José de Espronceda

José de Espronceda

Poeta y Escritor Español cuyo nombre completo es José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda Delgado

Almendralejo, 25 de marzo de 1808-Madrid; 23 de mayo de 1842


35 Poesías de José de Espronceda

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a un ruiseñor

Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.
Teñido el cielo de amaranto y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.
Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío;
y vertiendo dulcísimo desmayo
cual bálsamo suave en mis pesares,
endulzará tu acento el llanto mío.
Publicado en la revista el pensamiento
el 30 de junio de 1841.


Poema a un ruiseñor de José de Espronceda con fondo de libro

Canción del pirata

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

«Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por la mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.



a la noche

Salve, oh tú, noche serena,
que al mundo velas augusta,
y los pesares de un triste
con tu oscuridad endulzas.
El arroyuelo a lo lejos
más acallado murmura,
y entre las ramas el aura
eco armonioso susurra.
Se cubre el monte de sombras
que las praderas anublan,
y las estrellas apenas
con trémula luz alumbran.
Melancólico rüido
del mar las olas murmuran,
y fatuos, rápidos fuegos
entre sus aguas fluctúan.
El majestüoso río
sus claras ondas enluta,
y los colores del campo
se ven en sombra confusa.
Al aprisco sus ovejas
lleva el pastor con presura,
y el labrador impaciente
los pesados bueyes punza.
En sus hogares le esperan
su esposa y prole robusta,
parca cena, preparada
sin sobresalto ni angustia.
Todos süave reposo
en tu calma, ¡oh noche!, buscan,
y aun las lágrimas tus sueños
al desventurado enjugan.
¡Oh qué silencio! ¡oh qué grata
oscuridad y tristura!
¡cómo el alma contemplaros
en sí recogida gusta!
del mustio agorero búho
el ronco graznar se escucha,
que el magnífico reposo
interrumpe de las tumbas.
Allá en la elevada torre
lánguida lámpara alumbra,
y en derredor negras sombras,
agitándose, circulan.
Mas ya el pértigo de plata
muestra naciente la luna,
y las cimas del otero
de cándida luz inunda.
Con majestad se adelanta
y las estrellas ofusca,
y el azul del alto cielo
reverbera en lumbre pura.
Deslízase manso el río
y su luz trémula ondula
en sus aguas retratada,
que, terso espejo, relumbran.
Al blando batir del remo
dulces cantares se escuchan
del pescador, y su barco
al plácido rayo cruza.
El ruiseñor a su esposa
con vario cántico arrulla,
y en la calma de los bosques
dice él solo sus ternuras.
Tal vez de algún caserío
se ve subir en confusas
ondas el humo, y por ellas
entreclarear la luna.
Por el espeso ramaje
penetrar sus rayos dudan,
y las hojas que los quiebran,
hacen que tímidos luzcan.
Ora la brisa süave
entre las flores susurra,
y de sus gratos aromas
el ancho campo perfuma.
Ora acaso en la montaña
eco sonoro modula
algún lánguido sonido,
que otro a imitar se apresura.
Silencio, plácida calma
a algún murmullo se juntan
tal vez, haciendo más grata
la faz de la noche augusta.
¡Oh! salve, amiga del triste,
con blando bálsamo endulza
los pesares de mi pecho,
que en ti su consuelo buscan.



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