
y acaso mil ilusiones,
y nuevo amor, nueva fe...

Marcha, bardo errante, marcha,
sigue tu hermoso destino,
y tu canto peregrino
haz donde quiera escuchar.

Y si un mundo no te basta
para ensanchar tu poesía,
en tu ardiente fantasía
vuela otro mundo a buscar.

Pachacamac te proteja
y te dé un ángel amigo,
que vaya siempre contigo
y vele siempre por ti.

La madre luna no altere
ni el inti los hondos mares,
cuando por ellos cruzares
este mundo baladí.

Entre tanto en las orillas
de mi torrentoso río,
levantaré el canto mío
al blando son del laúd;

y entre mis índicas trovas
conservaré tu memoria
como una prenda de gloria
que adquirí en mi juventud.

(Escrita el 21 de Noviembre de 1855).



A la Unión Iberoamericana

¡Hirviendo está en mi pecho la alegría!
Partid, vientos veloces,
desde las sierras de la Patria mía
llevando a España mis ardientes voces.

Pasó ya el tiempo de sangrienta lucha,
cual de turbión las olas;
ya del sañudo Marte no se escucha
el grito aquí ni en playas españolas.

Ya no hay brazo cruel que acero vibre
a herir pecho de hermano;
al libre mundo de Colón su libre
madre llama y provoca... ¡Oliva en mano!

Vedla: nos abre su bondoso pecho
y amable nos sonríe.
¡Sus! ¡a unirnos con ella en lazo estrecho
que el tiempo y las pasiones desafíe!

¡Nudo de amor y paz...! Losa de olvido
cubra de ayer el odio,
y a que no torne el monstruo maldecido,
vele cada uno de la Unión custodio.

Viva en el bronce sólo y en la historia
la antigua cruda guerra,
y viva de sus héroes la memoria
para asombro perpetuo de la tierra.

Contra ti nuestros padres, noble España,
acero audaz movieron,
y en los abismos de la mutua saña
¡cuántos miles de víctimas se hundieron!

Pero aqueste de horror cuadro inhumano
¡qué excelsa gloria muestra!
digna del pueblo griego y del romano...
¡Oh, no, que es digna de la raza nuestra!

La saña pasó ya; mas sin penumbra
ni ocaso, la luz viva
del astro eterno de la gloria alumbra
esta raza titánica y altiva.

Sí: la gloria de América en que ardiente
sangre de héroes circula,
no para sí tan sólo el Continente,
reino feliz de libertad, vincula;

es bien común de la familia hispana
cual océano extendida
allá y aquí, y en su unidad ufana
de sangre, historia, religión y vida.

Bolívar, de los Andes el coloso,
brotó de la semilla
que Pelayos y Cides al famoso
suelo dio de Cantabria y de Castilla.

América a estos genios suyos llama,
y España a la memoria
de aquél rinde homenaje, y le proclama
genio español y de su nombre gloria.

¡Salve, España! Tus hijos, de remotos
climas habitadores,
su corazón te envían y sus votos
de que el Cielo te inunde en sus favores.

¡Salve, España! Si un día destrozamos
el cetro de tus Reyes,
mientras más libres hoy, más acatamos,
de ti atraídos, las filiales leyes.

¡Plegue al Cielo que el nuevo y santo lazo
de paz y unión fraterna
haya, como el sublime Chimborazo,
firmeza, y brillo y duración eterna!

Y a par símil soberbio esta alianza
encuentre en la que pronto,
coronando con gloria una esperanza,
celebrarán un ponto y otro ponto.

El gigante de ocaso y el de oriente
van a enlazar sus manos;
mas libre cada cual e independiente
serán como hoy, entrambos soberanos.

¡Salve a la Unión! De próspero futuro
las puertas Dios franquea
a la íbera familia: ¡que seguro,
por ellas al entrar, su paso sea!

¡Vuelva la edad en que a esa heroica raza
besaba el pie la tierra,
y cuya historia sin rival abraza
cuanto hay grande y glorioso en paz y en guerra!