Ejemplos con insulto

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Iba a verse expulsado de la casa de sus abuelos, y la gente le compadecería con una lástima más aflictiva para él que el insulto.
No registrando al le inferían un insulto.
La invasión de por la bravucona y enamorada mirábala como un insulto.
Le invitaba a salir, le llamaba cobarde, uniendo a este insulto otras injurias para la odiada isla donde había nacido.
Febrer, ante este insulto, tembló, guardándose el revólver en la faja.
Esto era un domingo y otro domingo, y en este suplicio semanal y sin término morían los padres y se convertían en hombres los hijos, engendrando nuevos destinados al insulto público.
En todo caso, la hermandad entre un poeta y un animal, es decir, entre un poeta y la naturaleza, no es un insulto.
¡Qué barbaridad! Pues, ¿qué? ¿No se usan todavía en nuestra península almadreñas, zuecos, abarcas y las asquerosas alpargatas? ¡Qué poco dice esto en pro de la cultura de los españoles, y cuánto de su salvajismo! Para mí la alpargata es un insulto a la divinidad, una blasfemia, porque es negar y desconocer la obra más perfecta de Dios, o sea el pie humano.
Los españoles sólo han inventado la alpargata, que es, ya lo he dicho anteriormente, un insulto a la divinidad, un sacrilegio zapateril.
Ella se irguió ofendida y pudorosa, lo mismo que si acabase de recibir un insulto.
Era el insulto del hombre de jerarquía superior al siervo infiel, el orgullo del oficial noble que se acusa a sí mismo por haber fiado en la lealtad de un simple marino mercante.
Su presencia allí era una ofensa, y la barraca casi nueva un insulto a la pobre gente.
Y así continuó la viborilla, soltando todo lo oído en su casa y en la vega: las mentiras fraguadas por los perdidos de casa de , toda una urdimbre de calumnias inventada por , que cada vez se sentía menos dispuesto a atacar cara a cara a Batiste, y pretendía hostilizarlo, cansarlo y herirlo por medio del insulto.
Y lanzándoles este insulto, les tiraban de la oreja y se alejaban trotando, para retroceder un poco más allá y repetir las mismas palabras.
Temió, si huía, anticipar la agresión, ser detenido por el insulto, y con la esperanza de pasar inadvertido, permaneció inmóvil, como subyugado por una impresión que no era de miedo, pero sí de algo más que prudencia.
La techumbre se vino abajo estruendosamente, aquella erguida techumbre que los vecinos miraban como un insulto, y del enorme brasero subió una columna espantosa de chispas, a cuya incierta y vacilante luz parecía gesticular la huerta con fantásticas muecas.
Fuese, pues, derecho al bulto, no bien el coche se puso en movimiento, y apoyado en la autoridad de sus años, en la confianza del parentesco que con Villamelón tenía y en su dignidad de jefe de la conspiradora, le pidió categóricas explicaciones del hecho Mas Currita, volviendo a abrir palmo y medio los claros ojos y muy espantada y ofendida, y casi llorosa, se limitó a repetir la historia ya referida, con nuevas afirmaciones y protestas Suponer otra cosa era un insulto verdadero.
Marchóse atropelladamente dejando a su rival con el insulto en la boca y corrió en busca de Kate, su doncella.
Una mano infame había trazado con carbón de diseñar, en los dos ricitos del retrato, la prolongación más sarcástica, el insulto más villano.
Y cogiéndola del brazo dobló con ella de nuevo la esquina de la calle de Serrano, entonces, ciega de ira la dama, parada en la acera, cual si la rabia la hubiese allí enclavado, comenzó a arrojar por la boca todos los sentimientos de su corazón mezclados y confundidos, pero bajo la forma siempre del insulto, a la manera que lanza un volcán todas las materias contenidas en su seno, formando un solo cuerpo, un solo torrente de lava que tala y destruye por dondequiera que pasa Esforzábase en vano Jacobo por probarle su inocencia, ella no le dejaba hablar, y con sus flacas manecitas habíale deshecho el embozo, levantando hasta el rostro de él las uñas, como si quisiera arrancarle los ojos.
Y se reía con una carcajada en que iban envueltos todos los rencorcillos mujeriles de tiempos atrás almacenados, mientras acentuaba las sílabas de aquel Vi lla me lo na, que era, por una extraña manía, el mayor insulto que podía hacérsele a Currita.
Y en aquel momento, al revolver aquella carta, después de tantos años, aquel turbio oleaje de penas abrumadoras, punzantes desdenes, ofensas terribles, negras ingratitudes, lágrimas solitarias y despreciados sacrificios, veía la infeliz levantarse en su corazón el amor a su marido, vivo siempre, fuerte, avasallador, resistiendo al olvido, al desdén, al insulto, al tiempo mismo y a la ausencia misma, viviendo sin esperanzas que le mantuvieran y le dieran savia, y por eso, inmortal como el alma.
Lo que acabas de proferirexclamó con la voz balbuciente de cólera, es un insulto, es una dura acusación contra el P.
Ganas daban de contestarle con un revés o con un insulto atroz, pero Quintín tenía siempre una sonrisa, un chiste, una frase cariñosa para calmar la tempestad.
Huían del paseo, de aquel lujo que algunos días antes era su elemento y ahora les parecía un verdadero insulto.
Y, a pesar de esto, ella agradece aquel nuevo insulto.
Y Perucho comprendía a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde se desbordaba la cólera, el furor, la indignación, la ira, el insulto, y, sin saber la causa de alboroto semejante, deducía que el señorito estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la señorita, a matarla quizás, a deshacer a don Julián, a echar abajo los altares, a quemar tal vez la capilla.
No olvidará aquellas inesperadas tribulaciones, el valor repentino y ni aun de él mismo sospechado que desplegó en momentos tan críticos para arrojar a la faz del marido cuanto le hervía en el alma, la reprobación, la indignación contenida por su habitual timidez, el reto provocado por el bárbaro insulto, los calificativos terribles que acudían por vez primera a su boca, avezada únicamente a palabras de paz, el emplazamiento que lanzó al salir de la capilla.

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