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Se han encontrado 31 poemas con la palabra encantadora

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Adelardo López de Ayala

A Isabel

-- de Adelardo López de Ayala --

De Málaga la tierra encantadora
puso en tu frente cuantas rosas crías,
y el espléndido sol de Andalucía,
en tus ardientes ojos se atesora.

Cuando la risa endulza y aminora
el rayo audaz que tu mirada envía,
el alma se estremece de alegría,
bañada en luz de la primer aurora.

Un espejo te mando... -¡Error profundo!
Si al retratarte, el gozo te despierta
de admirar en tu rostro un paraíso,

mustio después encontrarás el mundo,
y temo que el espejo se convierta
en la encantada fuente de Narciso.

Poema A Isabel de Adelardo López de Ayala con fondo de libro


Alberto Lista

La esperanza

-- de Alberto Lista --

Dulce esperanza, del prestigio amado
pródiga siempre, que el mortal adora,
ven, disipa piadosa y bienhechora
las penas de mi pecho acongojado.

Vuelve a mi mano el plectro ya olvidado,
y al seno la amistad consoladora;
y tu voz, oh divina encantadora,
mitigue o venza la crueldad del hado.

Mas ¡ay! no me presentes lisonjera
aquellas flores que cogiste en Gnido,
cuyo jugo es mortal, aunque es sabroso.

Pasó el delirio de la edad primera,
y ya temo el placer, y cauto pido,
no la felicidad, sino el reposo.

Poema La esperanza de Alberto Lista con fondo de libro


Alejandro Tapia y Rivera

A Elena (Tapia)

-- de Alejandro Tapia y Rivera --

Colúmpiase en el valle una azucena
tan pura y tan galana
como de abril la cándida mañana.
El zumbador que la enamora tierno
de su pudor y su beldad celoso,
no se atreve a libar en su corola
el néctar delicioso;
del sustento es priva
porque lozana y candorosa viva,
y muriera contento
gozando los perfumes de su aliento:
encantadora Elena,
yo soy el zumbador, tú la azucena.

Poema A Elena (Tapia) de Alejandro Tapia y Rivera con fondo de libro


Alejandro Tapia y Rivera

Una ausencia

-- de Alejandro Tapia y Rivera --

¡Oh! ¡cuán triste se queja el alma mía!
Si la mañana hermosa
con su rosado velo,
con plácida armonía
me saluda al subir al alto cielo,
por mi amante deliro
y saluda a la aurora mi suspiro.

Si la tarde apacible
con su franjado cielo bonancible
risueña me corona,
y si arrulla mi frente
con deleitoso y perfumado ambiente,
me contristo también, porque mi alma
no halla sin ella la apacible calma.

¡Si la noche serena,
de paz y encanto llena,
me halaga cariñosa,
si luz vierten radiosa
los astros que se encumbran,
en vano piden luz mis tristes ojos,
sus ojos no me alumbran!

¡Cuán dichosos aquellos que en la ausencia
del hado hallan clemencia
y ven do quiera la mujer querida;
en tanto que a mi queja dolorida
responde soledad muda y eterna!
Su imagen pura, su memoria tierna
son recuerdo no más, ilusión vana...
Deliciosa mañana,
encantadora tarde, noche fría,
¡oh! ¡cuán triste se queja el alma mía!



Manuel Acuña

A ch...

-- de Manuel Acuña --

Si supieras, niña ingrata,
lo que mi pecho te adora;
si supieras que me mata
la pasión que por ti abrigo;
tal vez, niña encantadora,
no fueras tan cruel conmigo.

Si supieras que del alma
con tu desdén ha volado
fugaz y triste la calma,
y que te amo más mil veces,
que las violetas al prado
y que a los mares los peces;

tal vez entonces, hermosa,
oyeras el triste acento
de mi querella amorosa;
y atendiendo a mi reclamo,
mitigaras mi tormento
con un beso y un "yo te amo".

