Ejemplos con miajita

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Pero yo digo: ‘Dándole un poquito, nada más que una miajita, la consuelo, y aquí no puede haber vicio’.
Siempre y cuando lo hagas así, tu miajita de cielo no te la quita nadie.
-Deja a la Poderosa que tome resuello u dale una miajita de somatose, ¡camará!, que es lo que le está jaciendo muchísima falta.
-Pos lo siento, chavó, porque eso puée traer su miajita de cola.
-Yo qué he de dirme, señor José, sin que me dé usté gusto, ahora mismito, que quiera usté o que no quiera, lo cojo a usté del brazo, nos vamos a ca del Peluso, aonde estará a estas horas mi bato, nos meteremos en ca der Peluso, se tiran pelillos a la mar, nos sentamos, tocamos las palmas, mos pregunta el Cabezota qué es lo que queremos, le peímos tres púrpitos de café con su miajita de lo que arde, dos cortaos, por barba, del que Yunquera y dos libras de buñuelos que los jace la jembra der Peluso, que los jace como los propios ángeles, y en dispués, en dispués.
-Ca, no, una miajita.
Armao en corso el perfil, pero na más que una miajita, esta vez la cosa no le ha jecho mucha mella, y es que me parece a mí que a esa paloma se le va acorchando er corazón pa con tus cosas y ca vez le duelen menos, lo cual no tiée na de particular, porque la verdá es que le has dao tú tantísimos rempujones pa jecharla de la jaza de tu querer, que voy yo ya creyendo que a la fin y a la postre vas a salirte con la tuya.
-Con que aprendas a menear una miajita el percal, tenernos en ti la mar de gente, porque bien puées dicir que estás elante de los toros como si estuvieses elante del casero de tu casa.
-Pos na -repúsole el Cartulina, echándose hacia atrás el flamante pavero gris y apoyando el codo en la muleta de hueso del roten-, que esta mañana entré a tomar un cortaíllo en ca del Pipiricuando y me trompecé con el Chiripa, y como el Chiripa es mu amigo de don Marcelino, el empresario, pos lo que pasa, que encomenzamos a platicar de toros y de toreros, y al Chiripa se le ablandó el muelle rial con la miajita de zarzaparrilla que mos habíamos bebío, y.
-¡Camará, y yo que venía buscando una miajita de fresco! -musitó Antonio, acodándose sobre el mostrador y echándose previamente hacia atrás el amplio rondeño.
-Pues si ustedes me lo permiten, me voy a jechar un ratillo, a escansar una miajita.
-Si las mujeres tuviésemos una miajita más de vergüenza, no se enterarían ellos de lo que no se deben enterar, y entonces no tendrían razón pa ser presumíos.
Pero ¿me quisiera usté jacer el favor de traerme una miajita de agua fresca que yo me lave este brazo y, que vea si es mucha la compostura que necesita?.
Supóngase usté que el día que yo digo estaba el mozo una miajita más pintón que de costumbre, y se había sentao a esperar a Pepe, y como jacía mucha calor, estaba yo una miajita escotá y con los brazos al aire.
-Pos yo se lo contaré a ustedes, a ver si ustedes chanelan una miajita más que chanela mi presona.
-¡A ver tú, Cantinero, a ver si me das una miajita de orégano, que me duelen los ijares!.
-Vamos a ver si tenemos una miajita de quinqué y otra miajita de miramiento y otra miajita de lo que Dios manda y reparte.
Y a pesar de to no se crea usté que yo estoy tranquila, que me parece a mí que mi Joseíto está una miajita cabreao y anda siempre cazándome y siempre que viene parece un juez: «¿Quién ha estao aquí? ¡Aquí huele a tabaco! ¿Por qué estás tú tan colorá? Esa ventana, ¿por qué está abierta? ¿Dónde has jechao el clavel que te traje? ¿Por qué estornudas? ¿Por qué tiées hipo? ¿Por qué te rascas el casco de la cabeza?.
-Pos si no afinas una miajita más, te vas a quear lucío.
¡Y no le digo a usté na de los señoritos! A puñaos tenía los pretendientes, pero desde lejos, porque como yo tengo el genio que Dios me dio, y allí en Málaga me conocen a mí más que el monumento de Torrijos, pos lo que pasa, no se atrevía ninguno a enganchar en el fleco de su mantón ni uno de los botones de la americana, y una vez que uno se premitió arrimarse una miajita más de lo que el bando dice, lo cojí con dambas manos por dambos hijares, y na lo que pasó, que cuando lo sorté llevaba el litri cuasi asomándosele por la boca los riñones.
-¡Y poco clarito que me lo soltó la gachí, camará!, tan clarito y con un retintín tan esaborío que a mí se me emberrenchinó tantísimo la sangre, que se me fué una miajita la singüeso y algo apostaría yo a que le dije algo que no le debí decir, u sea, que al que yo viese esta noche arrimao a su reja, a ése lo diba yo a pegar como si fuera goma laca a los hierros de un guantazo.
-Pos bien, el de la Jalapa, que era un róa de cuerpo entero y con un corazón más grande que el Martinete, vivía, cuasi como si estuviera jaciéndolo como manda Dios y la Santa Madre Iglesia, con Rosario la Paloma, una gachí de veinte abriles a la que no se la podía mirar dos minutos seguíos sin que se le descompusieran a uno toitos los resortes der corazón, por cuya gachí sentíase el señor Toño, no obstante sus cincuenta y pico y su miajita de panza, capaz de jacer más primores que una monja y más ruío que toito un campanario.
Paco Cárdenas, en el momento en que lo sacamos a relucir, podría contar veintisiete o veintiocho años, y era de regular estatura, algo metido en carnes, una miajita crecido de abdomen, de tez trigueña, de rostro oval, con grandes y dulces ojos melados, pelo oscuro y boca riente y femenil y que siempre ligeramente contraída dejábale algo al descubierto la limpísima dentadura.
Y yo, que me estaba reservando, como es natural, me queo mirándolo con una miajita de zumba, me sonrío y le respondo:.
-Vamos, Paco, una miajita de pesqui y una miajita de contravapor, que no creo yo que la cosa sea pa tanto, que, a la fin y a la postre, tú tiées un jornal que no es un puñao de virutas.
-Me paece a mí que eso lo ice osté con una miajita de quea, compadre.


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