Ejemplos con escueto

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Por último, publicó un escueto estudio sobre hiposandalias romanas, acompañado de un curioso dibujo.
De esta obra se conservan versiones resumidas o ampliadas, el libro se termina con un muy escueto Crónicon que empieza en el nacimiento de Cristo y termina en la muerte de Fernando III el Santo, el Crónicon corrige algunas fechas de los Anales toledanos.
Estos perros de patas cortas tienen un escueto y ancho semblante de aspecto desgreñado.
La xilografía de Jacinto Rivero, surgida a partir de su participación en este taller y afirmada en la década de los años sesenta, se refiere con convicción, con el conocimiento que la experiencia propia, a escena de la vida popular rural y suburbana del Paraguay a través de un lenguaje gráfico escueto y expresivo.
El artista plástico y arquitecto Carlos Colombino, opinó: La planimetría en la distribución del color, el efecto de los contrastes primarios, lo escueto de la imagen y la superposición de formas extraídas de la realidad caracterizan la pintura de Di Lascio y la definen e individualizan dentro del arte ingenuo de Latinoamérica.
Siguiendo un escueto dato de Garganta Profunda, Mulder y Scully descubren un proyecto secreto del Gobierno bajo el nombre en clave Control de Pureza, y encuentran a los sujetos de prueba del proyecto.
Ha formado parte, durante cinco años, del popular grupo de teatro mimo-musical Productos Lola de la Sala Escueto, archiconocido de las noches madrileñas.
ONU: el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon en un escueto comunicado, declaró que la crisis debe resolverse en medio de el espíritu de diálogo y cooperación que ha caracterizado tradicionalmente a los tres países, en sus relaciones.
El mobiliario de las casas romanas era muy escueto y funcional.
Se sentían atraídos por las especiales circunstancias de un paraje como el de Beniel, donde se funden río y montaña en un escueto espacio.
Esto se anunció mediante un escueto comunicado que apareció publicado en la web oficial del grupo:.
Se analizaba únicamente acontecimientos internacionales de una forma poco convencionales, a diferencia de otros programas venezolanos que se limitaban a hacer un resumen muy escueto y puramente informativo sobre los sucesos internacionales, sin hacer algún análisis en dichas noticias.
El saludo de Bunbury fue escueto:.
En un escueto parte, Brown comunicó al ministro de gobierno Juan Larrea .
Barrick aún está a la espera de los permisos sectoriales y la resolución satisfactoria de los temas fiscales, dijo la compañía a través de un escueto comunicado difundido en marzo último.
Y en mi mente se representó la imagen del Administrador de Rentas como un ser escueto, peludo y rabilargo, que volvía del campo solitario de Zugarramurdi.
Dando tropezones y metiéndome en diferentes cuartos llegué por fin al mío, donde me encontré frente a un hombre escueto, con chaleco de pana y.
Gracia era más bonita, temple delicado, de esos que son infantiles aun después de pasada la tierna edad, quejumbrosa, paliducha, un poco lánguida, las manos no pequeñas, el cuerpo escueto, el cabello del propio color castaño, mas no tan fuerte como el de su hermana, blanca la dentadura, pero de un conjunto menos simétrico, la mirada dulce, amorosa, pasiva.
Patricio Sarmiento desplegando en toda su longitud el escueto cuerpo, y radiante de orgullo.
Desaparecían los cabellos bajo un tocado de tristísimo aspecto, y el cuello, que fue comparado al del cisne por un poeta quejumbrón del tiempo de Comella, era ya delgado, sinuoso y escueto.
