Gastón Fernando Deligne

Gastón Fernando Deligne

Poeta y traductor dominicano cuyo nombre completo es Gastón Fernando Deligne

Santo Domingo, 23 de octubre de 1861-San Pedro de Macorís, 28 de enero de 1913


11 Poesías de Gastón Fernando Deligne

Poemas más populares de Gastón Fernando Deligne


ololoi

Yo, que observo con vista anodina,
cual si fuesen pasajes de china...

Tú, prudencia, que hablas muy quedo;
y te abstienes, zebrada de miedo;
tú, pereza, que el alma te dejas
en un plato de chatas lentejas:
tú, apatía, rendida en tu empeño
por el mal africano del sueño;
y ¡oh, tú, laxo no-importa! que aspiras
sin vigor; y mirando, no miras...

El, de un temple felino y zorruno,
halagüeño y feroz todo en uno;
por aquel y el de allá y otros modos,
se hizo dueño de todo y de todos.

Y redujo sus varias acciones,
a una sola esencial: ¡violaciones!
los preceptos del código citas,
y las leyes sagradas no escritas;
la flor viva que el himen aureola,
y el hogar y su honor... ¿Qué no viola...?

Y pregona su orgullo inaudito,
que es mirar sus delitos, delito:
y que de ellos murmúrese y hable,
es delito más grande y notable;
y prepara y acota y advierte,
para tales delitos, la muerte.

Adulando a aquel ídolo falso,
(que de veces irguióse el cadalso!
y a nutrir su hemofagia larvada,
¡cuántas veces sinuó la emboscada!

ante el lago de sangre humeante,
como ante una esperanza constante,
exclamaba la eterna justicia:
¡ololoi, ololoi! (¡sea propicia!)

y la eterna equidad, consternada
ante el pliegue de alguna emboscada,
tras el golpe clamaba y el ay:
¡sea propicia!: ¡ololoi! ¡ololoi!...

Y clamando, clamaban no en vano,
ya aquel pueblo detesta al tirano:
y por más que indicándolo, actúe;
y por más que su estrella fluctúe,
augurando propincuos adioses,
no lo vio. 1Lo impidieron los dioses!

y por mucho que en gamas variables,
-no prudentes, mas no refrenables-
estallasen los odios en coro,
-como estalla en tal templo sonoro
un insólito enjambre de toses-
no lo oyó. ¡Lo impidieron los dioses!

y pasó que la sangre vertida
con baldón de la ley y la vida,
trasponiendo el cadalso vetusto,
¡se cuajó... Se cuajó... Se hizo un busto!

y pasó, que la ruin puñalada,
a traición o en la sombra vibrada,
con su mismo diabólico trazo
¡se alargó... Se alargó... Se hizo un brazo!
cuyo extremo terrífico lanza
un gran gesto de muda venganza.

Y la ingente maldad vampirina
de aquella alma zorruna y felina,
de aquel hombre de sangre y pecado,
vióse frente del tubo argentado
de una maza que gira y que ruge.

¡Y ha caído el coloso al empuje
de un minuto y dos onzas de plomo!

los que odiáis la opresión, ved ahí cómo!
si después no han de ver sus paisanos,
cual malaria de muertos pantanos,
otra peste brotar cual la suya;
¡aleluya! ¡aleluya! ¡aleluya!

si soltada la fuerza cautiva,
ha de hacer que resurja y reviva
lo estancado, lo hundido, lo inerte;
¡paz al muerto! ¡loor a la muerte!
escurre luego por tranquilo cauce,
purpura las hojas y las flores
un abrojo rastrero...



los galaripsos

En la liana vistosa y empinada
funden los galaripsos su esbelteza,
como una aspiración que se anonada
-temblando de pasión- en la belleza.

Tejiéndose al imán de sus amores,
su follaje nervioso, se estremece;
y presume quizás, al echar flores,
que es el árbol amado el que florece.

Teclado son de vientos vagarosos
y cual la mirra de sagrado rito
en espiral remóntanse, ganosos
de holgar entre el planeta y lo infinito.


Poema los galaripsos de Gastón Fernando Deligne con fondo de libro

josefa a. perdomo

Ya se integró al espíritu fecundo
que un tiempo hiciera palpitar su lira,
ya es átomo y celaje y blando efluvio
del perfume, la luz y la armonía.

Nos deja en sus melódicos cantares
inmaculado resplandor celeste,
como el halo divino de una estrella
cuando traspone trémula el poniente.

Enamorada del ameno valle
y del florido soto fue calandria
que alguna vez al éter ascendiera
con la serena majestad del águila.

Gloria y honor del sexo en que el futuro
vincula honor y gloria y alegría,
fue de aquellas que irradian las virtudes
prez del hogar, que los hogares nimban.

Y es de aquellas criaturas venturosas
cuya vida fue salmo, hermoso y noble;
y ante cuyo sepulcro esparce adelfas
y cíñese la patria de crespones.


Poema josefa a. perdomo de Gastón Fernando Deligne con fondo de libro