Gabriel García Moreno

Gabriel García Moreno

Poeta, Estadista, Abogado, Político, Periodista y Escritor Ecuatoriano cuyo nombre completo es Gabriel Gregorio Fernando José María García y Moreno y Morán de Buitrón

Guayaquil, 24 de diciembre de 1821 - Quito, 6 de agosto de 1875


3 Poesías de Gabriel García Moreno

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A la patria (García Moreno)

Patria adorada, que el fatal destino
en fácil presa a la ambición condena;
donde en eterno, oscuro torbellino,
el huracán del mal se desenfrena:

¡ay! ¿para ti no guarda el Ser Divino
alguna aurora sin dolor serena,
alguna flor que adorne tu camino,
alguna estrella de esperanza llena?

Si dicha y paz propicio te reserva,
que su potente mano te liberte 1
del férreo yugo de ambición proterva;

o si no, que los rayos de la muerte
mi pecho hieran, antes que, vil sierva,
pueda infeliz encadenada verte.


Poema A la patria (García Moreno) de Gabriel García Moreno con fondo de libro

A la memoria de Rocafuerte

Pálida, triste, en lágrimas bañada
y herida el pecho de profunda pena,
hermosa virgen, de amargura llena,
a solitaria tumba se acercó;

y al recorrer con lánguida mirada
el yerto polvo que el sepulcro encierra,
en llanto amargo humedeció la tierra
y en lastimeras quejas prorrumpió:

«¡Ya no late tu pecho esforzado;
ya en el cielo tu espíritu se esconde;
ya no se abren los labios de donde
corrió puro, sonoro raudal!

¡Y yo mísera y sola me encuentro,
y de viles traidores cercada,
ofendida, llorosa, ultrajada,
perseguida del genio del mal...!

Cuando airada la suerte enemiga
me colmó de infortunio y horrores,
tú templaste mis crueles dolores,
tú enjugaste mi llanto infeliz.

¡Y hoy no tengo quien llore conmigo,
quien escuche mi triste lamento,
quien imite tu noble ardimiento,
quien herede virtudes de ti!

Anidaba mi pecho esperanzas
que ya en alas del viento volaron,
y dolientes recuerdos dejaron
que no pueden los siglos borrar:

¡ay! recuerdos que son para el alma
penetrantes y duras espinas,
que arraigadas en medio de ruinas
nadie puede después arrancar.

Dulce sueño de paz y ventura,
encantada ilusión que he perdido,
todo yace en la tumba caído;
sólo vive mi acerbo dolor:

¡ya no late tu pecho esforzado;
ya en el cielo tu espíritu se esconde;
ya tu acento a mi voz no responde;
y el destino me inspira terror...!».

Dijo y, llorando, tristes siemprevivas
regó sobre la tumba solitaria;
y con ferviente, fúnebre plegaria,
la piedad del Altísimo imploró.

Cruzó luego las auras fugitivas
súbito lampo y retumbante trueno;
y ayes lanzando del herido seno
la dolorida virgen se ocultó.

En la pálida frente se veía
el caro nombre de la patria impreso,
de la patria, rendida al duro peso
de creciente, implacable adversidad.

¡Infeliz, que luchando en la agonía
y entregada a las garras de la muerte,
ve expirar al virtuoso Rocafuerte,
y alzar al crimen al traidor puñal...!



A Fabio (García Moreno)

