Ejemplos con irreprochable

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Es posible que dicho desorden causara una decisión de este tipo con el fin de presentar en la figura del sacerdote a un pastor irreprochable.
Vio cómo sus cuadros eran calificados de hermosísimos, su gusto de irreprochable, su persona de eminente y de gran pintor asturiano, pero ningún estímulo pudo contra su extremado desorden bohemio en los ochenta y cinco años que vivió hasta su muerte en el Hospital Provincial de Asturias.
La orquesta estuvo irreprochable y valiente.
Los jueces civiles son elegidos por el Presdiente entre brasileños mayores de treinta y cinco años siendo tres entre abogados de notorio saber jurídico y conducta irreprochable, con más de diez años de actividad profesional efectiva, dos, por elección paritaria, entre jueces auditores y miembros del Ministerio Público de la Justicia Militar.
Su carácter privado era irreprochable.
José María Quijano Wallis, quien lo conoció ersonalmente, se refirió a Largacha como el único hombre que yo he encontrado como prototipo de la perfección moral, en los puestos públicos se distinguió por su talento, su instrucción, su pericia y por su irreprochable honradez.
Lázaro Uriarte, en el décimo aniversario de su muerte, lo definió de la siguiente forma: fue, ante todo, un pintor elegante, especialmente dotado para finísimas valoraciones tonales, de irreprochable y limpia técnica, a medio camino entre el esprit de finesse parisino y las más decantadas y exigentes maneras clásicas, atenuadas de excesivos rigores compositivos y plenamente fundidas con los más modernos lenguajes plásticos de su tiempo.
Declara tener como objetivo principal dar a nuestra Asamblea un papel más amplio en el funcionamiento del Estado, mejor capacidad de control y evaluación, así como más transparencia y eficacia, para una democracia irreprochable.
Apenas si hablaba el señor Novillo, de tarde en tarde se sonreía, enseñando unos dientes de blancura irreprochable, que, rodeados del hirsuto contorno, parecían una estría de carne de coco asomándose entre la cáscara pardusca y crinada, pero la mitad superior de la cara y los ojos seguían parados y tristes.
¡Sí, él! ¡Usted es una criatura! ¡Pregúntele de dónde ha sacado su fortuna, robada a sus clientes! ¡Y con esos aires! ¡Su familia irreprochable, sin mancha, se llena la boca con eso! ¡Su familia! ¡Dígale que le diga cuántas paredes tenía que saltar para ir a dormir con su mujer, antes de casarse! ¡Sí, y me viene con su familia! ¡Muy bien, váyase, estoy hasta aquí de hipocresías! ¡Que lo pase bien!.
Esperaban allí los Grandes que habían de cubrirse y los que habían de apadrinarles, formando un brillante conjunto de vistosos y variados uniformes, entre los que se destacaban las negras manchas de alguno que otro frac de severo e irreprochable corte.
Pude gozar entonces de la belleza singular de aquella boca, de aquellos labios rosados que dejaron ver, al plegarse dulcemente, una dentadura irreprochable.
Los pies de la dama eran de forma irreprochable, finos, algo elevados por el tarso, ni tan largos como de bolera, ni tan cortos como de china, y no calzados, afectando descuido, con zapatones a la inglesa, sino con medias de seda roja y zapatos de charol a la francesa, de tacón un poquito alto y sujetos con lazo de cinta negra.
En compensación, de puertas adentro, lleva demasiado lejos el , que en España llamamos , con tal de que la casa ofrezca un aspecto irreprochable.
Su vida irreprochable le hacía destacarse con singular relieve sobre los hombres de su época.
Mientras la joven estuvo entre la vida y la muerte, doña Anuncia encontró irreprochable su conducta.
bien, desde tres noches atrás le constituyó un gran miedo en el amor de Josefina la duda, la terrible duda de que pudiera no formarle ella en la totalidad de su ser otra armonía, y fue que en el teatro de San Carlos había encontrado, para pasar la noche, a una joven austríaca, elegantísima, irreprochable de rostro y de líneas, a través de los vestidos.
-Carlota, es para mí tan esencial en el desnudo humano la línea de belleza, la belleza llevada hasta su misma perfección, la divina belleza irreprochable, intachable, insuperable.
De tamaño natural e irreprochable.
Era fina, con esa finura de raza que se refleja toda e indudable en el aspecto, y acaso la selecta educación de su niñez la tenía violenta en esta actitud de lectora arisca ante un hombre que, fuera lo que fuese, sabía mantener su visita con corrección irreprochable.
Vestía un elegante traje de chaquet claro y su camisa era de una blancura irreprochable.
Y con estas palabras, el mosquetero, con firmeza irreprochable, ceñido como de costumbre, entró con paso firme en el gabinete.
Fue entonces cuando el señor de Tréville entró, frío, cortés y con una vestimenta irreprochable.
-Tengo el honor de informar a Vuestra Majestad - continuó el señor de Tréville en el mismo tono - de que una partida de procuradores, de comisarios y de gentes de policía, gentes todas muy estimables pero muy encarnizadas, según parece, contra el uniforme, se ha permitido arrestar en una casa, llevar en plena calle y arrojar en el Fort-l'Evêque, y todo con una orden que se han negado a presentar, a uno de mis mosqueteros, o mejor dicho, de los vuestros, sire, de conducta irreprochable, de reputación casi ilustre y a quien Vuestra Majestad conoce favorablemente: el señor Athos.
-La reina es mi enemiga, pero no la vuestra, sire, al contrario, es una esposa abnegada, sumisa a irreprochable, dejadme, pues, sire, interceder por ello junto a Vuestra Majestad.
Sin embargo, aquel guante, en todos aquellos puntos en que no había tocado la tierra embarrada, era de una frescura irreprochable.
Un escrito que había dejado el tal inspector, hombre por otra parte irreprochable y apreciadísimo de sus jefes, inducía a creer en un acceso de enajenación mental como causa inmediata del suicidio.
Así, erguido en el estrecho pescante, con la irreprochable corrección de su traje claro, con la distinción enteramente moderna y afinada de su cabeza y de su actitud, con la diminuta boutonnière blanca y roja florecida en su ojal, con la ortodoxa posición de sus manos, que calzaba flexible guante de amarilla gamuza -antes que heredero de una corona y que sale a buscarla, parecía Felipe uno de tantos de esa clase numerosa, mal definida, en que caben desde el caballero de industria hasta el más legítimo y empingorotado aristócrata- la clase de los sportmen, creación de una edad en que se rinde culto al lujo disfrazado de ejercicio físico, y en que, así como en la Edad Media se tenía a menos no poder romper una lanza, se tiene en poco al que no es capaz de dominar un caballo con la rienda o con el freno.
Pero entre nosotros, así hoy como en tiempos del rey, la policía acude siempre con irreprochable puntualidad al lugar donde se ha cometido un robo, un asesinato u otra fechoría.
¡Don Felipe es un hombre irreprochable!.

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