Ejemplos con tranquilizadoras

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Rita hacía pucheros y se llevaba a los ojos la punta del delantal, y don Manuel, incapaz de prolongar aquella escena sin descubrir el profundo dolor que le poseía, trató de calmar a la niña con tranquilizadoras palabras.
Las únicas afirmaciones, por cierto nada tranquilizadoras, del orador fueron éstas: Soy inhábil, soy incapaz para el Gobierno mientras las actuales condiciones no cambien: ni pretendo, ni demando, ni acepto el Poder.
Toda la familia velaba, anhelando noticias auténticas y dignas de crédito, pues en el curso de la noche habían llegado referencias distintas, las unas tranquilizadoras, las otras alarmantes.
¡Francia! ¡Cuántas alegrías, cuántas esperanzas le brindaba este nombre, y cómo reverdecían los marchitos ideales ante la visión geográfica del país vecino! Y para completar la dicha del aventurero, las órdenes que transmitió por la mañana el buen Tarfe eran halagüeñas, absolutamente tranquilizadoras.
Por Rafaela y por Jenara, así como por la cariñosa amistad del señor de Socobio, sabían a diario todos los incidentes de la sublevación gallega, y del punto que más les interesaba les dio noticias tranquilizadoras el mismo D.
El tío Mano, seguro de que no había peligro, encendió de nuevo la luz, y diciéndome algunas palabras festivas y tranquilizadoras, puso sus manos en la obra interrumpida.
Don Frutos halló poco tranquilizadoras estas explicaciones, y expuso sus inquietudes al alcalde, pero el celoso representante de la autoridad, que no era ciertamente el menos asiduo de los concurrentes al espectáculo, respondió al cura que mientras la taberna siguiera cerrándose antes de las diez, y no hubiera en ella ruidos ni camorras, no juzgaba prudente ni equitativo prohibir aquella reunión de inofensivos ciudadanos.
Estas dudas tenían sumido al paisano en una amarga ansiedad, hubiera sacrificado su libertad misma, a trueque de tener noticias tranquilizadoras de aquellos desgraciados.
Y el joven rey Sonrisa-de-Luna, que hubo de interrogar a los esclavos cuando llegaron, se alarmó mucho con aquellas noticias poco tranquilizadoras y se consideró como la causa principal del gran peligro que corría su tío y del trastorno producido en el imperio submarino.
¡Francia! ¡Cuántas alegrías, cuántas esperanzas le brindaba este nombre, y cómo reverdecían los marchitos ideales ante la visión geográfica del país vecino! Y para completar la dicha del aventurero, las órdenes que transmitió por la mañana el buen Tarfe eran halagüeñas, absolutamente tranquilizadoras.
Aunque semejantes reflexiones parecían tranquilizadoras, no dejó el músico de tomar alguna medida de precaución, como fue buscar sus pistolas inglesas, examinar si estaban corrientes y metérselas en los bolsillos de su gabán.

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