Juan Arolas

Juan Arolas

Poeta y Escolapio Español cuyo nombre completo es Juan Arolas Bonet

Barcelona, 22 de junio de 1805 - Valencia, 25 de noviembre de 1849


11 Poesías de Juan Arolas

Poemas más populares de Juan Arolas


El navegante

Apartado de ti surco los mares,
¡oh cándida mujer!
Triste víctima he sido en tus altares,
¿y mía no has de ser?
¡Qué terrible en sus tétricos horrores
se muestra el mar, mi bien!
Pues yo temo más que sus rigores,
tu enfado o tu desdén.
El bramido de recios vendavales
no me intimida a mí;
no temo todo el peso de los males;
tu olvido, hermosa, sí.
Tú, sobre leves plumas reclinada
no sientes aflicción;
sostiene mi cabeza acalorada
la dura tablazón.
Si de volverte a ver tengo el consuelo,
te juro, por mi fe,
que tú serás mis glorias y mi cielo,
y al mar no volveré.
Si Dios me da que pueda coronarte
la sien de albo jazmín,
y un ósculo tomar al despertarte
del labio de carmín;
que en cambio de una lágrima muy pura
me des tus alegrías,
y cubras con un velo de ventura
mis noches y mis días,
jamás será que fíe en la bonanza
del mar y sus arenas,
ni cuelgue el sutil lienzo de esperanza
de débiles antenas.



Flores del alma

Si en la margen de arroyo que camina.
Suspende bello pájaro sus vuelos,
cuando bebe una gota cristalina,
levanta el pico de ámbar a los Cielos.

Suenan en el festín del potentado
los brindis a la suerte veleidosa,
al ciego amor y al rostro delicado
de las bellas que ciñen fresca rosa;

y mientras que retumban los salones
con cánticos de faustos parabienes,
no suben a dorados artesones
las gracias al dador de tantos bienes.

De injusticia cruel en un tormento,
de súbito peligro en un espanto,
se marca en nuestro ser un movimiento,
que es levantar la vista al Cielo santo.

Si no hubiese metal de acero duro,
nunca la piedra imán lo buscaría
para: estrechar un lazo tan seguro
con fuerza, recóndita que envía:

Si después de la tumba misteriosa
entre reinos de luz, gloria y recreo,
no existiese otra vida venturosa,
nunca la invocaría mi deseo.

Bajo la planta rústica oprimida
rinde olor la violeta, y embalsama,
y es como la virtud, que perseguida,
como no tiene hiel, perdona y ama.

Dominarse a si mismo es noble empeño,
sufrir la ingratitud es trance amargo
la vida del placer huye cual sueño,
pero un día sin pan es el más largo.

En el fuego se prueba la fragancia
del incienso de Arabia delicioso,
y en las tribulaciones la constancia
del varón esforzado y animoso.

Más grande que los mares extendidos
es el alma del hombre en sus arcanos
y el polvo de sus restos consumidos
no llenaría el hueco de dos manos.

De los grandes caudillos vi los nombres
en ciudades, y villas y desiertos
escritos con la sangre de los hombres,
que la guerra es la fiesta de los muertos.

Y del cielo en los ámbitos dorados,
con buril de diamante y rayos vivos
de los sabios los nombres vi gravados,
que su vida es la fama de los vivos.

Al impulso del aura procelosa
se desprende la nuez del cocotero
de su palma elevada y orgullosa...
Dios le señalará su derrotero:

Cayó en la inmensidad del Océano
y flota en los cristales errabunda;
la sublima y abate el mar insano,
la esconde entre sus senos y la inunda:

Tras agitadas noches con sus días
encalla en arena, en un paraje
do no hay vegetación ni sombras frías...
Dios señaló su término al viaje.

El sol la fecundó: ya va naciendo
la palmera feraz; crece y asombra,
y sus gigantes ramas extendiendo,
a mil renuevos suyos hace sombra.

El desierto es un carmen aromoso,
con toldos coronados de rocío,
y el ave tiene nido delicioso,
y el hombre tiene sombras en estío.

Así se desarrolla el germen puro
de civilización y de cultura,
que en el pueblo más bárbaro y más duro
pone esplendor, riquezas y ventura;

pues todo lo anivela y lo concilia,
y arrancando del mundo las murallas,
hará de todo el mundo una familia,
sin linderos, ni términos, ni vallas.

