Ejemplos con disciplinazos

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Sólo al mísero escritor entregan férula y palmeta a fin de que vapulee a la sociedad, pero con tal disimulo, que ésta haya de tomar los disciplinazos por caricias, y enmendarse a puros entretenidos azotes.
Un padre nos da disciplinazos, y cuando corra la sangre hemos de besarle las manos.
La hija, herida y maltrecha de los crueles disciplinazos de la madre, miraba a esta desde tierra con el más agrio cariz que puede suponerse.
Y luego me atacan los dos juntos, porque me quejo de la poca variedad de las comidas, o porque no se me dispone toda la ropa blanca que exige mi costumbre de mudarme diariamente, porque hablo de París, o porque sostengo que lo más bello que Dios ha creado es la mujer, porque me río de los que se mortifican y se dan disciplinazos, y sostengo que Dios no nos ha puesto en el mundo para que nos destrocemos las carnes, sino para que nos demos la mejor vida posible y seamos dichosos, porque doy mi ropa en mediano uso al veterinario, al maestro de escuela, o porque me miro un ratito al espejo, porque no quiero arrinconar los retratos de algunas hermosas damas que fueron mis amigas, o por otras mil y mil cosas inocentes, propias de mi edad, de mi hábito noble, de mi condición generosa.
¿de dónde crees que vengo? Pues vengo de la bóveda de San Ginés, adonde voy todas las noches a mortificarme el cuerpo con disciplinazos, por ver si Dios se apiada de mí y me devuelve lo que me quitó, sin duda en castigo de mis grandes pecados.
Doña Clara se curó cuando lo tuvo por conveniente, y se entregó de nuevo a las cosas de la Iglesia, tomándolo tan a pechos, que no había día que no se mortificase con disciplinazos, que se oían desde la calle.
Parecía más natural que al realizarse un prodigio dentro de las paredes de la Humildad, recayese, por ejemplo, en sor Leocadia, que llevaba a raíz de la carne un cilicio de crines de caballo, o en sor Julita, que diariamente trazaba en el suelo del coro cien cruces con la lengua, o en sor Armanda, que se abría a disciplinazos los viernes, o en sor Expectación, que se tendía para que sus hermanas la pisasen.
La hija, herida y maltrecha de los crueles disciplinazos de la madre, miraba a esta desde tierra con el más agrio cariz que puede suponerse.
Dicen que allí el comendador fray Mariano Durán reunió en la sala capitular a todos los padres graves, y que éstos, cirio en mano, trajeron a su escandaloso compañero, al que el Superior aplicó unos cuantos disciplinazos.

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