Ejemplos con bohardilla

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Tomín fue más previsor: a pesar de hallarse herido de arma blanca en una pierna, de arma de fuego en un brazo, escapó por la bohardilla al tejado vecino, pudiendo descolgarse de un modo casi milagroso al patio de una posada de la Cava Baja.
Felizmente, Zoilo consiguió ganar el tejado, y poniéndose panza abajo en el alero, logró coger de manos de sus camaradas las materias combustibles y arrojarlas por una bohardilla medio deshecha, todo con tal rapidez y habilidad, que cuando acudieron los carlistas ya estaba él descolgándose por un canalón, en el cual no pudo realizar todo el descenso porque se desprendió la mohosa hojalata, y con ella vino guarda abajo el animoso chico.
Dimas!—Vivísteis en bohardilla por ahorrar dinero, y este dinero paga hoy un cuarto principal en que habita vuestro sobrino.
En el principal vivía, al comenzar este relato, un pañero, contratista de vestuario de presidios, en cuyos tratos, por quedar clavado, hacía de redentor el fisco, ocupaba el segundo un sastre de gente chula, que era además teniente de , como entonces se llamaba a los milicianos nacionales, y se recogía de noche en la bohardilla un matrimonio, sospechado de no serlo, que pasaba el día en los soportales de la calle de Toledo labrando cucharas de palo y vigilando un puesto en que se vendían ligas, bolsillos de punto, castañuelas, navajas y tinteros de cuerno.
El señor duque se destrozó una pierna contra la reja de una bohardilla, y yo resbalé por las tejas.
Denuncian un conspirador hereje en tal o cual bohardilla, vamos allá, y resulta un ex-abate hambriento que compone villancicos y romances para los ciegos.
La ventaja adquirida en una pieza, perdíanla los imperiales en otra, la acción trabada en la bohardilla descendía peldaño por peldaño hasta el sótano, y allí se remataba al arma blanca, con ventaja siempre para los paisanos.
Vaya usía ahora mismo con disimulo al patio de los convalecientes, y verá que desde el piso tercero del monasterio echan cartas a la bohardilla valiéndose de unas larguísimas cañas.
El infeliz Carnicero no vio nada de esto, librándose así de una impresión horrorosa, no oyó tampoco el estruendo de las alimañas en el techo, retirándose al través de los tabiques y haciendo saltar bajo su paso débil innumerables pedazos de yeso, no pudo ver cómo cayó de pronto enorme porción de cascote en medio del pasillo, ni cómo algunos de los puntales se movieron y otros se rompieron cediendo al fin al peso de la techumbre podrida, no vio la primera oscilación de esta sobre la sala, ni la inclinación del tabique medianero, ni el vacilar de los de carga, ni la pavorosa lentitud con que las vigas del tejado cayeron sobre las del techo plano, aplastando la bohardilla como un bizcocho, ni oyó los crujidos de las maderas resistiendo todo lo posible el peso, ni el quebrantamiento de algunos tabiques, ni el cuartearse de los yesos, salpicando chinitas menudas que luego fueron piedras, ni vio desprenderse polvo de las alturas, precediendo a una lluvia de cal que luego fue pedrisco de guijarros, ni presenció la desviación de la pared maestra, que empezó haciendo una cortesía a la pared frontera por la calle del Duque de Alba, y luego se rompió por las ventanas y en la parte más frágil.
Rodriguín indicó por señas a los chicos que iba a entrar por el hueco de la bohardilla, con lo que ambos se asustaron y huyeron adentro.
Sola había cedido gratuitamente la bohardilla de la casa a las señoras de Porreño, en quienes la rancia nobleza no fue parte a poner un dique a la invasora miseria.
El portero, morador de la bohardilla, era de seguro quien subía a comerse su pucherete.
Es un canto deleitoso y férvido a la par, entonado por una poetisa española que recuerda con envidia la bohardilla madrileña en que vivió, cuando ve, desde su casa de Moscow, el eterno encaje de la nieve bordando la ropa del árbol y obstruyendo el rumoroso curso del arroyo.
Ha salvado a la Bompard la cortesía de la guillotina moderna: todo el París que descolgó de una bohardilla el cadáver de una infeliz mujer y lo acompañó triunfalmente el cementerio, porque era el de la viuda de Enrique Heine, del ruiseñor alemán que, según la frase de un escritor, hizo nido en la peluca de Voltaire.
Tratábamos una mañana Segis y yo de esta interesante y hasta cierto punto divertida mudanza, cuando se llegó a nosotros la Condesa de Casa Pampliega cargada con un rimero de polvorientos librotes, que puso sobre un velador, diciendo: «Mi marido, que en gloria esté, heredó de su hermano Ramón la mar de libros viejos que yo he conservado largo tiempo en la bohardilla, entre los montones de trastos inservibles.
Una noche, tres soldados se alojaron en el edificio y lo recorrieron desde la bohardilla hasta el sótano.


Poetisa del día

Poeta del día

© Todos los derechos reservados Buscapalabra.com

Ariiba