Si supieras, dulce dueño,
que tú eres del alma mía
el sólo y único sueño;
y que al mirar tus enojos,
la ruda melancolía
baña en lágrimas mis ojos;

tal vez entonces me amaras,
y con tus labios de niño
mis labios secos besaras;
y cariñosa y sonriente
a mi constante cariño
no fueras indiferente.

Ámame, pues, niña pura
ya que has oído el acento
del que idolatrarte jura;
y atendiendo a mi reclamo,
ven y calma mi tormento
con un beso y un "yo te amo".



Manuel Bretón de los Herreros

A la pereza

-- de Manuel Bretón de los Herreros --

¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio el que madruga con la aurora
aunque las musas digan que enamora
oír cantar a un ave en la alborada!

¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada
reposar una hora y otra hora!
Comer, holgar..., ¡Qué vida encantadora,
sin ser de nadie y sin pensar en nada!

¡Salve, oh, Pereza! En tu macizo templo
ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo

arrastro bostezando: y en tal modo
tu apacible modorra a entrar me empieza
que no acabo el soneto... De per... (Eza)



Manuel de Zequeira

A la vida

-- de Manuel de Zequeira --

Vida, que sin cesar huyes de suerte
que no eres de algún bien merecedora,
¿Por qué quieres llevarme encantadora
con alegre esperanza hasta la muerte?

Si el tiempo que risueña te divierte
es el mismo al fin que te devora
¿Por qué te he de apreciar si a cada hora
se me acerca el momento de perderte?

¿Mas, que pierdo en perderte?; la vil parte
de la miseria humana, el cuerpo indigno
que debieras mas bien de él alejarte,

si a más vida, más males imagino
ya me puedes dejar, que yo en dejarte
harto que agradecer tengo al destino.



Ignacio María de Acosta

La sonrisa

-- de Ignacio María de Acosta --

Esa sonrisa hermosa
que entre tus labios juega
como el ligero soplo
del aura en la flor bella,
aquí, en el alma causa
una impresión secreta,
que a comprender no alcanza
mi pobre inteligencia.
Me burlan mis amigos,
y Clori la discreta
con sus malignos ojos
también me burla, Iselia,
si mústio, pensativo,
absorto en mis quimeras,
sorprñendenme en la choza
o bien en la pradera.
Ignoran mi secreto
y a mi aflicción extrema
ni aun el consuelo triste
de compasión le queda.
Pregúntanme la causa:
mas ¡cielos! quién creyera
que es tu sonrisa hermosa,
Encantadora Iselia...?



Pedro Bonifacio Palacios

A la primavera

-- de Pedro Bonifacio Palacios --

¡Salud, primavera, princesa encantadora!
saludo engrandecido las gasas de tu velo;
ya orlan tus vestidos el argentino suelo.
¡Salud, reina galana que el trópico atesora!
En la triunfal carroza que llegas, soñadora,
viene la diosa áurea con perfumado vuelo.
¡Quién sabe de qué mundo! ¡quién sabe de qué cielo!
¡salud, gentil doncella! ¡tu túnica enamora!
De tus joyas de virgen, los rizos nacarados
se extienden tiernamente con sin igual candor;
por las grandes ciudades, por los desiertos prados,
tus tintes de armonías, tus ecos sublimados,
encierran luengas páginas de ensueños y de amor.
¡Salud, reina que llegas de mundos ignorados!



A la Magdalena

-- de José Somoza --

A la virtud, cuando habitara el suelo,
su imperio la belleza sometía,
la faz encantadora que atraía
el mundo al sonreír, lloró ante el Cielo.

Calmose el huracán que en raudo vuelo
el mar de las pasiones embestía;
fue la tiniebla luz, la noche día,
alzando la verdad su eterno velo.

La paz logró en la tierra una victoria,
y a las plantas del Justo por trofeos
se vieron los placeres, los amores;

las insignias del triunfo de más gloria,
las armas de la lid de los deseos,
suspiros, besos, lágrimas, olores.



