Ejemplos con adoradores

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

En los ábsides de las naves laterales, en cada una, hay un vitral que representa Ángeles adoradores.
Se sabe que Samhain, la celebración céltica de la cosecha conducida alguna vez alrededor de noviembre, era una parte importante del año para los adoradores de Crom Dubh, quienes creían que el era quien traía las buenas cosechas.
Esta actitud era una relativa novedad, aun dentro de la ferocidad de las guerras mesopotámicas, pues hasta entonces, los asirios habían distinguido entre el poder secular enemigo, y las ciudades santas y los dioses babilonios, que contaban con numerosos adoradores entre su propio pueblo, y que eran normalmente respetados.
Los adoradores de Ala, una deidad igbo femenina, es la única deidad que es común a todos los igbos, y no tienen ekwensu en la totalidad de su vocabulario de los ritos y rituales.
En esta entrega, el rol de Alucard es un tanto diferente que en CAoS debido a que esta vez trata de mantener a Cruz alejado de una secta de adoradores de el Dark Lord y que quieren traerlo de regreso sacrificando a Soma Cruz.
adoradores y propagadores del amor de Cristo, presididos uno por la Virgen María y el otro por San Juan Evangelista.
Ha escrito varios libros cristianos tales como El Abrazo del Padre, Generación de Adoradores.
Se dice que en el pasado los adoradores de Kali le ofrecían sacrificios humanos en este templo, en la actualidad se hace con sangre de cabras.
La gran mayoría era de hombres fervientes adoradores de Thor que huían de Noruega, del reinado de Haraldr Hárfagri.
Paine critica las tiránicas acciones de la Iglesia, como había criticado a los gobiernos en Los derechos del hombre y El sentido común, argumentando que la teoría cristiana es poco más que la idolatría de los antiguos adoradores de mitos, acomodada al poder y sus beneficios.
Tiene pocos adoradores pero ellos la aman incondicionalmente.
Existen un enorme número de dioses, organizados en diversos panteones politeístas y un gran número de productos de juego han detallado a los propios dioses, a sus iglesias o a sus adoradores, unos en mayor medida que otros.
Tras la vuelta de los dioses a sus reinos extraplanarios, Ao decretó que el poder de cada dios procederá en parte del número y fervor de sus adoradores: dicho de otro modo, que los dioses no podían dejar de lado a sus discípulos si no querían perder parte de su poder.
En el libro los calormenos son presentados de manera algo despectiva y como adoradores de un falso dios: Tash, que de algún modo hace alegoría a una rivalidad entre el Cristianismo y el Islam.
Tendría unos diez años, por lo que los funcionarios maquinaron para anular todas las reformas anteriores, de tal forma que a los cuatro o cinco años de reinado ya habían cambiado sus nombres por Tutanjamón y Anjesenamón: de adoradores de Atón a seguidores del dios Amón.
El caos, no es un reino propiamente dicho, sino distintos pueblos del norte y sur del planeta, los adoradores del caos están convencidos de que deben conquistar para sus dioses, y no ven la muerte como el final, se esfuerzan por atraer la mirada de sus dioses y así sus favores.
Los servidores del caos son numerosos en tipos, desde salvajes barbaros hasta unidades de grandes armaduras que viven pera la guerra, y de grandes variedades étnicas, pero rara vez superan a sus enemigos con ellos, así pues los adoradores del caos se basan en su gran fuerza más que en su número.
Las tropas regulares de este grupo lo forman los fanáticos monjes de plaga, adoradores de la Rata Cornuda en su Avatar de Transmisora de Enfermedades.
Al este del Viejo Mundo, más allá de las Montañas del Fin del Fin del Mundo, se alzan las fortalezas de Obsidiana donde residen los malignos adoradores de Hashut, el Dios Toro y Padre de la Oscuridad.
Eran adoradores de la gloria militar, consideraban la guerra necesaria para la vida, y sin embargo se lamentaban de los sufrimientos que les proporcionaba.
Uno de los adoradores se inclinó ofreciéndole la llama de un fósforo.
Y señalaba un jovencito moreno, subido de color, sentado entre los adoradores de Nélida.
Pero intervienen los adoradores de la hermana, amigos que le dan champán y buenos cigarros, y acaba por ausentarse, hasta que se tropieza con la madre, que le riñe por haber olvidado sus deberes.
Por algo habían florecido en las islas mediterráneas los pueblos adoradores de Afrodita, que hicieron vibrar todas las cuerdas del arpa de la voluptuosidad, por algo se habían elevado en las costas las blancas columnatas de los santuarios de amor, con sus rebaños de cortesanas sagradas, por algo los poetas sacerdotales habían hecho nacer a Venus de la espuma de las olas.
También él permanecía invisible, y lo mismo Nélida con su escolta de adoradores.
Los adoradores de Terpsícore, mientras bailaban la habanera lánguida, podían distraerse leyendo en ellos una porción de inestimables consejos encaminados a demostrar que la virtud y el trabajo son los verdaderos tesoros del niño: Y allá en el fondo, sobre la mesa del maestro, la imagen de Cristo crucificado, ¡oh vilipendio! tapada con una cortina de seda, presidía aquellas habaneras voluptuosas y furibundas polkas.
¡Y el doctor Aresti, amado por Sánchez Morueta con un afecto doble de padre y de hermano, se empeñaba en vivir fuera de su protección, más allá de la lluvia de oro que parecía caer de su mirada y que hacía que los hombres se agolpasen en torno de él, con la furia brutal de la codicia, obligándolo a aislarse, a permanecer invisible, para no perecer bajo el formidable empujón de los adoradores! La única merced que el médico había solicitado de su poderoso pariente, era el establecimiento en la cuenca minera de un hospital para los trabajadores que antes perecían faltos de auxilio en los accidentes de las canteras.
Comprendo el encanto que ejerce el Emperador sobre los caracteres estacionarios, adoradores del pasado.
Las burguesas de exuberantes carnes y respiración angustiosa dejábanse caer en los mullidos sillones, fatigadas por tan largo plantón, mientras las niñas correteaban o volvían como distraídas a los balcones, para ver si en la obscura plaza, perfumada de incienso, permanecía aún el grupito de adoradores.
—¡La Vizcondesa estaba anoche en !!!—se dicen al oido sus adoradores, llevándose las manos a la cabeza, sin que lo vea el marido.

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