Ejemplos con enamorado

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

¿Qué es maremágnum? ¿Qué es el ecuménico de los beligerantes? ¿Quién es el leal de la romana de Sastrea? Me lisonjeo que no has dado a entender que hay un enamorado de mi costilla, que es Ramona, y no romana.
Y ese es el destino cruel del enamorado monstruo, que soy yo, estar petrificado, a una distancia infranqueable de la amada y haciendo gárgaras.
Como los viejucos asilados, y asimismo todos los beatones que acuden allí de visita son, sin excepción, gente magra, cada vez que la hermana de los Dolores ve un hombre gordo, imagina tener ante sí al enamorado y malogrado Novillo, y se siente nuevamente la Felicita de antaño.
¿No marchaban bien sus negocios? ¿No cerraba con regulares ganancias el inventario del año? Pues entonces nada debía negar a su mujer, de la que cada vez se sentía más enamorado, sin duda porque ella correspondía a sus caricias con una frialdad complaciente.
La mamá mostrábase con él amable y cariñosa como jamás la había visto, tenía arranques de lirismo casero, se enternecía reuniendo toda la familia en la mesa, y él, por no contrariarla, permanecía en Burjasot, víctima de las contradicciones de su carácter, tan pronto atraído por la querencia a la cocina, como pensando en Tónica con la dulce nostalgia del enamorado.
Micaela perdonó al señor de Peña esta transgresión de lo pactado, en gracia a su viaje y al regalo del ramo de naranjas, y desde aquel día, el enamorado, sin abusar de la tolerancia, continuó sus visitas.
¿Qué saben las mujeres de negocios? ¿Por qué había de quedarse en la mitad del camino, cuando podía seguir a su principal hasta el paraíso de los millonarios? Enamorado cada vez más de Tónica, le halagaba la idea de casarse inmediatamente, pero este mismo cariño impulsábale a esperar.
Hasta Conchita, a pesar de su carácter iracundo y malhumorado, considerábase dichosa al ver que Roberto volvía al redil , mostrándose más enamorado que antes.
Pronto supe que en todos los corrillos, en todos los mentideros, en cada casa, decían y repetían que estaba yo enamorado, que me bebía los vientos por la hija del acaudalado dueño de Santa Clara.
¡Con razón dicen las gentes que está usted enamorado de Gabriela!exclamó apenada, trémula el labio, húmedos los ojos.
No salía yo a la calle más que a las horas de trabajo, y al volver del despacho me pasaba las horas al lado de la huérfana, cada día más enamorado de ella.
A decir verdad, estaba yo enamorado como un loco.
¡Usted qué ha de decir! Usted la defiende porque ¡vaya! ¡porque está usted enamorado de ella!.
Las Castro Pérez que odian a la señorita Fernández, o Ricardo Tejeda que ha estado muy enamorado de la niña.
Y, preciso es decirlo, aunque nadie lo crea, aunque estas páginas hagan sonreír a los lectores: no estaba yo enamorado de Gabriela, no, mi corazón era de Linilla, de la huérfana tierna y cariñosa, que allá, en un rincón de la Sierra, vivía pensando en mí.
¿No es verdad que está usted enamorado de Linilla?.
Sólo el graznar del borracho o el canto del enamorado turbaban la callada paz de la ciudad histórica.

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