José Tomás de Cuellar

Anacreontica

-- de José Tomás de Cuellar --

ACÉRCATE á este chopo
Dorila encantadora,
Que tienes las mejillas
Cual rojas amapolas;
Que pasten libres deja
Las cabras por la loma,
Y goza aquí un instante
De la apacible sombra,
Que aquí está blando el césped
Y corre agua sonora:
Ven á mi lado amante,
Y al son de la zampoña
Entonaré cantares
Mientras el sol arroja



José Tomás de Cuellar

La mujer que amé

-- de José Tomás de Cuellar --

¡AH! yo la vi, divina, encantadora,
En la mitad de mi árido camino,
Como la luz de la rosada aurora.
Como la playa el náufrago marino.

Hubo un tiempo en que solo recorría
El vasto erial del fementido mundo,
Rendido por letal melancolía,
Lleno mi pecho de dolor profundo.

Una funesta noche, ¡noche horrible,
Que nunca olvida la memoria mía!
Abrumado de tédio irresistible
En el festín alegre me perdía...



Andrés Bello

Y posible será que destinado

-- de Andrés Bello --

¿Y posible será que destinado
he de vivir en sempiterno duelo,
lejos del suelo hermoso, el caro suelo
do a la primera luz abrí los ojos?

Cuántas, ¡ah!, cuántas veces dando
auque breve a mi dolor consuelo,
oh montes, oh colinas, oh praderas,
amada sombra de la patria mía.

Orillas del Anauco placenteras,
escenas de la edad encantadora,
que ya de mí, huyeron por mezquino,

huyó con presta irrevocable huida;
y toda en contemplarnos embebida
se goza el alma, a par que pena y llora.



Manuel Machado

Las mujeres de Romero de Torres

-- de Manuel Machado --

Rico pan de esta carne morena, moldeada
en un aire caricia de suspiro y aroma...
Sirena encantadora y amante fascinada,
los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma...

Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:
Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce,
Adela... Las Mujeres que todos conocemos,
que todos conocemos ¡y nadie las conoce!

Naranjos, limoneros, jardines, olivares,
lujuria de la tierra, divina y sensüal,
que vigila la augusta presencia del ciprés.

En este fondo, esencia de flores y cantares,
os fijó para siempre el pincel inmortal
de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.



Medardo Ángel Silva

Intermezzo

-- de Medardo Ángel Silva --

La seda de tus lánguidas pestañas
a proteger tus ojos descendía,
ante la encantadora bicromía
de las aristocráticas arañas.

Un solemne mutismo de campañas
al Vesper nuestras almas invadía;
y, de súbito habló la melodía
con un dulzor de pastoriles cañas...

Para escucharla, se detuvo el viento...
A la maga caricia de su acento,
vibró tu carne de escultura, viva;

la noche se durmió en tu cabellera
y besando las lilas de tu ojera,
se perfumó una lágrima furtiva.



Manuel Reina

Flores secas

-- de Manuel Reina --

No extrañéis que conserve, cual tesoro,
esas pálidas flores;
sus hojas son las páginas de oro
de una historia de amores.

Esas páginas traen a mi memoria
la ventura perdida;
el tiempo del placer y de la gloria,
mañana de la vida.
........................................
El fuego en tu corola ya no arde,
despedazada rosa;
lindo adorno tú fuiste, cierta tarde,
del pecho de una hermosa.

Este mustio clavel, bella Dolores,
borró nuestros enojos;
aún me parece ver, en sus colores,
los de tus labios rojos.

Esos nardos, con pétalos brillantes,
Adelina hechicera,
bañaron en aromas penetrantes
tu blonda cabellera.

Amelia regalome esta camelia
con lúbrico embeleso,
dando a la flor la encantadora Amelia
un encendido beso.

