Francisco Martínez de la Rosa

Francisco Martínez de la Rosa

Poeta, Dramaturgo, Político y Diplomático Español cuyo nombre completo es Francisco de Paula Martínez de la Rosa Berdejo Gómez y Arroyo

Granada, 10 de marzo de 1787 - Madrid, 7 de febrero de 1862


11 Poesías de Francisco Martínez de la Rosa

Poemas más populares de Francisco Martínez de la Rosa


La perdiz

Cesa un instante siquiera,
Cesa, avecilla, en el canto,
Y no atraigas a los tuyos
Con tu pérfido reclamo:
El mismo dueño a quien sirves,
Te arrancó del nido amado,
Te robó la libertad,
Te desterró de los campos;
Y por complacerle ahora,
De tanta crueldad en pago
a tu esposo y a tus hijos
Tú misma tiendes el lazo.
La voz del amor empleas,
Brindas con dulces halagos,
Cuando la tierra y el cielo
A amar están convidando;
Pero entre tanto escondida
La muerte acecha a tu lado,
Pronta a salpicar con sangre
Las bellas flores del prado...
¡Ay!deja al hombre cruel
Valerse de esos engaños;
Llamar con la voz alevosa
y vender a sus hermanos.


Poema La perdiz de Francisco Martínez de la Rosa con fondo de libro

El árbol de la esperanza

Al pie nace de una cuna
El árbol de la esperanza;
Y al son del viento se mece,
Frágil cual trémula caña:
Sólo un instante por dicha
Manso el céfiro le halaga,
Que el cierzo helado lo seca,
Y el austro ardiente lo abrasa.
Crece, da vistosas flores,
Y el fruto rara vez cuaja:
Cual tierna flor del almendro,
Muere por nacer temprana.
Cuanto más alto se encumbra,
Más peligros le amenazan;
Como el cedro que descuella,
Los rayos del cielo llama.
Reposa el águila altiva
En su copa soberana;
Mientras insectos traidores
Están royendo su planta:
Hondas echa las raíces;
Lejos extiende sus ramas;
Y apenas da escasa sombra,
La Muerte su tronco tala.


Poema El árbol de la esperanza de Francisco Martínez de la Rosa con fondo de libro

La soledad (Martínez de la Rosa)

Único asilo en mis eternos males,
Augusta soledad, aquí en tu seno,
Lejos del hombre y su importuna vista,
Déjame libre suspirar al menos:
Aquí, a la sombra de tu horror sublime,
Daré al aire mis lúgubres lamentos,
sin que mi duelo y mi penar insulten
Con sacrílega risa los perversos,
Ni la falsa piedad tienda su mano,
Mi llanto enjuque y me traspasa el pecho.
Todo convida a meditar: la noche
El mundo envuelve en tenebroso velo;
Y aumentando el pavor, quiebran las nubes
De la luna los pálidos reflejos:
El informe peñasco, el mar profundo
Hirviendo en torno con medroso estruendo,
el viento que bramando sordamente
Turba apenas el lúgubre silencio,
Todo inspira terror, y todo adula
Mi triste afán y mi dolor acerbo.
La horrible majestad que me rodea
Lentamente descarga el grave peso
que mi pecho oprimió: por vez primera
Se mezclan mis sollozos a mis ecos,
Y apiadado el destino da a mis ojos
De una mísera lágrima el consuelo..
¡Llanto feliz! Cual bienhechor rocío
templa la sed del abrasado suelo,
Calma la angustia, la mortal congoja
Con que batalla mi cansado esfuerzo;
Y en plácida tristeza absorta el alma,
No envidiará la dicha ni el contento.
Solo en el mundo, de ilusiones libre,
de vil temor y esperanza ajeno,
Encontraré la paz que vanamente
me ofreció con su magia el universo.
¿Qué importa que a mi planta mal segura
Aún falte tierra que estampar su sello,
Y al carcomido escollo amenazando,
Me estreche el mar en angustioso cerco?
¿No me basto a mi mismo? ¿No me es dado
Alzar mis ojos sin pavor al cielo,
Sentir mi corazón que quieto late,
Y el mundo contemplar con menosprecio?
Yo vi en mi aurora de mi edad florida
Sus encantos brindarse a mis deseos:
Gloria, riquezas, cuantos falsos bienes
Anhela el hombre en su delirio ciego,
En torno me cercaron: oficiosa
La amistad redoblada mi contento;
La pérfida ambición me sonreía;
Me brindaba le amor su dulce seno...
Temí, temblé, me apercibí al combate,
Demandé a mi razón su flaco esfuerzo;
Y apenas pude en afanosa lucha
Rechazar tanto hechizo lisonjero.
¡Qué fuera, Dios, si al rápido torrente
Yo propio me arrojara! En presto vuelo
Pasaron cinco lustros de mi vida,
Y el cuadro encantador huyó con ellos ;
Huyó, volví la vista, lance un grito....
Y en vez de flores encontré un desierto.