Ejemplos con condenada

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Mujer infernal, está usted condenada sin remisión.
¡Gócese usted en su alegría satánica! Está usted condenada sin remisión.
Esta noche, con el mal rato, la condenada asma va a darme qué hacer.
¡Calla, condenada! Cúbrete la cabeza con el manteo, y llora conmigo.
¡Qué poca gracia tienes, condenada! Adeprende cómo se hace un planto.
¡Y todo porque le cuento las burlerías del Demonio Mayor! Los cinco mancebos son hijos de su ciencia condenada.
La fuente de la Reina era el orgullo de toda aquella parte de la huerta, condenada al agua de los pozos y al líquido bermejo y fangoso que corría por las acequias.
De pronto pareció estorbarle la luz y las mató todas de un soplo, luego abrió la ventana de par en par, y la muchedumbre, siempre compacta, de París, lo desafiaba, precipitándose por el bulevar entre torrentes de luz, sin detenerse un momento, sin descansar nunca, como un alma réproba condenada por Dios a una fiesta eterna.
Es esta calle muy corta, y formábanla en aquel tiempo, por la acera de la izquierda, la gran verja del jardín que rodea a un hotel de Recoletos, un solar lleno de escombros y la esquina de una casa de la calle de Serrano, en la cual se abría una puertecilla, al parecer condenada, a la derecha, extendíase primero la fachada lateral de cierto edificio público, seguía luego un hotel suntuoso, y terminaba la acera con otro solar en construcción y la esquina de otra casa de la calle de Serrano, en que no había puerta ninguna.
Jacobo, cansado al fin de dar vueltas, acabando de creer que el asunto todo de los masones era una farsa y la carta de Pérez Cueto un chasco de Carnaval que debía completarla, decidióse a llamar como última prueba a la puertecilla condenada, única que, fuera aparte de la del hotel, había en la calle, los golpes retumbaron en el silencio, y un eco muy extraño, que asustó a Currita, los reprodujo a lo lejos.
¡Oh!, ¡qué mundo, qué mundo aquel tan injusto y tan asqueroso! ¡Con cuánta razón se resistía a entrar en él Lilí, aquel ángel del Señor tan puro y tan bello! Y a este recuerdo, con la rapidez con que se muda la decoración en una comedia de magia, sustituyó en su mente la imagen de la niña al Madrid injusto y asqueroso que provocaba sus iras, y quedaron frente a frente, embargando todo su entendimiento, la celestial figura de Lilí, derramando luz vivísima del cielo, y el montón de lodo repugnante y hediondo, la charca sucia y cenagosa que acababa de formar ella con tanta saña, haciendo examen general de toda su vida Currita creyó ver una cloaca a la pura y rosada luz del alba, creyó ver el infierno a la luz del paraíso y se sintió confundida y se juzgó condenada, porque aquel montón de lodo era ella misma y aquel resplandor de Lilí era la luz de Dios, único criterio de moral, independiente de míseras condescendencias sociales, a que deben de ajustarse los actos humanos.
¿Quiénes me amaban? Dos ancianas que estaban, sin duda, a orillas del sepulcro, un pobre médico, rendido al peso de los años, un buen servidor, un maestro de escuela, enfermo y miserable, una niña desgraciada, huérfana, condenada a padecer.
¿Sabes por qué? Porque nací condenada a padecer, y no me conformo con el cariño de mi papá, que es lo único en que debo fiar.
Nací condenada al infortunio, nací condenada a padecer, y cuanto es para mí felicidad y ventura perece y se malogra.
Y al instante caí ¡Pero si es esa condenada de Fortunata!.
Pero, ¡qué demonio!, siempre la condenada suerte persiguiéndole, porque todos los empleos que le daban eran de lo más antipático que imaginarse puede.
La sopa no había cristiano que la pasara de tanta sal como le echó aquella condenada.
La llave no estaba puesta ¡Peines y peinetas, dónde estará la condenada llave! murmuró con un rugido de hondísimo despecho.
Estaba tan furioso el cura por lo mal que le había salido aquella compostura, y su amor propio de arreglador padecía tanto, que no pudo menos de desahogar su despecho con estas coléricas razones: Pues sépase usted que está condenada, y no le dé vueltas: condenada.
Sabía que la tarasca que le robaba su marido era la misma con quien tuvo amores antes de casarse, la madre del muerto, la condenada Fortunata que le había dado tantas jaquecas.
Por Dios cállese usted no he visto otro caso ¡Qué idea! ¡qué atrevimiento! Está usted condenada.
Yo estaré todo lo condenada que usted quiera pero es mi idea, con esta idea me iré al Infierno, al Cielo o a donde Dios disponga que me vaya Porque eso de que yo sea mala, muy mala, todavía está por ver.
Yo no duermo nada, y sin embargo Pero es preciso vigilar más todavía y no perder de vista ni un momento a mi mujer, a mi tía, a Papitos Esta condenada Papitos es la que abre la puerta, y yo la voy a reventar.
¡Demonio de neurosis o lo que sea! Yo, que después de darle la vuelta a la me iba del tirón a friolera, como diez veces el paseo de hoy yo que llegaba a mi casa dispuesto a andar otro tanto, ahora me siento fatigado a la mitad de esta condenada calle de Alcalá ¡Tal vez consista en estos endiablados pisos, en este repecho insoportable! Esta es la capital de las setecientas colinas.
¡Perra, perra, condenada, a ver si nos das pronto de cenar, o te deshago! ¡A levantarse o te levanto con la escopeta!.
La condenada acudía al olor de la leche, y valió que le dio idea de esconderse en el chapeo, que las intenciones bien se las conocí.
Ramos, va a entrar por la puerta condenada de la huerta.
No digo eso respondió Sancho, sino que es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza.

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