Antonia Díaz Fernández de Lamarque

Antonia Díaz Fernández de Lamarque

Poetisa Española cuyo nombre completo es Antonia Díaz Fernández de Lamarque

Marchena, provincia de Sevilla, 1827 - Dos Hermanas, 19 de mayo de 1892


6 Poesías de Antonia Díaz Fernández de Lamarque

Poemas más populares de Antonia Díaz Fernández de Lamarque


A mi amiga Teresa

Ya próspera lució sobre tu frente
La corona nupcial, mi dulce amiga;
Del Hacedor la mano omnipotente
Tu venturosa union grata bendiga.

¡Oh! bendígala, sí: que sea eterno
El amor noble y puro que atesora
Ese esposo feliz, á quien tu tierno
Y entusiasmado corazon adora.

¡Bendígala el Señor! Que resplandezca
La dicha para tí: que la esperanza
Siempre á tus ojos apacible ofrezca
Un porvenir de eterna bienandanza.

Tú eres la flor mas pura y mas galana
Que admira el Bétis en su hermosa orilla,
Y el lucero mas fúlgido que ufana
Muestra en su cielo la oriental Sevilla.

¡Oh! no hay ninguna que feliz ostente
Labios mas puros que tus labios rojos,
Frente mas tersa que tu tersa frente,
Ojos mas bellos que tus bellos ojos.

No hay cual la tuya celestial mirada,
Ni quien graciosa como tú sonría;
Tú eres bella entre bellas admirada;
Tú eres ángel de amor, Teresa mía.

Mas ¡ah! que no es tan solo la belleza,
Frágil encanto que extinguirse puede,
El alto don que en su eternal grandeza
La mano del Inmenso te concede.

No es tan solo ese don, que su clemencia,
Porque en todo llevar puedas la palma,
Dió á tu sensible pecho la inocencia,
Y de virtudes coronó tu alma.

¡Oh! siempre el mundo por tu bien te vea
Cercada del encanto peregrino
De la santa virtud; la virtud sea
El sol que resplandezca en tu camino.

Serálo, y ante el pueblo que te admira
De esposas brillarás claro modelo,
Y ese que tierno por tu amor suspira
Verá la tierra convertida en cielo.

¡Oh! que la paz te arrulle lisongera,
Que la horrible y funesta desventura
No pueda nunca despiadada y fiera
Grabar sus huellas en tu frente pura.

Jamas tus labios con pesar suspiren,
Huyan de tí la angustia y los dolores,
Y la futura edad tus ojos miren
Siempre ceñida de aromosas flores.



La resignación

Es grato contemplar la esplendorosa
Luz que derrama el sol en occidente,
Y grato respirar el manso ambiente
De la apacible tarde silenciosa.

Grato es al alma que feliz olvida
La amarga realidad de la existencia,
Del Eterno admirar la omnipotencia
Y bendecir sus obras sin medida.

Esos que el astro moribundo envía
Templados rayos de dorada lumbre,
Esa grandiosa y elevada cumbre
Donde se vuelve la mirada mia,

Esas brillantes nubes de topacio
Que lucen extendidas en la esfera
Con esmalte divino, esa ligera
Ave que cruza el anchuroso espacio:

Del manso rio que á mis piés ondea
El apacible y lánguido murmullo,
Ese risueño y armonioso arrullo
Del álamo que el céfiro cimbrea;

El aire leve que anhelante aspiro
De rosas y azahares perfumado
Y ese que el corazon enagenado
Exhala á su pesar mudo suspiro;

Alivio dulce y celestial ofrecen
Al alma inquieta si angustiada gime,
Y el dolor se disipa que la oprime
Y bellos pensamientos la adormecen.

¡Ah! si el que sufre mísero no alcanza
En el mundo infeliz algun consuelo,
En grata soledad puede en el cielo
La estrella contemplar de la esperanza.

Esperanza divina, lumbre pura,
Por tí el olvido nuestras penas lleva,
Por tí dichoso el corazon se eleva
A la morada de eternal ventura.

Tú das resignacion ¡Feliz, Dios santo,
Quien resignado sus pesares mira,
Y elevándose á ti cuando suspira
Enjuga en alas de la Fé su llanto!

Resignacion, tu antorcha resplandece
Y plácida renace la alegría,
Veloz se ahuyenta la inquietud impía
Y todo encanto celestial ofrece.

A tu poder de las lozanas flores
Son más puros los hálitos suaves,
Más sonoros los cantos de las aves,
Más brillantes del sol los resplandores.

Resignacion, emanacion divina
De las leyes del Dios omnipotente,
Santo consuelo, antorcha refulgente,
Dichoso aquel que á tu esplendor camina!

Feliz el que del mundo la grandeza
Y falsas glorias con desprecio mira,
Y la creacion entusiasmado admira,
Mágica fuente de inmortal belleza.

Campos risueños, deliciosa calma,
Ultimo rayo de la luz del dia,
Vosotros la tenaz melancolía
Podeis tan solo mitigar del alma.

Sí; que aqui vuelve con celeste anhelo
A la mansion etérea su mirada,
Fiel repitiendo: «aquella es la morada
Adonde libre tenderé mi vuelo.»

Míseras son las dichas de la tierra,
Allí es tan solo donde el bien se alcanza...
¿Quién al brillo de célica esperanza
La esperanza mundana no destierra?



A un jazmín

Feliz jazminero, ya cubren el muro
Los verdes renuevos que plácido ostentas,
Y ya al blando soplo del céfiro puro
Frondosas guirnaldas erguido presentas.

Y grato parece que próvido alzando
Los tallos flexibles que inquieto cimbreas,
Y sombra y frescura risueño brindando,
El bien de otras plantas amante deseas.

Ya tierno á la yedra que lánguida pudo
Rendirse marchita sostienen tus brazos:
O ya compasivo, del árbol desnudo
Las ramas encubres con móviles lazos.

Y apenas tranquila se eleva la aurora,
Tus flores que lucen cual blancas estrellas,
Ofreces al astro de luz bienhechora
Y das al espacio perfumes con ellas.

Y al ver á la yerba que al pié de tí crece
Tus galas vistosas ansiar con anhelo,
Los albos jazmines que el éuro estremece
Cual lluvia de plata descienden al suelo.

Asi tú que nunca te muestras esquivo
Y dones otorgas benigno y clemente,
Por cada flor pura que das compasivo
Cien otras de nuevo tendrás en tu frente.

Y ufano prosperas: los fieros rigores
Rendirte no pueden de cáncer impío;
Y al par que agostadas se ven otras flores
Tus frescas guirnaldas respeta el estío.