José Zorrilla

José Zorrilla

Poeta y Dramaturgo Español cuyo nombre completo es José Zorrilla y Moral

Valladolid, 21 de febrero de 1817-Madrid, 23 de enero de 1893


41 Poesías de José Zorrilla

Poemas más populares de José Zorrilla


Ay del triste

¡Ay del triste que consume
su existencia en esperar!
¡Ay del triste que presume
que el duelo con que él se abrume
al ausente ha de pesar!

La esperanza es de los cielos
precioso y funesto don,
pues los amantes desvelos
cambian la esperanza en celos.
Que abrasan el corazón.

Si es cierto lo que se espera,
es un consuelo en verdad;
pero siendo una quimera,
en tan frágil realidad
quien espera desespera.


Poema Ay del triste de José Zorrilla con fondo de libro

a mi hija (zorrilla)

Por cima de la montaña
que nos sirve de frontera,
te envía un alma sincera
un beso y una canción;
tómalos; que desde españa
han de ir a dar, vida mía,
en tu alma mi poesía,
mi beso en tu corazón.
Tu padre, tras la montaña
que para ambos no es frontera,
lleva la amistad sincera
del autor de esta canción.
Recibe, pues, desde españa
beso y cantar, vida mía,
en tu alma la poesía
y el beso en el corazón.
Si un día de esa montaña
paso o pasas la frontera,
verás el alma sincera
de quien te hace esta canción,
que la hidalguía de españa
es quien sabe, vida mía,
dar al alma poesía
y besos al corazón.


Poema a mi hija (zorrilla) de José Zorrilla con fondo de libro

corriendo van por la vega

Corriendo van por la vega
a las puertas de granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba:
enjuga el llanto, cristiana
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo edén para ti.
Tengo un palacio en granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega del genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza.
Y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en córdoba ni en sevilla
hay un parque como el mío.
Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle y collado.
Allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
que desiertos mis salones
están, mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.
Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de grecia te traeré velos
y de cachemira chales.
Y te daré blancas plumas
para que adornes tu frente,
más blanca que las espumas
de nuestros mares de oriente.
Y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios... ¡Amor!
¿qué me valen tus riquezas
-respondióle la cristiana-,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?
vuélveme, vuélveme, moro
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de león
valen más que tu granada.
Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba,
dijo como quien medita,
en la mejilla una lágrima:
si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en león,
y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del edén, no llores;
vete con tus caballeros.
Y dándole su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.