José Rizal

José Rizal

Poeta, Escritor y Médico Filipino cuyo nombre completo es José Protasio Rizal Mercado y Alonso Realonda

Calambá, 19 de junio de 1861-Manila, 30 de diciembre de 1896


4 Poesías de José Rizal

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Mi último adiós

Adiós, Patria adorada, región del sol querida,

perla del Mar de Oriente, nuestro perdido edén,

a darte voy, alegre, la triste, mustia vida;

y fuera más brillante, más fresca, más florida,

también por ti la diera, la diera por tu bien.

En campos de batalla, luchando con delirio,

otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar.

El sitio nada importa: ciprés, laurel o lirio,

cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio.

Lo mismo es si lo piden la Patria y el hogar.

Yo muero, cuando veo que el cielo se colora

y al fin anuncia el día, tras lóbrego capuz;

si grana necesitas, para teñir tu aurora,

¡vierte la sangre mía, derrámala en buen hora,

y dórela un reflejo de su naciente luz!

Mis sueños, cuando apenas muchacho adolescente,

mis sueños cuando joven, ya lleno de vigor,

fueron el verte un día, joya del Mar de Oriente,

secos los negros ojos, alta la tersa frente,

sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor.

Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo.

¡Salud! te grita el alma que pronto va a partir;

¡salud! ¡Ah, que es hermoso caer por darte vuelo,

morir por darte vida, morir bajo tu cielo,

y en tu encantada tierra la eternidad dormir!

Si sobre mi sepulcro vieres brotar, un día,

entre la espesa yerba, sencilla humilde flor,

acércala a tus labios y besa el alma mía,

y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fría,

de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.

Deja a la luna verme, con luz tranquila y suave;

deja que el alba envíe su resplandor fugaz;

deja gemir al viento, con su murmullo grave;

y si desciende y posa sobre mi cruz un ave,

deja que el ave entone su cántico de paz.

Deja que el sol, ardiendo, las lluvias evapore

y al cielo tornen puras, con mi clamor en pos;

deja que un ser amigo mi fin temprano llore;

y en las serenas tardes, cuando por mí alguien ore,

ora también, oh patria, por mi descanso a Dios.

Ora por todos cuantos murieron sin ventura;

por cuantos padecieron tormentos sin igual;

por nuestras pobres madres, que gimen su amargura;

por huérfanos y viudas, por presos en tortura,

y ora por ti, que veas tu redención final.

Y cuando, en noche oscura, se envuelva el cementerio,

Y solos sólo muertos queden velando allí,

no turbes su reposo, no turbes el misterio:

tal vez acordes oigas de cítara o salterio;

soy yo, querida Patria, yo que te canto a ti.

Y cuando ya mi tumba, de todos olvidada,

no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,

deja que la are el hombre, la esparza con la azada,

y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,

en polvo de tu alfombra que vayan a formar.

Entonces nada importa me pongas en olvido;

tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré;

vibrante y limpia nota seré para tu oído:

aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,

constante repitiendo la esencia de mi fe.

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,

querida Filipinas, oye el postrer adiós.

Ahí, te dejo todo: mis padres, mis amores.

Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores;

donde la fe no mata, donde el que reina es Dios.

Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,

amigos de la infancia, en el perdido hogar;

dad gracias, que descanso del fatigoso día;

adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría;

adiós, queridos seres. Morir es descansar.



Me piden versos

Piden que pulse la lira
Ha tiempo callada y rota:
Si ya no arranco una nota
Ni mi musa ya me inspira!
Balbuce fria y delira
Si la tortura mi mente;
Cuando rie solo miente;
Como miente su lamento:
Y es que en mi triste aislamiento
Mi alma ni goza ni siente.

Hubo un tiempo ... Y es verdad!
Pero ya aquel tiempo huyo,
En que vate me llamo
La indulgencia a la amistad.
Ahora de aquella edad
El recuerdo apensas resta
Como quendan de una fiesta
Los misteriosos sonidos
Que retienen los oidos
Del bullicio de la orquesta.

Soy planta apenas crecida
Arrancada del Oriente,
Donde es perfume el ambiente,
Donde es un sueno la vida:
Patria que jamas se olvida!
Ensenaronme a cantar
Las aves, con su trinar;
Con su rumor, las cascadas;
Y en sus playas dilatadas,
Los murmurios de la mar.

Mientras en la infancia mia
Pude a su sol sonreir,
Dentro de mi pecho hervir
Volcan de fuego sentia;
Vate fui, porque queria
Con mis versos, con mi aliento,
Decir al rapido viento:
Vuela; su fama pregona!
Cantala de zona en zona;
De la tierra al firmamento!

La deje! ... Mis patrios lares.
Arbol despojados y seco!
Ya no repiten el eco
De mis pasados cantares
Yo cruce los vastos mares
Ansiando cambiar de suerte,
Y mi locura no advierte
Que en vez del bien que buscaba,
El mar conmigo surcaba
El espectro de la muerte.

Toda mis hermosa ilusion,
Amor, entusiasmo, anhelo,
Alla quedan bajo el cielo
De tan florida región:
No pidais al corazon
Cantos de amor, que esta yerto;
Porque en medio del desierto
Donde discurro sin calma,
Siento que agoniza el alma
Y mi numen esta muerto.



A la juventud filipina

¡Alza su tersa frente,
Juventud Filipina, en este día!
¡Luce resplandeciente
Tu rica gallardía,
Bella esperanza de la patria mía!

Vuela, genio grandioso,
Y les infunde noble pensamiento,
Que lance vigoroso,
Más rápido que el viento,
Su mente virgen al glorioso asiento.

Baja con la luz grata
De las artes y ciencias a la arena,
Juventúd, y desata
La pesada cadena
Que tu genio poético encadena.

Ve que en la ardiente zona
Do moraron las sombras, el hispano
Esplendente corona,
Con pía sabia mano,
Ofrece al hijo de este suelo indiano.

Tú, que buscando subes,
En alas de tu rica fantasía,
Del Olimpo en las nubes
Tiernisima poesía
Más sabrosa que néctar y ambrosía.

Tú, de celeste acento,
Melodioso rival Filomena,
Que en variado concento
En la noche serena
Disipas del mortal la amarga pena.

Tú que la peña dura
Animas al impulso de tu mente,
Y la memoria pura
Del genio refulgente
Eternizas con genio prepotente.

Y tú, que el vario encanto
De Febo, amado del divino Apeles,
Y de natura el manto
Con mágicos pinceles
Trasladar al sencillo lienzo sueles.

¡Corred! que sacra llama
Del genio el lauro coronar espera,
Esparciendo la fama
Con trompa pregonera
El nombre del mortal por la ancha espera.

¡Día, día felice,
Filipinas gentil, para tu suelo!
¡Al Potente bendice
Que con amante anhelo
La ventura te envia y el consuelo!



Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres

"Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias."

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Poeta del día

Poetisa del día

El verbo, clases de verbos

clases de verbos

¿Qué es el verbo?

El verbo es un tipo de palabra con la que se puede expresar acción, existencia, estado y consecución. Dentro de las oraciones, el verbo actúa como el núcleo del predicado, aunque el verbo, por sí mismo, puede formar una oración, por ejemplo: Llueve (oración impersonal). Los verbos, tomando sus diferentes formas, pueden manifestar distintos pormenores de la acción; así pues, con el verbo "jugar", por ejemplo, se puede decir: Yo juego, tú juegas, ellos jugarán, nosotros habíamos jugado, etc. Estas variaciones señaladas son los denominados accidentes gramaticales del verbo, los cuales son cinco: persona, número, voz, modo y tiempo.

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