Tus pétalos de plata, raso y oro,
marchitada azucena,
aún parecen regados por el lloro
de la dulce Filena.
........................................
Las flores están ya tristes y yertas;
sus hojas, en jirones;
todo pasó; las flores están muertas
como mis ilusiones.



Esteban Echeverría

serenata

-- de Esteban Echeverría --

Al bien que idolatro busco
desvelado noche y día,
y la esperanza me lleva
tras su imagen fugitiva,
prometiéndome engañosa
felicidades y dichas:
ángel tutelar que guardas
su feliz sueño, decidla
las amorosas endechas
lo que mi guitarra suspira.

Sobre el universo en calma
reina la noche sombría,
y las estrellas flamantes
en el firmamento brillan:
todo reposa en la tierra
sólo vela el alma mía.
Ángel tutelar que guardas
su feliz sueño, decidla,
las amorosas endechas
que mi guitarra suspira.

Como el ciervo enamorado
busca la cierva querida,
que de sus halagos huye
desapiadada y esquiva;
así yo corro afanoso
en pos del bien de mi vida.
Ángel tutelar que guardas
su feliz sueño, decidla,
las amorosas endechas.

El contento me robaste
con tu encantadora vista,
y sin quererlo te hiciste
de un inocente homicida:
vuélvele la paz al menos
con tu halagüeña sonrisa.
Ángel tutelar que guardas
su feliz sueño, decidla,
las amorosas endechas
que mi guitarra suspira.

Vii



Francisco Sosa Escalante

A la noche (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Cubriste ya la tierra con tu velo
¡Oh noche de mi mal consoladora!
Tu calma y tu silencio el alma adora
Pues tregua ofrecen á mi triste duelo.

Radiante cruza el azulado cielo,
Seguido de su corte encantadora
El astro del amor, miéntras la aurora
Vuelve á lucir y á renovar mi anhelo.

Ah! si tus horas prolongar pudiera,
¡Cuán dichoso y feliz me sentiría!
¡Qué dulce el curso de mi vida fuera!

Odio la luz del esplendente día
Porque al brillar en la celeste esfera
El sol alumbra la tristeza mia.



Francisco Sosa Escalante

A un niño (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Mezcla indefinible de tristeza
Y de íntimo placer, al verte, siento
Cuando sigues feliz el movimiento
De ave pintada que á volar empieza.

Si de la flor en la gentil belleza,
¡0h niño! encuentras plácido contento,
Henchido de temor mi pensamiento
Al porvenir oscuro se endereza

En el ave y la flor encantadora
La fiel imagen de tu vida miro
Hoy que disfrutas de la edad temprana:

Artero cazador, mano traidora
La muerte les dará; y á ti en su giro
Las tristes penas de la vida humana.



Francisco Sosa Escalante

A una flor (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Deja que imprima de ternura lleno,
Mis labios en tus pétalos de grana,
Ya que luciste tu esplendor, galana
Sobre la nieve de su blanco seno.

Deja que al llanto y al dolor ajeno
Celebre tu ventura soberana,
Encantadora flor que en la mañana
Gentil brillaras en el prado ameno.

¡Ay! ya marchita al trascurrir las horas
He de venir á hallarte al nuevo día,
Sin las tintas brillantes que atesoras!

Y así te guardaré! que el alma mía
Por tí ha de recordar las seductoras
Frases del ángel que hasta mí te envía.



Francisco Sosa Escalante

Elvira (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Por destronada majestad te deja
En el abismo del dolor hundida,
A tí, su encantadora prometida,
Arturo, infiel, y sin piedad se aleja

No mira que en tus sienes se refleja
Corona de los cielos desprendida;
De las promesas del amor se olvida
Y parte así, sin escuchar tu queja.

El llanto enjuga; tornará el perjuro,
Y tras las horas de la pena impía
Tendrás, Elvira, bienestar seguro.

¡Oh dulce alondra, cuando brille el día
Tu amado volverá; que es un conjuro
De tu canto sin par la melodía.