Huye lejos de aquí, virtuoso Fabio,
huye, si quieres preservar del vicio
tu juventud florida, que los años
presto te robarán. Mira doquiera
cómo levanta la manchada frente
llena de oprobio y de arrogancia el crimen;
cómo se arrastra la ambición astuta
en fango inmundo, y de repente sube
cual fétido vapor que infesta el cielo.
Allá se esconde prostituta infame
bajo adornos marciales, y su mano
tímida empuña el relumbrante acero,
jamás enrojecido en las batallas.
Impresos lleva en su amarillo rostro
los asquerosos surcos, las señales
que en lecho torpe atesoró. Ninguno
de cuantos vicios inventara el hombre
en largos siglos de maldad, ignora:
traición, perjurio, latrocinio, estafa,
libertinaje impúdico, furores
de bárbara opresión... Su vida impura
encerrada en artículos se encuentra
en el severo código que inspira
saludable terror a los perversos.
¡Y este de corrupción conjunto horrible,
monstruo que hasta el patíbulo infamara,
éste triunfa, domina, tiraniza,
y respira tranquilo! Al pueblo imbécil
con fementido labio artero invoca,
y le ultraja feroz, ¡y el pueblo sufre!,
llora abatido, y resignado calla.
¡Oh vergüenza, oh baldón! Proscrita en tanto
la probidad se oculta, perseguida
por el delito atroz de su inocencia,
sin cesar acosada, expuesta siempre,
en inseguro asilo, a la perfidia
del delator vendido que la acecha.
Así tu patria está. No tardes, huye.
¿Qué esperas? ¿Quieres de tu vida infausta
la suerte mejorar con tu paciencia?
Te engañas, infeliz. A la fortuna
la áspera senda del honor no guía.
Quien a las altas cumbres la audaz planta
mueve y subir procura, no consigue
sino elevarse a la región del rayo;
mas, si los Andes deja, prefiriendo
valles ardientes de fecundo suelo,
se ofrecen luego a su encantada vista
flores y frutos en frondosas selvas:
así el hombre que intrépido se avanza
de la virtud a la fragosa altura,
camina a la desgracia, mientras goza,
en el campo feraz de la ignominia,
de iniquidad el premio el delincuente.
Mira en torno de ti y aprende cauto,
si a la opulencia aspiras, el secreto
que conduce al poder. Miente, calumnia,
oprime, roba, profanando siempre
de patria y libertad el nombre vano:
bajeza indigna, adulación traidora,
previsor disimulo, alevosía
y sórdido interés por ley suprema,
presto te elevarán; y tu infortunio
sombra será como el terror de un sueño.
¿No ves a Espino el cínico, que entona
el hosanna triunfal para el que vence,
y, cuando pasa al Gólgota, le insulta
gritos lanzando de exterminio y muerte?
Pues serena su vida se desliza
de revuelta en revuelta, como corre,
del rugiente Sangay en el declivio,
entre ceniza y desgarradas peñas,
infecta fuente de insalubres aguas.
Y Corredor, y Viperino, y tantos
cobardes y rebeldes, que a tumultos
y no a combates sus galones deben;
y el renegado y falso Turpio Vilio,
que en todos los partidos sienta plaza
y de todos, vendiéndose, deserta:
del polvo se encumbraron, impelidos
al raudo soplo de inmortal infamia.
En esta tierra maldecida, en esta
negra mansión de la perfidia, ¿sirven
para algo la lealtad, la valentía,
la constante honradez, los nobles hechos
del que a la gloria inmola su existencia?
De vil ingratitud la hiel amarga,
de la envidia el veneno y muchas veces
fatídico puñal... Tal es el premio
que el Ecuador a la virtud presenta.
Malvado o infeliz: no hay medio, escoge,
decide pronto, y antes que te oprima
como dogal de muerte la desgracia...
Mas no: desprecia impávido, animoso,
los cálculos del miedo; a la cuchilla
inclina la cerviz y no a la afrenta;
y aunque furiosa la borrasca brame,
y ronco el trueno sobre ti retumbe,
inmóvil, firme tente, que al cadalso
arrastrarte podrán, no envilecerte.
Conozco, sí, la suerte que me aguarda:
présago, triste el pecho que me la anuncia
en sangrientas imágenes que en torno
siento girar en agitado sueño.
Conozco, sí, mi porvenir y cuantas
duras espinas herirán mi frente;
y el cáliz del dolor, hasta agotarle,
al labio llevaré sin abatirme.
Plomo alevoso romperá, silbando,
mi corazón tal vez; mas, si mi patria
respira libre de opresión, entonces
descansaré feliz en el sepulcro.