Ejemplos con estirado

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

El empleo de las cuerdas para la caza, el empuje, el estirado, atado, la suspensión y ascensión a cimas de montañas data desde la época prehistórica y siempre ha sido esencial en las actividades humanas básicas, así como en el progreso de la humanidad.
están agrupadas en la parte izquierda del diseño redondo, pero el brazo estirado de la Virgen y el material flotante de su capa equilibran la imagen.
Hoy día uno de los tejidos más populares para el interior de las cuerdas de los instrumentos de la familia del violín es el nailon estirado a menudo vendido bajo el nombre comercial de Perlon.
Tiene un parche de cuero de cabra estirado sobre un marco de madera.
Un siglo después, el conde de Condom, médico personal del rey Carlos II de Inglaterra, perfeccionó el preservativo de Falopio, utilizando como materia prima el intestino de cordero estirado que lubricó con aceite.
El Imperio Seléucida reinó sobre las tierras helenas de Asia después de la muerte de Alejandro: territorio estirado hasta el extremo de que descuidó sus posesiones persas por su preferencia por Anatolia y Siria.
Dependiendo de los fines que se le dará, se le realiza el sobado, estirado y lonjeado del mismo.
Poca gente puede imaginarse a un presidente del parlamento de Aix, es una especie de bestia de la que se ha hablado a menudo, pero sin conocerla a fondo, rigorista por profesión, meticuloso, crédulo, testarudo, vano, cobarde, charlatán y estúpido por carácter, estirado en sus ademanes como un ganso, pronunciando las erres como un polichinela, enjuto, largo, flaco y hediondo como un cadáver.
Tenía las manos apoyadas en los muslos, con los codos sacados hacia adelante, el torso erguido, el cuello estirado, la cabeza desviada en leve escorzo de melancolía y desdén, el cigarro puro olvidado y periclitante en un ángulo de la boca.
¿Quién cree usted que puede ser? Huye de la gente, y cuando yo le hablo en francés, que parece ser su idioma, me contesta con mucha cortesía, con demasiada cortesía, y de repente se aleja muy estirado, como si existiese entre nosotros una diferencia social que no permite la familiaridad ¡Y vaya usted a adivinar, con esa cara afeitada que lo mismo puede ser de magistrado que de cómico, sacerdote o mayordomo de casa grande! Yo lo encuentro lúgubre como un doctor de los cuentos de Hoffmann.
Alberique iba muy estirado de guantes, vestido de negro, el sombrero muy encasquetado para que no se lo arrebatase el viento que del Oeste soplaba.
Y allí estaría, sin duda, el retrato del abuelo, muy estirado, de gran uniforme, el pecho cuajado de cruces.
Al lado la mujer, con su rostro redondo y sonrosado de manzana y el pelo estirado cruelmente hacia la nuca, cayendo en gruesa trenza por la espalda sobre la pañoleta de vistosos colores.
También había llevado epístola para un grave, estirado y almidonado alcalde de Casa y Corte, más éste se mostraba muy afable y no hacía nada.
Sucedió en este tiempo que una de las cabalgaduras en que venían los cuatro que llamaban se llegó a oler a Rocinante, que, melancólico y triste, con las orejas caídas, sostenía sin moverse a su estirado señor, y como, en fin, era de carne, aunque parecía de leño, no pudo dejar de resentirse y tornar a oler a quien le llegaba a hacer caricias, y así, no se hubo movido tanto cuanto, cuando se desviaron los juntos pies de don Quijote, y, resbalando de la silla, dieran con él en el suelo, a no quedar colgado del brazo: cosa que le causó tanto dolor que creyó o que la muñeca le cortaban, o que el brazo se le arrancaba, porque él quedó tan cerca del suelo que con los estremos de las puntas de los pies besaba la tierra, que era en su perjuicio, porque, como sentía lo poco que le faltaba para poner las plantas en la tierra, fatigábase y estirábase cuanto podía por alcanzar al suelo: bien así como los que están en el tormento de la garrucha, puestos a toca, no toca, que ellos mesmos son causa de acrecentar su dolor, con el ahínco que ponen en estirarse, engañados de la esperanza que se les representa, que con poco más que se estiren llegarán al suelo.
Por el cielo que nos cubre, que peleé con don Quijote, y le vencí y rendí, y es un hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos.


Poetisa del día

Poeta del día

© Todos los derechos reservados Buscapalabra.com

Ariiba