Francisco Sosa Escalante

En un abanico (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Por más que seas de cariño ofrenda
Y admire tus primores soberanos,
De tu dueño gentil entre las manos
Rica te juzgo pero inútil prenda.

La que ha perdido del pudor la venda,
Necesita de tí, y alardes vanos
Ofrece de candor, miéntras livianos
Sus pensamientos hacen que se encienda.

No así la niña encantadora y pura
A quien mi canto brindo reverente
Y en cuyos ojos la pasion fulgura.

No así tu dueño, no; brilla en su frente
Diadema de virtud y de hermosura,
Como rayo de sol, resplandeciente.



Francisco Sosa Escalante

En un álbum (Sosa Escalante III)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Aunque nunca la luz de tu mirada
Derramó sobre mí sus resplandores,
Ni oí jamás tu voz, los trovadores
Que estás, me dicen, de belleza ornada.

Yo sé tambien por ellos, que es morada
De la virtud, tu corazón; que flores
Te ofrecen la amistad y los amores
Y que eres entre todas celebrada;

Que es la luz de tus ojos clara aurora.
Como la noche negra, tu cabello,
Y tus labios cual flor encantadora.

Por eso al recibir tu libro bello
Como una ofrenda á tu beldad, señora,
Con este canto tus elogios sello.



Francisco Sosa Escalante

Júpiter y Leda

-- de Francisco Sosa Escalante --

De Leda, ninfa de hechicero encanto,
Quiso el rey de los dioses, cierto dia,
Alcanzar el amor; mas ella, fría
Oyó del dios el amoroso canto.

Ni los ruegos de Júpiter, ni el llanto,
Vencer lograron á la ninfa impía
Que, fuerte, su pureza defendía
Y no dejaba del pudor el manto.

De cisne entonces Júpiter vestido
A la ninfa llegó; de su blancura
Prendóse Leda y le abrigó en su seno...

¡Oh niña encantadora! no en olvido
Pongas, que infame el seductor procura
Llegar á la beldad con manto ajeno.



Francisco Sosa Escalante

La caza (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

¡Cuán alegre y feliz sobre la rama
De roble erguido que respeta el viento,
Gozosa lanza su amoroso acento
Canora el ave que á su dueño llama!

En tanto fiero el hombre que proclama
Ser rey del Universo, y es portento
De bondad y saber y sentimiento,
A quien la sacra inspiración inflama,

Siente envidia tal vez de un sér dichoso,
Su trino placentero le lastima
Y le recuerda de su amor la suerte.

Prepara el arma, y luego, cauteloso,
Oculto entre las hojas, se aproxima
Y al ave encantadora da la muerte.



Francisco Sosa Escalante

La siesta (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Tras el regio festin de la mañana
De aromas, y de luz, y de armonías,
Parece que á tan dulces alegrías
Natura, tregua, por brindar se afana.

La vocinglera turba cortesana
De aves canoras, busca las umbrías
Soledades do corren mansas, frías,
Las aguas puras que la roca mana.

Los brazos de la ninfa encantadora
Busca el amante con febril empeño
Y ardiente jura que sin tin la adora.

Ella le llama con pasión su dueño,
Se embriagan con su dicha seductora
Y el ángel del amor vela su sueño.



Francisco Sosa Escalante

Lazo de amor

-- de Francisco Sosa Escalante --

Ese ángel puro que con dulce anhelo
Gozosos contemplais en este día,
Lazo es de amor que á vuestro hogar envía
Como una santa bendicion el cielo.

Lirio que brota á perfumar el suelo,
Ave parlera y fuente de alegría
En la vida tendreis que ayer corría
En triste soledad y amargo duelo.

Bendecid al Señor; brillante aurora
A vuestro noble corazon ofrece
Tras la noche de pena abrumadora.

Bendecid al Señor; él resplandece
En la dulce sonrisa encantadora
Del niño que un arcángel os parece.



