Ejemplos con zaques

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Militarmente parecen haber sido aliados de los Zaques en contra de los zipa, pero el utimo gobernante, Sugamuxi, abogó por la paz.
Varios días después se le ofreció un tratado de paz pero lo rechazó, recordándoles que habían dado muerte a los zipas y zaques.
Así mismo tenían que estar pendientes de las oleadas de invasores caribes y de la lucha hegemónica con los Zaques de Hunza por el mando del territorio muisca, principalmente por las minas de sal que eran preciadas para la economía y al tiempo con los caciques rebeldes que se alzaban en su contra.
Aceptó galanamente Quirós en nombre de todos, y el festín fue placentero, sabroso, amenizado por la conversación y por los zaques que muy a punto llevaron los carabineros.
Debajo de los hórreos, descansando sobre tableros improvisados, había grandes zaques de vino bien repletos que no tardarían en deshincharse.
Por fin cesó el trabajo, entraron varios soldados españoles y dos o tres renegados, trayendo un par de zaques de vino, a cuya vista se regocijaron todos, disponiéndose a dejarlos vacíos.
Estábamos, como he dicho, en una sala baja, donde la condesa había hecho traer para nuestro regalo un par de zaques, milagrosamente salvados de la rapacidad francesa.
Con el crecer de la llama parecía que cobraban nuevos bríos los quemadores, si bien puede atribuirse este fenómeno a que algunos zaques dieron vuelta a la redonda, humedeciendo los secos paladares, y alegrando los ánimos que un trabajo tan penoso como patriótico, había comenzado a abatir.
Los corpulentos zaques preñados del mejor vino de Yepes y de Valdepeñas, salieron en compañía de las olorosas magras, que bien pronto ocuparon hasta media docena de grandes fuentes de plata.
Contó Sancho más de sesenta zaques de más de a dos arrobas cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos, así había rimeros de pan blanquísimo, como los suele haber de montones de trigo en las eras, los quesos, puestos como ladrillos enrejados, formaban una muralla, y dos calderas de aceite, mayores que las de un tinte, servían de freír cosas de masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba.
Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba, y de todo se aficionaba: primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quién él tomara de bonísima gana un mediano puchero, luego le aficionaron la voluntad los zaques, y, últimamente, las frutas de sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas, y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y, con corteses y hambrientas razones, le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas.
Como zaques fueron los mozos a dormir, tambaleándose más que a diario en las barcas suyas.
Observamos luego que, en los tendidos, hombres y mujeres comían a mandíbula batiente y empinaban botellas o zaques, sin desatender los incidentes de la corrida.

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