Andrés Bello

Andrés Bello

Filósofo, poeta, traductor, filólogo, ensayista, educador, político y diplomático cuyo nombre completo es Andrés de Jesús María y José Bello López

Caracas, 29 de noviembre de 1781-Santiago, 15 de octubre de 1865


20 Poesías de Andrés Bello

Poemas más populares de Andrés Bello


a la nave

Oda imitada de la de horacio o navis, referent.

¿Qué nuevas esperanzas
al mar te llevan? torna,
torna, atrevida nave,
a la nativa costa.

Aún ves de la pasada
tormenta mil memorias,
¿y ya a correr fortuna
segunda vez te arrojas?

sembrada está de sirtes
aleves tu derrota,
do tarde los peligros
avisará la sonda.

¡Ah! vuelve, que aún es tiempo,
mientras el mar las conchas
de la ribera halaga
con apacibles olas.

Presto erizando cerros
vendrá a batir las rocas,
y náufragas reliquias
hará a neptuno alfombra.

De flámulas de seda
la presumida pompa
no arredra los insultos
de tempestad sonora.

¿Qué valen contra el euro,
tirano de las ondas,
las barras y leones
de tu dorada popa?

¿qué tu nombre, famoso
en reinos de la aurora,
y donde al sol recibe
su cristalina alcoba?

ayer por estas aguas,
segura de sí propia,
desafiaba al viento
otra arrogante proa;

y ya, padrón infausto
que al navegante asombra,
en un desnudo escollo
está cubierta de ovas.

¡Qué! ¿no me oyes? ¿el rumbo
no tuerces? ¿orgullosa
descoges nuevas velas,
y sin pavor te engolfas?

¿no ves, ¡oh malhadada!
que ya el cielo se entolda,
y las nubes bramando
relámpagos abortan?

¿no ves la espuma cana,
que hinchada se alborota,
ni el vendaval te asusta,
que silba en las maromas?

¡vuelve, objeto querido
de mi inquietud ansiosa;
vuelve a la amiga playa,
antes que el sol se esconda!



A la victoria de Bailén

Rompe el león soberbio la cadena
con que atarle pensó la felonía,
y sacude con noble bizarría
sobre el robusto cuello la melena.

La espuma del furor sus labios llena,
y a los rugidos que indignado envía,
el tigre tiembla en la caverna umbría,
y todo el bosque atónito resuena.

El león despertó; ¡temblad, traidores!
lo que vejez creísteis, fue descanso;
las juveniles fuerzas guarda enteras.

Perseguid alevosos cazadores,
a la tímida liebre, al ciervo manso;
¡no insultéis al monarca de las fieras!


Poema A la victoria de Bailén de Andrés Bello con fondo de libro

el anauco

Irrite la codicia
por rumbos ignorados
a la sonante tetis
y bramadores austros;
el pino que habitaba
del betis fortunado
las márgenes amenas
vestidas de amaranto,
impunemente admire
los deliciosos campos
del ganges caudaloso,
de aromas coronado.

Tú, verde y apacible
ribera del anauco,
para mí más alegre,
que los bosques idalios
y las vegas hermosas
de la plácida pafos,
resonarás continuo
con mis humildes cantos;
y cuando ya mi sombra
sobre el funesto barco
visite del erebo
los valles solitarios,
en tus umbrías selvas
y retirados antros
erraré cual un día,
tal vez abandonando
la silenciosa margen
de los estigios lagos.

La turba dolorida
de los pueblos cercanos
evocará mis manes
con lastimero llanto;
y ante la triste tumba,
de funerales ramos
vestida, y olorosa
con perfumes indianos,
dirá llorando filis:
aquí descansa fabio .

¡Mil veces venturoso!
pero, tú, desdichado,
por bárbaras naciones
lejos del clima patrio
débilmente vaciles
al peso de los años.
Devoren tu cadáver
los canes sanguinarios
que apacienta caribdis
en sus rudos peñascos;
ni aplaque tus cenizas
con ayes lastimados
la pérfida consorte
ceñida de otros brazos.