Ejemplos con contemplamos

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Y ya en el siglo XIX, se decide sustituir el rostro moreno de la Virgen antigua por uno más blanco y sonrosado, que es el hoy contemplamos.
Obdulia y yo recorrimos algunas calles, y en las de Alcalá y Arenal contemplamos las lucecitas balconarias, haciendo de todas ellas recuento y análisis.
Fuera ya de ambas Catedrales, las contemplamos todavía largo tiempo y a cierta distancia, admirando el grandioso golpe de vista que ofrecen juntas y como en anfiteatro sobre la colina en que se asientan.
Todos los jinetes contemplamos el resplandor de las bruñidas corazas, en cuyos petos el sol naciente producía plateados reflejos, y después de mirar aquello sin decir nada, nos miramos unos a otros, como si nos contáramos.
En el Museo de Artillería contemplamos recuerdos agradables o lastimeros de la vida de la Patria, y en el de Historia Natural, mi compañera se deleitó contemplando los fósiles gigantescos y el rico muestrario de la fauna felina, de la ornitológica y de los organismos inferiores.
Aquí se conocen también una a una todas las paginas de vuestra brillante historia, y por ella os contemplamos subiendo hasta la cumbre de la soberanía, en esa tierra que os vio nacer y que os adora porque la librasteis de un ominoso yugo, y os vemos después bajar hasta la humilde condición de súbdito, por vuestra propia voluntad, en el último tercio de la vida, para que la patria se regenere.
Franqueada la puerta de la leyenda, fatal a la esperanza, contemplamos con alegría o tristeza el horror de otro mundo.
Luego nos contemplamos otra vez y de nuevo nos echamos a reír.
Recreábame ya con la idea de llegar a mi casa y ponerlo en las carillas blancas, febrilmente, con esa vehemencia con la cual cogemos un amor nuevo y soñaba, encantado, con poner la última palabra del cuento, releerlo, con esa íntima complacencia con que, después del beso, contemplamos el rostro de la mujer que nos lo ha recibido.
Nada es mentira, amigo Sebo: la verdad se viste con los arreos de lo fabuloso para cautivarnos más, y cuando ve que la contemplamos embobados, suelta la risa, se quita el disfraz y nos dice: «Mentecatos, no soy arte: soy.
Entre este hombre, tal cual ahora le contemplamos, y el que hemos visto en casa de los Rubárcenas, no cabe comparación, si es cierto que en la cara y en las actitudes del cuerpo se revelan las condiciones del alma.

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