Ejemplos con reseca

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

No crecía allí ningún árbol, sólo pastos duros y muchas plantas altas: gruesos abetos marchitos, perejil silvestre, maleza reseca , ortigas y cardos.
A veces se aromatiza con frutos del ficus, anises, naranjas y a veces contiene mastiihi, una resina reseca del pino.
En el mismo año reseca un aneurisma de la aorta ascendente y hace un reemplazo del tronco braqueocefálico.
Los árboles, con la corteza reseca por los ardores del verano, crujían al ser lamidos por las llamas.
Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca.
La tierra reseca, sedienta la encamina por su cuerpo y da a la luz del sol su fructificación.
Son alumnos de la ''escuela de balde'', y aunque concurren a ella dos o, a lo sumo, tres veces al mes, llevan siempre al costado, y pendiente de un hiladillo azul, una cartera o bolsa de lienzo manchada de tinta, que contiene un ''Amigo de los niños'', una pluma reseca y abierta de puntos, un pliego de papel rayado para planas de ''segunda'' o, cuando más, de ''cuarta'', la mitad de ellas en blanco y la otra mitad escritas, todas éstas ''corregidas'' por el maestro con la calificación de «pésimo» entre unas cuantas crucecitas que significan otros tantos palmetazos, ya cobrados, y, por último, un cuaderno, de hechura casera, para cuentas, con forro de papel de estraza.
A la vista de la tierra reseca y partida en grietas por el sol, de los pastos abatidos y marchitos, en presencia del viento exhalando el monótono gemido de su voz al desgarrarse en su choque contra las copas de los árboles, o levantando a lo lejos la espiral de negros remolinos como humaredas del campo en combustión, un fastidio inaguantable, un odio, una saciedad de aquel cuadro mil veces contemplado lo invadía.
Muy lejos, en el término del camino de descenso de la cuchilla, espejeaba algún pequeño cuenco azulado, presencia de una cañada que en seguida desaparecía corriendo bajo una red de berros y espadañas, dejando como señal de su camino un trozo verde oscuro, jugoso y sedante en la pastura reseca y azufrada del resto del campo.
Y no es eso sólo, sino que ahora con este con qué y aluego con el otro, lo tengo en casa cuarenta veces ar día, y po eso me he determinao yo a venir pa decille a su mercé que no es que a mí me agravie la voluntá que a la muchacha le tiée el zagal, que si ella es una rosa de Jericó, él es tamién una prenda, pero es que mi zagala está entoavía en capullo y la mies que mejor se trilla es la que más el sol dora, y además, y sobre to, y platicándole a su mercé con er corazón en la mano: la verdá es que a mí er peso de la edá me tiée ya enterrao cuasi jasta los corvejones y er día menos pensao sarta un terral y me reseca der to y me arranca de la cepa, y como pa uno los hijos son cuando se quean desamparaítos, los que le juntan de jiel la boca a la de la guaaña, pos velay osté, yo he pensao colocar a la moza antes de que yo hipe por úrtima vez, y como uno pa lo suyo siempre quiée lo mejor.
Luchó contra la sed hasta el momento en que sintió la lengua reseca pegársele al paladar.
Tembló ésta en aquel instante de arriba a abajo con sordo estruendo, como si hubiera caído sobre ella toda la casa, rechinó el roñoso hierro, saltó la hembrilla del marco hasta la pared frontera, y apareció en medio de la alcoba Bastián con las greñas sobre los ojos, éstos ensangrentados y centelleantes, la bocaza reseca, negros los labios y manchada de vino y sudor la arrugada pechera de su camisa.
Expiró en su reseca garganta la voz, convertida en un sollozo inmenso, trágico.
En Erdosain el odio antiguo exasperado por la humillación reciente se convertía ahora en un motivo de júbilo cruel y con la voz temblorosa en la garganta, reseca la boca de rencor, exclamó:.
Respiraba con fatiga, tenía la lengua reseca e inútilmente trataba de humedecerse los labios apergaminados y las fauces ardientes, y sólo una voluntad de vergüenza lo mantenía en pie.
-Yo se lo contaré a usté, pero antes vamos a cá del Trompeta a que yo me refresque la boca, que la tengo más reseca que un esparto.

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