Ejemplos con piedrecitas

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

La primera conformación del rosario, en exaltación de la virgen María, se originó en la antigüedad cristiana, y consistía en calcular una cantidad de oraciones mediante cuerdas con nudos o con piedrecitas.
Se han encontrado tableros de treinta casillas y doce fichas, y otros de ciento cuarenta y cuatro casillas y cuarenta y ocho piedrecitas para jugar.
Según Carmen, Marilyn era muy chiquita, como una sirena, llevaba un vestido con piedrecitas brillantes.
Frecuenta los trapiches de las moliendas de caña, le gusta comer y bañarse con cenizas, también gusta de frecuentar ríos y es un eterno enamorado de las muchachas a las que constantemente les espía, silba, o arroja piedrecitas y flores.
Y cuando las tiene, son piedrecitas u objetos de lo más vulgar acompañados de fantásticas proezas.
También como curiosidad, la existencia de un montículo pelado próximo al santuario en el que es fácil encontrar pequeños fósiles equínidos del terciario, que son llamados piedrecitas de la virgen.
Aunque no lleven en el bastidor ni sonajas ni cascabeles, en el interior los panderos puede llevar semillas, chapas, cascabeles, piedrecitas o cualquier otro pequeño objeto.
A veces un pañuelo, pulseras o cinturones con piedrecitas, muy típicos en las películas hindúes.
Las mujeres dacias se adornaban con monedas o piedrecitas preciosas asociadas con hilos de lana rojos y blancos, para tener buena suerte y un año productivo.
También cabe destacar a las quebradas del Limón, Paso de Lajas, Salto de Lajas, Las Piedrecitas, que también se encuentra muy cerca de Coral.
Entre las azuladas piedrecitas veíanse fragmentos de barro cocido: pedazos de asas, superficies cóncavas de alfarería, con vestigios de remotos adornos que tal vez habían pertenecido a panzudas vasijas, pequeñas esferas irregulares de tierra gris, en las que parecía adivinarse, a través de las roeduras del agua salitrosa, rostros informes, fisonomías crispadas por el paso de los siglos.
Recogíamos conchas, trozos de espuma de mar, y piedrecitas negras, amarillas, rosadas, pulidas y brillantes.
En el fondo, entre los líquenes verdes y las piedrecitas de colores, aparecían rojos erizos de mar cuyos tentáculos blandos se contraían al tocarlos.
¡Y que no es floja la tarifa de precios! Las piedrecitas del Monte Sinaí, donde Dios le dio a Moisés las Tablas, se venden al peso, por adarmes, y valen dos, dos y medio, y tres reales: en relicario con cristal, valen seis y ocho reales.
Todo es falso, pero tan bien apañado, que la filfa parece verdad: las mujeres enloquecen, los hombres aflojan los cuartos, los curas bendicen, los alcaldes toleran, y los malditísimos charlatanes se van a otro pueblo cargados de dinero, sin más trabajo que ir recogiendo por el camino las piedrecitas del Monte Sinaí.
¿Crees que no estoy al tanto de tus atrevimientos? Y sí no, dime: ¿a qué paseas de noche por ese callejón cercano? ¿A qué arrojas piedrecitas a las ventanas?.
Dirigían anónimos a graves personas ponían motes a todo viviente de Orbajosa, desde el obispo al último zascandil, tiraban piedrecitas a los transeúntes, chicheaban escondidas tras las rejas para reírse con la confusión y azoramiento del que pasaba, sabían todos los sucesos de la vecindad, para lo cual tenían en constante uso los tragaluces y agujeros todos de la parte alta de la casa, cantaban de noche en el balcón, se vestían de máscara en Carnaval para meterse en las casas más alcurniadas, con otras majaderías y libertades propias de los pueblos pequeños.
¡Y que no es floja la tarifa de precios! Las piedrecitas del Monte Sinaí, donde Dios le dio a Moisés las Tablas, se venden al peso, por adarmes, y valen dos, dos y medio, y tres reales: en relicario con cristal, valen seis y ocho reales.
Otras veces se pasa las horas muertas arrojando al agua piedrecitas, y al verlas rebotar en la superficie se queda tan satisfecho como si hubiera ganado otro Marengo a otro Austerlitz.
-O de sobrado juicio, señor barón -dijo Luis XVIII riendo-, arrojando piedrecitas a la mar se solazaban los grandes capitanes del tiempo antiguo.
Tal era el pavimento de aquella plaza, empedrada a trechos con pequeñas piedrecitas de varios matices formando labores, a trechos cubierta de grandes losas de pizarra, y en su mayor parte, según dejamos dicho, semejante a un jardín de plantas parásitas o a un prado yermo e inculto.
¡No existe reina que tenga la imaginación de un niño de tres años! Poetas ufanos de vuestra fantasía, ¿podéis jugar tres horas con piedrecitas y cáscaras de nuez? ¿Podéis, como mi hijo, infundir un alma brillante a lo más inerte, oscuro, mutilado, muerto, a una mota de tierra, a un pedazo de trapo? Si os llegara siquiera la imaginación a representaros el alma ajena, el dolor ajeno, hombres cultos, ¿os trataríais unos a otros como máquinas?.
Tan poderoso fue este choque recibido por mi espíritu, que -cual si se tratara de una cita convenida de antemano-, salté de la cama con arrebato infantil, me vestí a toda prisa, y sin pensar en la ridiculez y la inutilidad de mi acción, salí a la calle y, envuelto en la sombra de la noche, sola ánima viviente en el pueblo amodorrado, comencé a tirar piedrecitas a los vidrios de la que improvisamente llamaba ya «mi novia», con la esperanza de verla asomarse y de trabar con ella el primer coloquio sentimental, vibrante de pasión.
Todo es falso, pero tan bien apañado, que la filfa parece verdad: las mujeres enloquecen, los hombres aflojan los cuartos, los curas bendicen, los alcaldes toleran, y los malditísimos charlatanes se van a otro pueblo cargados de dinero, sin más trabajo que ir recogiendo por el camino las piedrecitas del Monte Sinaí».
Quizás unas piedrecitas los entretienen, o escarban las arenas para hacer cuevas o carreteras.
Preocupado estaba sin saber qué hacerse, pero habiéndoles dado su padre un pedazo de pan a cada uno para desayunarse, se dijo que podía reemplazar las piedrecitas tirando migas por donde pasasen, y pensado esto, guardose el pan en el bolsillo.
No lograron hablar de su plan con tanto sigilo que no les oyera Meñiquín, quien resolvió tomar sus medidas como antes las había tomado, pero a pesar de haber madrugado mucho para ir a recoger piedrecitas blancas, no pudo realizar su idea porque la puerta estaba cerrada con doble vuelta de llave.
Meñiquín les dejaba gritar porque sabía cómo regresarían a su casa, pues al ir al bosque había dejado caer durante todo el camino las piedrecitas blancas que tenía en el bolsillo.
Levantose muy de mañana, fue a orillas de un arroyo, llenose los bolsillos de piedrecitas blancas y luego volvió a su casa.

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