En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un dia de los calorosos del verano se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años el uno, y el otro no pasaba de diez y siete: ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados: capa no la tenian, los calzones eran de lienzo, y las medias de carne, bien es verdad que lo enmendaban los zapatos, porque los del uno eran alpargates tan traidos como llevados, y los del otro picados y sin suelas, de manera que mas le servian de cormas, que de zapatos: traia el uno montera verde de cazador, el otro un sombrero sin toquilla, bajo de copa y ancho de falda: a la espalda, y ceñida por los pechos, traia uno una camisa de color de camuza, encerrada y recogida toda en una manga: el otro venia escueto y sin alforjas, puesto que en el seno se le parecia un gran bulto, que a lo que despues pareció, era un cuello de los que llaman valonas almidonadas, almidonado con grasa, y tan deshilado de roto, que todo parecia hilachas: venian en él envueltos y guardados unos naipes de figura ovada, porque de ejercitarlos, se les habian gastado las puntas, y porque durasen mas, se las cercenaron y los dejaron de aquel talle: estaban los dos quemados del sol, las uñas caireladas, y las manos no muy limpias: el uno tenia una media espada, y el otro un cuchillo de cachas amarillas, que los suelen llamar vaqueros.
Teresa me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas, Cascajo se llamó mi padre, y a mí, por ser vuestra mujer, me llaman Teresa Panza, que a buena razón me habían de llamar Teresa Cascajo.
«¡Ay!, en vano la retejo, y la unto, y la froto, y la pinto, esta mujer mía hace agua por todas partes, y el viento de la ira entra en ella por mil agujeros, esta destartalada máquina, inútil para mí, en cuanto legítimo esposo, sirve sólo, y servirá tal vez muchos años, para albergue del espíritu sutil de la discordia y de la contradicción: poca materia necesita el ángel malo para encaramarse en ella como un buitre en una horca, un búho en un torreón escueto y abandonado, y desde su miserable guarida hacerme cruda guerra».
Una cómoda y ancha carretera había sustituido a la escabrosa y angostísima senda antigua, y en lugar de cabalgar sobre el peludo y escueto jamelgo que antes conducía por ella al viajero, tomé un mullido asiento en una de las diligencias que se han establecido entre Torrelavega y la villa de los tres Arzobispos.
Adonis vive aún en el rincón de siempre, pero debajo de una manta, encogido, jadeante y con un estertor perenne, el pelo se le cae a mechones a cada vuelta que se da en la cama, y de aquel rabo ondulante de profusas crines, sólo queda el núcleo escueto y encorvado, que ni siquiera responde con un lento balanceo a las muestras de cariño que de tarde en tarde le consagra Gedeón.
Sentéme al pie de añoso tronco, como dicen los bucólicos, y no en mullida y olorosa alfombra, sino en duro y empedernido banco, a la sombra del escueto Y desgarbado ramaje, porque las tiernas hojas aún dormían arrebujadas en los pliegues entreabiertos de sus yemas.
Jamás salió del valle nativo, y en él fue siempre su principal distracción subir a Carrascosa y sentarse a horcajadas en un escueto peñasco que avanza tres varas sobre el río, y estarse así las horas muertas fumando su pipa y contemplándole deslizarse a cuarenta pies bajo los suyos, o arrojando astillitas al torrente para ver cómo el agua las sorbía en un punto y las escupía más abajo.
Indudablemente, era un árbol, pero uno nada más, tan solitario y escueto en aquella altura, como el Mulhacén lo estaba sobre la Contraviesa.
Luego que Ariamnes le hubo seducido, apartándole del río, le llevó por medio de la llanura, al principio por un camino abierto y cómodo, pero molesto después a causa de los montones de arena y por ser el terreno escueto, falto de agua y tal, que no ofrecía término ninguno donde los sentidos reposasen, de manera que no sólo se fatigaban con la sed y la dificultad de la marcha, sino que lo desconsolado de aquel aspecto causaba aflicción a unos hombres que no veían ni una planta, ni un arroyuelo, ni la falda de un monte, ni hierba que empezase a brotar, sino una vasta planicie que, a manera de la del mar, envolvía al ejército entre arena, con lo que ya empezaron a sospechar del engaño.
Habiendo llegado a un palacio real, que en un país escueto y desnudo de árboles tenía jardines maravillosos y magníficamente adornados, como hiciese frío, permitió a los soldados que cortaran leña en el jardín, echando al suelo árboles, sin perdonar ni al alerce ni al ciprés.

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