Clemente Zenea

Clemente Zenea

Poeta y Escritor Cubano cuyo nombre completo es Juan Clemente Zenea

Cuba 1832-1871


18 Poesías de Clemente Zenea

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Adiós (JCZ)

¿Qué te puedo ofrecer? –De un alma inquieta
un suspiro de amor desesperado,
mis pálidos laureles de poeta
y mis sueños de mártir emigrado!

Vengo a brindarte una esperanza tierna
para pagarle a mi pasión tributo,
y a pronunciar mi despedida eterna
vistiendo el arpa con crespón de luto.

Amargo adiós entre mis labios vaga,
como rueda en el aire el eco incierto
del gemido de un hombre que naufraga
cuando corta el bajel ondas del puerto.

¡Ya no más te veré! –Ronco murmullo
levanta mi conciencia, y yo indignado
imponiendo cadenas a mi orgullo
perdón te pido por haberte amado!

¡Perdón! ¡Perdón! –No pienses, inhumana,
que mi tormento y mi dolor mitiga
la promesa de hallar en ti una «hermana,»
o el pensamiento de llamarte «amiga.»

Olvida el loco afán y el entusiasmo
con que tu imagen adoré de hinojos,
y no pagues con risas de sarcasmo
las gotas más acerbas de mis ojos.

Olvida si es posible, las pasadas
noches, en que al cruzar junto a tus rejas
blanquearon mis cabellos las nevadas,
y el viento se llevó mis tristes quejas!



Dichoso el hombre...

Dichoso el hombre que sensible y tierno
en la heredad de su familia espera,
poder sembrar el grano en primavera
y recoger el fruto en el invierno.

Dichoso aquel que con placer interno
celebrando una boda placentera,
elige por esposa y compañera
una vecina del hogar paterno.

Mas ¡ay! del triste a quien la fiebre abrasa
y en tierra extraña suspirando siente
que muere el alma en eternal desmayo!

¡Oh! trasportadme a mi paterna casa,
y allí dejadme calentar la frente
del sol de Cuba al abrasante rayo!


Poema Dichoso el hombre... de Clemente Zenea con fondo de libro

Isabel

ISABEL

Pobre Isabel! –Me han dicho que moriste
poco tiempo después de mi partida,
y me ha sido tan triste, sí, ¡tan triste!
esta nueva fatal!

No en vano yo escuché cierto gemido
como un susurro en mi redor vagando,
y lo tomé por eco de un sonido
de las brisas del mar!

Era un lamento que quizá me enviabas,
era que tú de mí te despedías,
era el himno postrer que pronunciabas,
era el último adiós!

Mas ¿quién pensara que tan breve fuera
la vida de los buenos? ¿Quién pensara
que entre nubes tan pronto se extinguiera
aquel naciente sol?

Pasaban por mi mente confundidas
veladas con cendales vaporosos,
las imágenes bellas y queridas
de los seres que amé;

Entonces tú también cual sombra incierta
cruzaste fugitiva en mi memoria,
¡Y ya estabas enferma... Estabas muerta!
bajo tierra tal vez!

Cuántos otros habrán agonizado
durante el largo tiempo de mi ausencia!
¡Cuántos, cuántos que vivos he dejado
cadáveres serán!

Y cuántas flores necesito, ¡cuántas!
para adornar vuestras modestas tumbas,
si os voy a visitar, si al fin mis plantas
huellan tierra natal!