Ejemplos con miajas

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Hubo además otras piezas más pequeñas llamadas lentículas en Roma y miajas durante la Edad Media.
Perico y su hermana, no muy tiernos y afectuosos entre sí, se entendían a maravilla en el terreno de las picardigüelas, y a veces la hermana completaba la frase picante, detenida en labios del hermano por unas miajas de la reserva que inspira la mujer aún al hombre menos capaz de tenerla.
El sacudimiento la agitaba, y sonroseábanse unas miajas sus mejillas.
Ambos presagiaban que tendríamos unas miajas de catástrofe.
Muchos días, no sé cuántos, después de la visita de la Madre, me sentí un tanto aliviado de mi flojera muscular, el ansia de soledad se amenguó bastante, la idea de morir en plena juventud y la querencia del sepulcro empezaban a serme unas miajas desagradables.
Lo que yo vengo diciendo, señores, lo que a ti te he dicho mil veces, Pepe: el fruto de tanto folleto, de tanto demagógico, lo que nos traen esos malditos periódicos, donde meten la pluma pelafustanes cuya ciencia no es más que unas miajas de francés.
Poseía bastante instrucción, distinguiéndose en todo lo comercial, hablaba unas miajas de inglés, y sabía las reglas usuales de la decencia y aun de la elegancia.
A mí me han dicho ayer que Maroto aseguró a Su Majestad que le aceptarán los liberales si les concede una chispita de Constitución y unas miajas de libertad de la imprenta.
La madre de Curro había muerto, a su padre acababan de meterle en la cárcel por homicida y el chico iba hacia Madrid sin otros deseos que llegar cuanto antes, poner en manos del escribano la carta del cautivo, y dormir unas miajas.
Descreído y hasta unas miajas enemigo personal del que nos mandó amar a nuestros enemigos, se forjaba en su fantasía planes de sustituir a la Providencia por el conocimiento.
-Encended el fuego para que yo me caliente unas miajas.
Unas miajas de contradicción picaresca, resuelta inmediatamente en mansedumbre, quitaban la sosera a la excesiva ductilidad y condescendencia de aquella condición.
Y hubo también que transigir unas miajas en lo de la belleza.
Nos daban de comer, nos querían, nos obsequiaban, hacíamos nuestras miajas de milagros en Móstoles, y en Villamanta nos portábamos como los santos de Dios.
Véngase a razones, y haga caso de mí, que soy hombre muy práctico, y aunque me esté mal en decirlo, con sus miajas de ilustración, hombre algo corto de latines, pero muy largo de entendederas.
A mí me han dicho ayer que Maroto aseguró a Su Majestad que le aceptarán los liberales si les concede una chispita de Constitución y unas miajas de libertad de la imprenta.
Desnúdate y descansa unas miajas.
-Mira -decía el señor Chimo, conversando con su hija al pie del parral, en un mediodía de los fines de Agosto-, en cuanto caiga unas miajas el sol, me llevo a Tonet.
Pa mí que sin sus miajas de marejadón no libramos.
-Y eso -responde el cortador- porque algún día sa menester descansar unas miajas y ajumarse a concencia.
-Hijo de mi alma, pa bailar necesito yo beber unas miajas.
Al entrar el hampón, que siempre venía a medios pelos, un gran suspiro dilataba el pecho de la Cañas, palidecía unas miajas su cutis bajo el colorete, sus ojos relampaguean, con la boca hecha sonrisa, llegaba a la mesa del aguardado parroquiano, y lleno el acento de temblor le preguntaba: «¿Qué va a ser?».
En casa de los padres cuidaban unas miajas mejor la alimentación, la limpieza, el aire y la luz, en cambio, había un hermanito, comparados con el cual, todos los elementos martirizadores que combatieran á Anatolio fuera de su casa, eran una bendita gloria.
Tenía los cabellos color plata de luna, cual si los rayos de ésta hubieran echado raíces en la cabeza de su fervoroso observador, los ojos redondos, claros y sus miajas convexos, como lente de anteojo, la nariz, recta, delgada, muy en punta, parecía un compás.
Al decir esto su voz era grave, sus labios temblaban unas miajas.
Lo que yo vengo diciendo, señores, lo que a ti te he dicho mil veces, Pepe: he aquí el fruto de tanto folleto, de tanto virus demagógico, he aquí lo que nos traen esos malditos periódicos, donde meten la pluma pelafustanes cuya ciencia no es más que unas miajas de francés.
-Y mañana le diré que por la línea materna eres Imón de la Mota, y que te corresponde el título de Baronesa de Canillas de Aceituno, con sus miajas de grandeza de España».
está tragando mucha quina, una barbaridad de quina, apretado entre dos muelas cordales, pues de una parte pesan sobre él los malditos moderados, los Chestes, Moyanos y Orovios que le piden neísmo, intolerancia y tente tieso, y de otra parte le acosan los alfonsinos que vienen de lo de Alcolea y quieren franquicias, unas miajas de Soberanía Nacional y vista gorda para el libre pensamiento.
»Yo soy de otra manera, no pretendo más que saber leer y escribir, y unas miajas de Aritmética para llevar las cuentas de mi casa.

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