Francisco Sosa Escalante

Margarita (Sosa Escalante II)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Dices bien, Margarita encantadora,
En tu régia mansión la paz serena
De dicha celestial el alma llena,
Nadie suspira, se lamenta ó llora.

Tesoro de bondad, la mediadora
Quisieras ser en la ciudad del Sena,
En el fatal instante en que resuena
De religión la lucha asoladora.

¡Mas ay! en vano tu divino acento
Calmar pretende á la iracunda y ciega
Turba, que ruge cual leon hambriento;

En vano, en vano tu piedad le ruega,
Que esa campana en su clamor violento
Grita que el pueblo á asesinar se entrega.



Francisco Sosa Escalante

Tu secreto (Sosa Escalante)

-- de Francisco Sosa Escalante --

Te engañas, Margarita encantadora,
Si piensas ocultar el vivo fuego
Que arde en tu corazon; Amor es ciego
Y más y más lo es, si triste llora.

El amor tus mejillas descolora,
Tu voz traduce del amor el ruego,
Y tus pupilas con su ardiente riego
Denuncian la pasion que te devora.

Si el sol la casta nitidez aviva
De la flor del cariño delicada,
¿Por qué pretendes que en la sombra viva?

Si es noble tu pasion, ¿por qué guardada
Así la dejas, cuando puede altiva
Reflejarse en la luz de tu mirada?



José Asunción Silva

Adriana

-- de José Asunción Silva --

Noble como la cándida adorada
del inmortal poeta florentino,
corona de la frente inmaculada
el dorado cabello
que sobre el hombro flota en blondos rizos,
perdida en el espacio la mirada
como se pierde en su conjunto bello
la de aquél que contempla sus hechizos.

Hay infinita luz que reverbera
en el azul de sus divinos ojos
cual de limpio zafiro en los cristales.
Una expresión de majestad serena
de pudor y recato virginales
vela la gracia de sus labios rojos,
¡y es a la vez misterïoso encanto,
lumbre, murmullo, vibración y canto!

Su voz tiene las notas armoniosas
de la del ave que en blando nido
de su impotencia de volar se queja,
llena de suavidad, llena de calma
su cariñosa frase siempre deja
una estela de perlas en el alma.

Tiene la delicada transparencia
de las húmedas hojas de las lilas
y ni una leve mancha en la conciencia
y ni una leve sombra en las pupilas.

Es una reunión encantadora
de lo más dulce que la vida encierra
a los rosados rayos de la aurora
hecha, del aire en los azules velos,
¡con lo más delicado de la tierra
y lo más delicado de los cielos!



Carolina Coronado

A una gota de rocío

-- de Carolina Coronado --

Lágrima viva de la fresca aurora,
a quien la mustia flor la vida debe,
y el prado ansioso entre el follaje embebe;
gota que el sol con sus reflejos dora;

Que en la tez de las flores seductora
mecida por el céfiro más leve,
mezclas de grana tu color de nieve
y de nieve su grana encantadora:

Ven a mezclarte con mi triste lloro,
y a consumirte en mi mejilla ardiente;
que acaso correrán más dulcemente

las lágrimas amargas que devoro...
Mas ¡qué fuera una gota de rocío
perdida entre el raudal del llanto mío...!



Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres

"Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias."

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Poeta del día

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El verbo, clases de verbos

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¿Qué es el verbo?

El verbo es un tipo de palabra con la que se puede expresar acción, existencia, estado y consecución. Dentro de las oraciones, el verbo actúa como el núcleo del predicado, aunque el verbo, por sí mismo, puede formar una oración, por ejemplo: Llueve (oración impersonal). Los verbos, tomando sus diferentes formas, pueden manifestar distintos pormenores de la acción; así pues, con el verbo "jugar", por ejemplo, se puede decir: Yo juego, tú juegas, ellos jugarán, nosotros habíamos jugado, etc. Estas variaciones señaladas son los denominados accidentes gramaticales del verbo, los cuales son cinco: persona, número, voz, modo y tiempo.

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