La virginal belleza candorosa
tiene la propiedad de sensitiva,
que si un dorado insecto en ella posa,
lo desdeña, y se cierra fugitiva.

Hay una Nación fuerte y aguerrida
y un sabio ha escrito en ella en dos renglones
que la pena de muerte irá abolida,
según el giro actual de las Naciones.



Un cabello blanco

En la sublime Estambul,
ciudad del adusto moro,
la más rica en perlas y oro
que acaricia el mar azul,
reciben con el reflejo
de sol luminoso baño
ricas cúpulas de estaño,
que hay en el serrallo viejo.
Vive en cada rosa abierta
de odorífero rosal,
pura brisa matinal,
que de su sopor despierta
corre el pensil, y después
que besó las flores que ama,
murmura en flexible rama
de piramidal ciprés.
Acaban su largo sueño
bajo bóvedas moriscas
las hermosas odaliscas
y su enamorado dueño:
mientras vagan desvelados
por el plácido recinto,
con las dagas en el cinto
los eunucos atezados,
sombras feas y horrorosas
que debieron a los celos
vivir en aquellos cielos
do respiran las hermosas.
Del harem sólo un balcón,
quitada la celosía,
mece al soplo de aura fría
su purpúreo pabellón:
y detrás está Gulnara,
la orgullosa favorita,
luz del alba, flor bendita,
luna llena, piedra rara;
querida de Noredín,
cuya singular belleza
la formó naturaleza
de rocío y de jazmín.
Diez esclavas a su vez,
todas lindas, todas fieles,
la engalanan con joyeles,
y ella dice a todas diez:
"Dadme velos, plumas gualdas,
y esmeraldas
que reflejan verde luz,
del Tíbet los leves chales,
y corales
del profundo mar de Ormuz.
Diamantes de cien quilates,
y granates
de purpúrea brillantez,
adornen con sus destellos
los cabellos
que desmayan en mi tez.
Reina soy de las huríes;
dad rubíes
a mi cuello de marfil:
soy bella y encantadora;
¿quién no adora
mis ojos, mi pie infantil.
Más perlas que formen lazos
en mis brazos...
Dadme mi turbante azul
cuajado de estrellas de oro,
que es tesoro
de la reina de Estambul.
Cubridme de muselina
leve y fina,
que a mi talle sienta bien,
que sus pliegues nebulosos
son hermosos
en la reina del harem.
Acercadme los espejos
que están lejos:
quiero ver mi perfección;
contemplar si con mi encanto
puedo tanto,
que doy muerte a un corazón."
Calló; se miró al cristal,
mas turbóse de repente
su serena y alba frente
con palidez funeral;
porque a llena luz miró,
y en sus trenzas desmayadas,
puras, frescas y aromadas,
un cabello blanco vio.
Cual si un áspid enroscado,
viese en su nevada sien,
con iras y con desdén
descompuso su tocado.
Fue arrojando por el suelo
collares, plumas, anillos,
gasas, broches y cintillos,
perlas, y turbante, y velo.
Y el cabello maldecía,
y aun es cierto que lloró
cuando airada lo arrancó,
y en los dedos lo tenía.
Mas Noredín, su señor,
que en el cuarto oculto estaba,
mientras ella se quejaba,
respondía a su dolor:
"--Sultana, si en la flor leve
cayó nieve,
se helará la flor gentil;
ya no puede ser amada,
ni llamada
reina hermosa del pensil.
Me sobran ángeles bellos
con cabellos
sin ninguna imperfección:
contempla, pues, si es tan pura,
tu hermosura,
que dé muerte al corazón."
Dijo: le volvió la espalda;
recorrió su harem o cielo,
vio una bella con guirnalda,
y arrojóle su pañuelo
sobre la ondulante falda.



Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres

"Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias."

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Poeta del día

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El verbo, clases de verbos

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¿Qué es el verbo?

El verbo es un tipo de palabra con la que se puede expresar acción, existencia, estado y consecución. Dentro de las oraciones, el verbo actúa como el núcleo del predicado, aunque el verbo, por sí mismo, puede formar una oración, por ejemplo: Llueve (oración impersonal). Los verbos, tomando sus diferentes formas, pueden manifestar distintos pormenores de la acción; así pues, con el verbo "jugar", por ejemplo, se puede decir: Yo juego, tú juegas, ellos jugarán, nosotros habíamos jugado, etc. Estas variaciones señaladas son los denominados accidentes gramaticales del verbo, los cuales son cinco: persona, número, voz, modo y tiempo.

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