Ejemplos con banqueta

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Posee un territorio montañoso, sus principales elevaciones son los cerros: el Membrillo, el Rincón Pilitas, el Duraznillo, San Pablo, el Platanito, San Antonio, la Banqueta, la Pachona, la Joya, la Mesa Prieta, los Barbechos, así como la sierra de Bagres.
Su ubica sobre la plataforma o banqueta, es decir, prácticamente a nivel del suelo.
Introduciendo el uso de una pequeña banqueta para apoyar la pierna sobre la que reposa la guitarra, alcanzando la altura ideal para la ejecución.
Fue a instancias de Claudio Arrau que retornó a la banqueta del piano.
Se puede, sin embargo, apreciar con bastante detalle desde la banqueta elevada de la avenida Periférico.
Finalmente, podía tener una banqueta trasera de tres plazas.
En el centro, existía una banqueta central de dos o tres plazas.
Delante, podía incorporar dos asientos individuales o una banqueta de tres plazas.
Dentro del círculo de la voluta se representa un relieve calado con dos figuras masculinas, una con barba sentado en un banco y apoyando los pies sobre una banqueta, delante suyo se encuentra otro hombre semi-arrodillado sobre la cabeza de la serpiente, imberbe, los dos personajes tiene un sombrero semiesférico y se encuentran enfrentados.
Entre otras diferencias, el xB tiene dos asientos delanteros individuales, mientras que el bB tiene un asiento de tipo banqueta.
Dos Tipos de Cuidado Se Trata de Dos Personas que Dicen Cuidado en la Banqueta.
Se vendía como cuatro plazas, pero se podía hacer bi-plaza quitando la banqueta trasera.
Necesitaba el rincón más obscuro, la banqueta más oculta, para disimular por unos minutos su emoción.
Había enmudecido el piano, pero la alemana continuaba en la banqueta, revolviendo las hojas de las partituras y escuchando a Fernando, que, acodado en la tapa del instrumento, la hablaba de cerca.
Y volvemos ahora al pie de la magnolia, cuando ya llevaba días de sucedido todo esto, y Sol estaba en una banqueta a los pies de Lucía, sentada en un sillón de hierro.
A los pies de Lucía, en una banqueta, con los brazos cruzados sobre las rodillas de la niña, ¿quién es la que está sentada, y la mira con largas miradas, que se entran por el alma como reinas hermosas que van a buscar en ella su aposento, y a quedarse en ella, y la deja jugar con su cabeza, cuya cabellera castaña destrenza y revuelve, y alisa luego hacia arriba con mucho cuidado, de modo que se le vea el noble cuello? A los pies de Lucía está Sol del Valle.
Doña Andrea estaba sentada en una banqueta a sus pies, y, lo miraba con los ojos secos, y crecidos, y le tenía las manos.
De buena gana hubieran golpeado aquel paquete inerte que sollozaba encogido en la banqueta.
Dentro del casino encontró al tendido en una banqueta, envuelto en una manta, sudoroso y pálido, con el aspecto de un niño poseído de terror.
Sentóse en una banqueta frente a la mampara que lleva a las habitaciones regias, a fin de esperar que la reina la llamase o alguien saliese, mas la excitación nerviosa no la dejaba sosegar un momento, y levantóse al punto para asomarse a uno de los balcones y mirar a la plaza de la Armería, púsose luego a arreglarse los ricitos de la frente ante uno de los magníficos espejos y reparó entonces en el soberbio retrato de Alfonso XII, pintado por Casado, que habían colocado allí la víspera y se destacaba sobre la rica tapicería de seda granate con grandes flores amarillas, con todo el esplendor de una obra maestra.
Mientras tanto, Fritz y la casera acudían al caído en el momento en que, desembarazándose este del que le envolvía y sentándose en el suelo, dejaba ver la granujienta faz de Diógenes, azorada, reflejando todavía la colosal borrachera que se había tomado la víspera, mirando a todas partes con aire de extrañeza, sin acertar a explicarse cómo, habiéndose dormido en lo alto de una banqueta del , despertaba sentado en el suelo en mitad de un camino.
A un grito de Tom Sickles fustigó Jacobo los caballos bárbaramente, azuzólos Fritz dando voces y el coche arrancó al fin crujiendo, bamboleándose un momento hacia el precipicio, dando, al entrar en la carretera, un vaivén violentísimo, que despidió al hombre dormido desde lo alto de su banqueta en mitad del camino, donde cayó inerte y pesado cual una piedra de diez arrobas, mientras el coche desaparecía entre una gran polvareda por el declive de la cuesta y seguía corriendo hasta llegar frente de Oiquina, donde pudo al fin Jacobo detener el tiro a la sombra de unas higueras, cubierto de polvo, sudoroso, jadeante Ya era tiempo: el roble, descuajado por completo, cayó a lo largo del violento repecho del camino, quedando suspendido sobre el precipicio por algunas raíces.
En la última banqueta de detrás, tendido cual una masa inerte, iba un hombre cubierto con un de señora, que los rayos del sol recalentaban: bamboleábase con grave riesgo de caer a los movimientos del coche y roncaba con esa especie de ruido asmático, propio de los borrachos viejos cuando duermen la mona.
Rechinaba sin cesar el torno, bajando o subiendo la plancha, y en la banqueta más alta del elegante chillaba Leopoldina Pastor como una desesperada, gritando que aquellos indecentes caballos iban a despeñarla por la montaña abajo Sentado a su lado, el tío Frasquito, con un finísimo pañuelo prendido en su sombrero de paja para preservar de los ardores del sol la blancura de su cutis, miraba con gesto de susto lo profundo del precipicio y agarrábase a cada vaivén del coche a los hierros del asiento, gritando angustiado:.
En lo interior había muchas estampitas de cajas de fósforos pegadas con pan mascado a un biombo que hacía de pared, un hornillo de barro puesto sobre una banqueta de piano que conservaba restos de damasco amarillo, y un cofre sin tapa lleno de suelas de calzado que despedía un hedor insufrible.
Juan cerró con tiento, y no por estudiada osadía, como en otros tiempos, sino por sincero e irresistible impulso, cogiendo con fuerza las manos de Cristeta, la empujó hacia atrás, sentándola en la banqueta del antepalco, y en seguida, alzando hasta su boca las manos deseadas, despacio, tembloroso, casi con respeto, se las besó, seguro de que no podían ser vistos, mientras ella, al través de la cabritilla, sintió algo que la quemaba dulcemente.
Acostarme yo, yo cuando tengo que contarte tantas cosas, !añadió Santa Cruz, que cansado ya de estar de rodillas, había cogido una banqueta para sentarse a los pies de su mujer.
Sentose un momento en una banqueta que le ofrecieron, porque estaba cansada, pero sintiéndose molesta por las preguntas impertinentes de las amigas de su tía, subió al cuarto que debía de ser su albergue hasta sabe Dios cuándo.
Fortunata estaba en pie, delante de él, y luego se sentó en una banqueta, fijando los ojos en su amante, como en expectativa de algo muy grave que de él esperaba oír.
Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada , que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa hacía experimentos con una banqueta de zapatero.

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