Ejemplos con acusadores

Muchas veces la mejor manera de entender el significado de una palabra, es leer textos donde aparece dicha palabra. Por ese motivo te ofrecemos innumerables ejemplos extraidos de textos españoles seleccionados.

Entre los israelistas, la sentencia de muerte se ejecutaba por todo el pueblo, por los acusadores y por los parientes del interfecto y aun a veces por los mismos jueces.
Según la decisión del alto tribunal en el caso Hamdi, se puede despojar de su libertad a un ciudadano estadounidense y detenerlo durante años en función de un testimonio poco fiable de unos acusadores sin rostro, sin pruebas más allá de una duda razonable y sin juicio con jurado.
La confesión dio origen a una agitada actividad por parte de la defensa y los fiscales acusadores, los que se involucraron en el juicio original, incluyendo entrevistas con Toole y Lucas.
Abadía de Sant'Antimo: se encuentran la obra del maestro en un capitel situado en el interior de la nave de la abadía, representando a Daniel en la fosa de los leones donde se observa, por un lado a Daniel en actitud de oración en medio a los leones hambrientos, por otro los leones que despedazan a los acusadores.
Por un lado vemos a Daniel en actitud de oración en medio a los leones hambrientos, por otro los leones que despedazan a los acusadores.
Esta vez, el gobernador actuó con decisión y en un juicio falló en contra de la mala conducta de sus hombres y el soldado culpable fue decapitado en presencia de sus acusadores.
En Eutifrón, Platón describe a Meleto como el más joven de los tres acusadores, con pico, y cabello lacio y largo, y con barba mal crecida.
Durante las primeras tres horas del juicio, cada uno de los tres acusadores se puso de pie en el tribunal ubicado en el centro de Atenas para pronunciar ante el jurado sus discursos ya preparados de antemano en contra de Sócrates.
El director Spike Lee parece tener tantos acusadores como admiradores.
Entonces, Dios castigó a dos de los acusadores según las afirmaciones que habían hecho, muriendo los dos primeros y el tercero, reconoció su falta, quedando ciego de tantas lágrimas como derramó.
Las acusaciones eran apoyadas solo con el testimonio de los acusadores.
La misión era supuestamente culpar definitivamente a Dreyfus, puesto que según sus acusadores, se lo designaba por las iniciales de su nombre.
Sus acusadores indican que poco antes de finalizar su mandato Rodriguez permitió que estos misiles fueran enviados a Estados Unidos por el ministro de Defensa, Gonzalo Méndez.
Se dedicó a defender esa zona, y sus soldados, asustados por la firmeza de su disciplina, lo acusaron de abuso de autoridad, no fue castigado, y tampoco castigó a sus acusadores.
Los condenados no hacen caso de sus acusadores por que la guerra está a punto de acabar, y además como prisioneros que son no tienen armas.
Entretanto, ¿era el noble afán de purgar aquella atmósfera de ciertas impurezas lo que movía a los acusadores a descubrir tales gatuperios? No por cierto: era siempre el espíritu de partido, o mejor, el odio de , pues frecuentemente se promovían estos edificantes debates entre dos agrupaciones que, juntas y en amigable inteligencia, habían saboreado poco antes las dulzuras del presupuesto.
Castillejo es mejicano y sus acusadores también.
Los datos relativos a la vida de Zakunine y de la Natzichet proporcionaban argumentos, tanto a los acusadores como a los defensores, para insistir en sus opiniones.
¿Cómo acordar crédito a una acusación que no podía precisarse? Sostener que los dos juntos habían muerto a la Condesa no parecía posible y sólo algunos acusadores encarnizados en su odio a los revolucionarios, decían que los dos habían podido ponerse de acuerdo en el proyecto homicida.
Pero era tanta la maldad que había de admitir en ambos para sostener esta hipótesis, que pocos creían en ella, y la mayor parte de los acusadores reconocían que había que dirigir los tiros contra el uno o contra la otra, no contra ambos.
¡Qué base para nuestra felicidad! De mi entrevista con aquella mujer saqué el convencimiento de que no mentía: la índole y el carácter de Pepe servían de acusadores contra él, además quise ponerle en al trance de que confesase y lo conseguí.
Diariamente daba noticias a los suyos de cuanto en el reñidero de la Plaza de Oriente iba pasando: los discursos terribles de los acusadores, la defensa de Cortina y la que de sí propio hizo el supuesto delincuente.
Andaban los procuradores mostrando en sus pasos y colores las cuentas que tenían que dar de sus encomendados, y los verdugos repasando sus copias, tarjas y procesos, al fin todos los defensores estaban de la parte de adentro y los acusadores de la de afuera.
¡Jesuitas!, se os ha condenado a muerte, y ya en opinión y juicio de vuestros acusadores, sois infaliblemente conducidos al patíbulo.
Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diziendo que non era cavallero, desque mostró el testimonio que traía, non lo podieron desechar.
::¡Ven amigo! ¡Seamos lo bastante generosos para dar la razón a nuestros enemigos, y ya que sospechan una cosa, hagámosla siquiera una vez! ¡Después nos arrepentiremos, si te parece! ¡Ven amigo dócil, a trabajar conmigo para dejar en paz la conciencia de nuestros acusadores!.
Entre tanto, ¿era el noble afán de purgar aquella atmósfera de ciertas impurezas lo que movía a los acusadores a descubrir tales gatuperios? -No por cierto: era siempre el espíritu de partido, o mejor, el odio de partida, pues frecuentemente se promovían estos edificantes debates entre dos agrupaciones que, juntas y en amigable inteligencia, habían saboreado poco antes las dulzuras del presupuesto.
Efectivamente, después de un corto alboroto y de algún oleaje y vaivenes entre la gente, un montañés con su coleto largo y destazado, sus abarcas y su cuchillo de monte al lado, saltó como un gamo en el recinto destinado a los acusados, acusadores y testigos.
Así pues, su declaración en que tanto resaltaba la generosidad de don Álvaro, y la efusión con que contó los prontos socorros que había recibido de Saldaña y de todos los caballeros, hicieron una impresión tan favorable en el ánimo de los padres, que los acusadores de Saldaña no sólo enmudecieron, sino que corridos y avergonzados no sabían cómo dejar el tribunal.
¡Con tan desdeñosa compasión y tal aire de superioridad e indiferencia trató el escéptico romano a JESUCRISTO y a sus acusadores! ¡Tan pueril debió de parecerle aquella pugna de dos religiones, a él, que de seguro no creía en ninguna y que cuando preguntaba «¿Qué cosa es verdad?», volvía la espalda sin aguardar la respuesta, sin considerarla posible!.

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